El ladrón de bicicletas

Marco Cancino · 10 de noviembre de 2011

El ladrón de bicicletas

‘- Güera, ¿te has dado cuenta que no he prendido el mamocel todo este tiempo que llevamos en la playa?

– Sí Magco, la vegdad me tienes sogpgendida. Ya hasta pensé que egas ese homgue del que me enamogué aquí mismo en Mazunte hace… ¿once años?

– Pues ya ves güera, para que veas que aún te puedo sorprender. Pero deja checo de volada si no tengo mensajes.

-¿Ya ves Magco, no te digo? Nomás te dice uno que egues magavilloso y luego, luego echas a pegdeg todo. Me cae que no cambias.

– Aguántame güera, nomás lo checo rápido y listo. Además no cambio, evoluciono.

Enciendo mi celular y de pronto entra una llamada, como diría mi abuela: “nomás me huelen”.

– No me digas que te están llamando. ¿Cómo diablos saben que acabas de pgendeg esa pogqueguía?

– Pues no sé, ya ves, uno que no puede dejar tantito el Defectuoso, porque luego, luego les hace falta, jeje. Es el de la obra de al lado del edificio. ¿Qué querrá?

– ¿Bueno? ¿Marco Cancino?

– Rosita la Florecita, servicio de lavandería (contesto yo nomás para ver cómo reacciona el cuatito).

– ¿No estoy hablando al número de Marco Cancino?

– Sí, soy yo, ¿cómo estás, qué pasó?

– Perdona que te moleste, pero te marco para decirte que a la vecina del departamento dos de tu edificio, le robaron su bicicleta.

– ¿Y? Yo siempre le he dicho que la encadene y siempre se molesta y de todas maneras casi nunca lo hace. ¿Y qué dice?

– Pues nos está echando la culpa, dice que mi gente se la robó.

– ¿Y le consta? ¿Qué les dijo?

– Pues se puso bastante grosera y dice que va a levantar un acta por robo al ministerio público, que tiene un “amigo” que sabe de eso.

– Creo que ha de ser el mismo amigo que el mío, porque también dice que sabe de “eso”, jeje.

– Bueno, me preocupa mi gente, que vengan los policías y se los lleven.

– ¿Crees que se tomarán las molestias de investigar el robo de una bicicleta? Si todavía no saben de quién diablos era la osamenta de la finca El Encanto.

– ¿Qué? No lo sé, pero yo no puedo arriesgar a mi gente y la verdad, se puso bastante pesada y armó un desmadre ya acá en la obra.

– Bueno, dile que nos vemos el jueves a las once de la mañana para ver qué onda con lo de su bicicleta, pero que mientras, serena, morena.

– Ok, yo le digo, pero para evitar broncas, mi gente no va a trabajar en tu edificio hasta que resolvamos.

– No te preocupes.

Creo que no les había dicho que los de la obra de al lado finalmente están reparando los daños a mi edificio, que tan “atinadamente” administro (risas grabadas) y de hecho, están reconstruyendo un departamento de los que ni mantenimiento pagan que me recuerda a ese programa gringo de en donde pimpean una casa a punto de caerse.

– Hola, buenos días, ¿cómo están?

– Pues preocupado con lo de la bicicleta.

– Bueno, déjenmelo a mí. A ver qué podemos hacer.

– De hecho, estamos dispuestos a pagársela aunque no hayamos sido nosotros.

– Ok.

– Hola, buenos días. Venimos a ver lo de la bicicleta que te robaron.

– Mira, esto es bastante desagradable, yo llevo viviendo un año en el edificio y nunca me había pasado eso.

– ¿Es tú primera vez? (jeje)

– Sí.

– Mira, ¿recuerdas cuándo te la robaron?

– El sábado a las 5 de la tarde.

– Pero ellos se van a las 12.

– Bueno, creo que a las 2 de la tarde.

– Pero no estaban ellos. ¿Cuándo te diste cuenta que no estaba?

– El domingo.

– Entonces, ¿cómo sabes que fue a las 2 de la tarde?

– Bueno, eso creo.

– ¿La encadenaste como te dije?

– Sí, claro.

– Me dices en dónde, porque yo no veo dónde la hubieras podido encadenar, estaba todo tapado con las cosas de los trabajadores. Además, yo siempre te dije que la encadenaras y siempre te enojabas porque te lo decía.

– Bueno, no sé, venía con las cosas del súper y los perros. La cosa es que no está mi bicicleta y la quiero de vuelta.

– Pero no está. Piensa que ya no volverá y no sabemos quién se la robó, porque además, acusarlos a ellos sin pruebas es muy delicado.

– Pues sí, pero yo quiero que me indemnicen.

– ¿Quieres que te “reparen el daño”?

– Sí, que me indemnicen.

– Bueno, ellos están dispuestos a pagarte la bicicleta. ¿Cuánto dices que te costó?

– No es una bicicleta de esas que compras en las tiendas, esta yo la armé, la reconstruí.

– Ok, pero dime ¿cuánto gastaste?

– Bueno, no sé, como cinco mil pesos.

– ¿Cinco mil pesos por esa mier…? Ok, está bien. ¿Están de acuerdo ustedes con pagarle cinco mil pesos por su magnífica bicicleta vintage?

– Estamos de acuerdo, el miércoles próximo le pagamos en efectivo su dinero.

– ¿Estás de acuerdo?

– De acuerdo.

– ¿Están ustedes de acuerdo?

– Estamos de acuerdo.

– Ok. Gracias a todos y por favor, cuando tengas tu bici nueva, ENCADÉNALA y si no puedes hacerlo, métela a tu depa. ¿Va?

– Está bien.

Creo que así funciona el sistema de justicia alternativo contemplado en la Reforma al Sistema de Justicia Penal que se aprobó en el 2008 y que entrará en funciones el 2016 en todo el país y que tanto desprecia el Presidente Calderón (a él le gustan los polis, las armas, las patrullotas) y la Señora Wallace de paso. Creo que evitamos que el sistema penal se saturara con casos, como el robo de una bici, que pueden resolverse con acuerdos entre las partes, entre la afectada, con su correspondiente reparación del daño y el “presunto”, aunque nunca se demostró su culpabilidad.