Rubén Aguilar · 7 de enero de 2011
El lado oscuro del amor
Rafik Schami
Ediciones Salamandra
Barcelona, 2008
Un recorrido por la historia de Siria y él Oriente Próximo, del fin del Imperio Otomano a nuestros días, a través de contar la historia y las rivalidades de dos clanes asentados en Mala, una población campesina cercana a Damasco. Es el clan de George Mushtak (1879-1947) casado con Sarka (1889-1920) que es una familia católica con cinco hijos y el clan de Yusuf Shahin (1872-1938) casado con Samia Churi (1982-1960) que es una familia cristiana greco-ortodoxa con ocho hijos.
La narrativa de los enfrentamientos entre Mushtak y Shahin, pero también las relaciones al interior de sus familias y de estas con su entorno dan cuenta, con fuerza, de los sentimientos básicos y primitivos: el amor, la compasión, la ternura, la solidaridad, la pasión, el desamor, el poder, la sumisión, el odio, la venganza. El honor rige las vidas y por él se mata a los extraños y a los propios.
Las familias son cristianas, pero la cultura campesina islámica lo envuelve todo. La estructura patriarcal, el papel que se asigna a los hombres y a las mujeres, la sumisión y la obediencia de los hijos, la lealtad y fidelidad de los empelados. Vemos también como se desarrolla el ámbito del poder local y su relación con el nacional.
El individuo no existe y se disuelve, se aniquila, primero en la familia y después en la comunidad. Vemos la lucha de todos, más allá de las convenciones sociales, por la supervivencia y la felicidad. Somos testigos de los esfuerzos, a veces desesperados, por hacer valer lo que se quiere ser.
La lucha de las mujeres por hacerse de su propio espacio en la cotidianidad y las cuatro paredes de la casa está siempre presente. No sujetarse a las normas se paga con la vida. Los hijos quieren ser amados y tener el beneplácito de los padres, pero también ser ellos. Las más de las veces no son posibles.
Los hijos crecen y se casan, para hacer su propia vida. Abandonan el pueblo y se van a vivir a la ciudad, a Damasco. Los valores y las rígidas costumbres de la vida campesina ceden, pero permanece y se hace todavía más presente el mundo de la cultura islámica.
En Damasco se conocen Farid (1940) y Rana (1940). Él es un Mushtak. Sus padres son Elías (1914) y Claire Surur (1918). Ella es una Shahin. Sus padres son Basil (1914) y Widad Kudsi (1918). Ellos no entienden y aceptan la histórica rivalidad de sus familias. Son otra generación.
El entorno de esa relación amorosa es la Siria de los continuos golpes de Estado perpetrados por los militares. Unos a otros se destituyen. La corrupción y el autoritarismo. La persecución a la oposición en particular a los comunistas. Las cárceles y los campos de prisioneros. La negociación de la cúpula del Partido Comunista con los militares en turno.
La jerarquía eclesial católica y ortodoxa. Su papel de minorías en el mundo islámico, pero al mismo tiempo su condición de elite. La formación religiosa y la vida de la fe.
El entorno más cercano, el de todos los días, es Damasco con sus calles y viviendas. Las iglesias y las mezquitas. El comercio y el mercado. El transporte público. Los policías y los agentes de la seguridad del Estado que siempre están presentes.
La vida diaria e íntima de los integrantes de todas las capas sociales. El trabajo, la escuela, las costumbres, los ritos, los matrimonios arreglados, la relación de pareja y la relación entre padres e hijos.
El mundo propio que construyen las mujeres, al que no tienen acceso los hombres, es refugio y resistencia, pero también espacio de libertad y encuentro personal. Del baño al café y la comida en común.
Farid, por su militancia comunista, es sometido a tortura y encarcelado en dos ocasiones. Rana es obligada a casarse. Las estructuras institucionales, el Estado y la familia, se imponen. Ellos tienen que luchar, para sobreponerse y vivir su amor. Al final ellos logran escaparse, para ir a vivir a Alemania.
En el último capítulo de esta novela, escrita en muchas pequeñas historias como Las mil y una Noches, el autor explica cómo construyó esta narración a partir de una historia, es el punto inicial, que le contó su madre. Es un trabajo de más de veinte años.
La obra me “agarró” desde el primer momento. Me resultó muy interesante adentrarme a la realidad de Siria y de sus gentes. Es un texto de gran complejidad por el tramo histórico del que da cuenta, cien años, por la cantidad de situaciones y de personajes. La narrativa es muy ágil y directa.
La crítica califica a la obra como un “gran mosaico del Oriente Próximo”. El texto está construido a la manera y con el cuidado de un enorme mosaico en el que cada pieza resulta fundamental y sin ella la obra no está completa. Las múltiples historias que integran la novela, son parte de ese mosaico. Todas, algunas parecen marginales, se necesitan, para dar forma a la obra.