Redacción Animal Político · 17 de octubre de 2025
En un motor de búsqueda ampliamente usado en internet, me dispuse a teclear: “el lugar de las mujeres”. El resultado que arrojó el buscador en la sección de inteligencia artificial generativa comenzaba así: “El lugar de las mujeres en la sociedad y en la historia ha sido objeto de análisis y debate”.
Con cierta distancia a la respuesta de la inteligencia artificial, mi invitación en esta ocasión es a participar en el análisis, pero sobre todo, en la defensa del lugar de las mujeres en tiempos de la #ParidadEnTodo en México.
Cuando eres de las primeras mujeres en cualquier ámbito, basta mirar hacia atrás —con perspectiva de género— para entender la lucha histórica y colectiva que otras muchas mujeres han enfrentado con persistencia, creatividad y argumentos sólidos para acceder a cada espacio negado.
Basta también mirar a los lados para notar que nuestras compañeras pioneras enfrentan los mismos retos y resistencias y que, en conjunto, seguimos siendo percibidas como intrusas del espacio.
Y basta mirar al frente para notar que aún queda un largo camino por recorrer, aunque también motivos para celebrar los avances colectivos y disfrutar, en la medida de lo posible, la experiencia de ser pionera.
Empatizar con las primeras mujeres de cualquier ámbito suele ser una tarea difícil para la sociedad, sobre todo cuando se trata de espacios a los que las mujeres accedimos recientemente. La política formal es uno de los más nuevos en México. Por eso, al escribir este texto me pregunté: ¿cómo transmitir la importancia del lugar en el que estamos ahora mismo? Y ¿cómo nos sentimos las integrantes de la primera generación masiva de mujeres en política?
El reto es doblemente complejo, porque la política no solo es un espacio nuevo para las mexicanas, sino que además es un lugar desacreditado, genera desconfianza y poco interés en la ciudadanía. En general, aborrecemos la política y todo lo relacionado con ella.
No me malinterpreten: no vengo a defender la política mexicana. Vengo a poner en perspectiva el recorrido que hemos hecho las mujeres para llegar a ese espacio, y a compartir algunos aprendizajes que me dejó el ocupar la política en tiempos de la paridad en todo.
En los primeros años del México Independiente, las primeras sufragistas mexicanas pidieron al Congreso —que redactaría la primera Constitución Mexicana— que se hiciera explícita la participación de las mujeres en la Independencia y que se les reconociera como ciudadanas. Aquel Congreso, conformado únicamente por hombres, ignoró esas demandas. Lo mismo harían las generaciones posteriores de hombres en la política durante más de un siglo.
Las mexicanas acumulamos 130 años de reflexiones, exigencias, desilusiones, violencias, esperanza, organización y difusión de ideas. Finalmente, en 1953, cuando muchas de nuestras abuelas eran niñas, se reconoció en la Constitución el derecho de las mujeres a votar y ser votadas.
En la práctica, ejercimos masivamente nuestro voto por primera vez en las elecciones de 1955. Sin embargo, el derecho a ser votadas tardó 65 años más en materializarse plenamente. Fue hasta 2018 cuando la mitad del Senado y casi la mitad de la Cámara Baja se conformaron por mujeres.
La lucha por los derechos políticos no se agotó con la paridad numérica en el Congreso. Hoy se aspira a que la mitad de los espacios de toma de decisión pública sean ocupados por mujeres, en igualdad de condiciones, de poder y libres de violencia.
Esa aspiración ha implicado un intenso activismo de mujeres de distintos sectores organizadas en red, que en los últimos seis años lograron la paridad en los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), en todos los niveles (federal, estatal y municipal) y en los organismos autónomos; y sentaron los primeros cimientos para erradicar la violencia política contra las mujeres.
El logro de la #ParidadEnTodo inspiró a muchas mujeres a participar en la política electoral y a ocupar los espacios de toma de decisión que habíamos exigido desde que existe país. La paridad en todo permitió que en el año 2021, se integrara la primera generación masiva de mujeres en la política.
1. Defensa y relevos. Uno de los principales legados de las sufragistas mexicanas es que los derechos políticos de las mujeres deben defenderse constantemente. Aunque muchas aborrecemos la política, es innegable que desde ese espacio se detonan transformaciones estructurales. Y las mujeres tenemos derecho a estar en todos los puestos de toma de decisión pública. Con orgullo, les comparto que la primera generación masiva de mujeres en política fuimos actoras clave para avanzar algunos tramos de la agenda feminista y del movimiento amplio de mujeres. Tuvimos claridad en nuestra agenda: combatir la violencia feminicida, fortalecer la igualdad sustantiva y avanzar en garantizar todos los derechos para todas las personas. Pero para profundizar en estos avances se requiere la entrega de muchas generaciones más, de mujeres y de hombres en política que se comprometan con estas causas. La naturaleza efímera de un puesto público hace necesario asegurar relevos con la convicción de alcanzar un mundo más justo, pacífico e igualitario.
2. El “precipicio de cristal”. Con la llegada masiva de las mujeres a la política formal en México se confirmó lo que las feministas de otras regiones del mundo habían observado: el “precipicio de cristal”. Este concepto alude a la tendencia de que las mujeres asumen liderazgos de empresas o gobiernos sólo cuando enfrentan una crisis derivada de años de malas gestiones de hombres en el poder. Mi generación llegó al poder en ese escenario: la ciudadanía esperaba (y sigue esperando) que las mujeres en política subsanaran décadas de malas gestiones cometidas por los hombres. Participar políticamente en medio de una crisis democrática crónica significa, simple y llanamente, tener menos probabilidad de éxito. Con esto no se busca negar nuestra capacidad de agencia ni de evadir la rendición de cuentas. Pero sí de reconocer que a las mujeres en política se nos exige resultados extraordinarios, mientras que a los hombres rara vez se les pide responder en la misma medida.
3. Reconocernos con poder. Este ha sido quizá el aprendizaje más íntimo, intenso y transformador. Imaginen: de un día para otro, muchas mujeres nos descubrimos con poder político por primera vez. La mejor forma de explicarlo es recordar a Peter Parker cuando descubre sus superpoderes. De pronto puede lanzar telarañas; escalar muros y percibir amenazas. Al principio atraviesa una curva de aprendizaje para entender y controlar su poder. Algo similar nos ocurrió: tuvimos que aprender a conocernos y gestionar nuestro poder político. Esa transformación nos llevó a distintos caminos. Algunas dejamos de reconocernos entre nosotras. ¿Por qué? Porque algunas nos mimetizamos con el sistema tradicional para sobrevivir; otras evitamos construir alianzas incómodas; y muchas dejamos de escucharnos y no nos permitimos una retroalimentación franca sobre cómo percibíamos a las otras ejerciendo su poder. Para muchas, ejercer poder político por primera vez afectó nuestras redes personales, nuestras redes profesionales y nuestra propia salud. Algunas perdimos buenas amigas; atravesamos rupturas, perdimos compañeras de causas sociales; descuidamos nuestra salud física o mental; o pasamos mucho menos tiempo con nuestras familias. Estas experiencias comunes revelan que participar en la política formal tiene altos costos personales y colectivos para las mujeres. Tenemos que hablar más de eso.
4. ¿Qué hacer después de gobernar? Al concluir con el ritmo intenso de gobernar, comprendí que es necesario darnos un tiempo para reconectar con el ser, agradecer la oportunidad de servir, hacer un recuento de los daños y reinventarse. Reinventarse puede implicar hacer una pausa, bajar el ritmo y atravesar un proceso de prueba y error. Este camino requiere respeto, paciencia y comprensión de parte de nuestra red afectiva y de parte de la ciudadanía que en su momento representamos. En otras palabras, el proceso de reinvención de tantas políticas que cerramos una etapa de gobierno en tiempos de la #ParidadEnTodo requiere que no se nos etiquete ni se nos cancele, sino que se nos permita encontrar respuesta a una pregunta profunda: ¿qué voy a hacer después de gobernar?
En lo personal, yo no he dejado de identificarme como política y, aunque he decidido tomar una pausa de la política formal, me mantengo activa desde Aúna México, una plataforma que impulsa liderazgos de mujeres en política y una agenda feminista. Además, actualmente estoy enfocada en incidir desde emprendimientos de impacto en la agenda de sostenibilidad.
Cada una escribirá el siguiente capítulo de su historia; habrá quienes no quieran regresar a la política, por ahora o nunca. Habrá quienes hayan asumido un nuevo cargo o quienes hayan sido reelectas en el mismo cargo; o quienes todavía no sepan qué quieren hacer. Lo que cada una decida estará bien.
El lugar de las mujeres en la sociedad y en la historia ha sido objeto de análisis y debate. Pero las mujeres hemos luchado por algo más: por el poder de elegir nosotras mismas cuál es ese lugar. Hoy seguimos luchando por elegir nuestro lugar después de gobernar, en tiempos de la paridad en todo.
* Angélica Maldonado (@angiemaldona) es política y emprendedora de impacto. Fundadora de Mamás, consultoras & asociadas/os. Pensando, haciendo y criando el futuro. Cofundadora de Syntropia.