El juramento hipocrático no condena la eutanasia

blogeditor · 6 de julio de 2022

El juramento hipocrático no condena la eutanasia

Durante la semana del 20 al 24 de junio se llevó a cabo la Semana de la Eutanasia, evento organizado por la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados y el Programa Universitario de Bioética de la UNAM. Se discutieron varios temas, dentro de ellos el de si la eutanasia entraba dentro de los fines de la Medicina. Suele invocarse al juramento hipocrático para responder negativamente. Esto es erróneo.

Al famoso juramento se lo cita más de lo que se lo lee, y se le entiende poco cuando de verdad se lee. El problema, muy común, es intentar comprenderlo y explicarlo desde las categorías de pensamiento contemporáneas; lo correcto es analizarlo con las categorías propias del contexto sociohistórico en el cual se escribió.

El texto griego (Οὐ δώσω δὲ οὐδὲ φάρμακον οὐδενὶ αἰτηθεὶς θανάσιμον) ha sido traducido, en la versión española de los Tratados Hipocráticos de la Biblioteca Clásica Gredos, de la siguiente manera: “No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia”. Tras la frase citada, una larga nota a pie de página aclara, entre otras muchas cosas, que “no se trata aquí de la eutanasia, que no ofrecía problema en la antigüedad, sino del envenenamiento y, como caso especial, del suicidio”. 1 Los estudiosos más serios del juramento y del contexto hipocrático en general coinciden en esto, aunque no ofrezcan las mismas explicaciones.

Por un lado, Émile Littré brinda una posible explicación de la prohibición en su clásica traducción francesa del Corpus Hippocraticum. Analiza las condiciones de la medicina antigua y considera que un envenenamiento era difícilmente detectable y, por lo tanto, perseguible, dado que no existían las autopsias ni los análisis bioquímicos. Además, los hechos históricos muestran que los casos de envenenamiento de reyes, sucesores y competidores fueron comunes después de la agitación posterior a la derrota de Atenas por Esparta. Según el análisis de Littré, el juramento probablemente quería reforzar la justicia donde los recursos eran todavía muy débiles.

Otro reputado estudioso, Ludwig Edelstein, arguye que la medicina griega antigua sí podía detectar el envenenamiento y que, además, se disponía de medios vigorosos para hacerlo (tales como la tortura). Según las investigaciones de este autor, el juramento en realidad es una manifestación de la escuela pitagórica, dado que los médicos de la antigüedad no lo seguían (especialmente en el rubro aquí comentado de proporcionar “fármacos letales” o venenos).

Otros expertos han considerado que no todo el Juramento proviene del pitagorismo, sino de concepciones propias de ese momento sociohistórico. Esa matización se debe a que en el resto del Corpus Hippocraticum no hay otros elementos que sugieran una referencia a este punto del juramento; además, el derecho ático prohibía el envenenamiento y consideraba al suicidio un crimen.

Análisis posteriores, hechos por autores de la talla del bioeticista Albert Jonsen 2 (en A short history of medical ethics), Paul Carrick 3 (en Medical ethics in the ancient world) y Steven H. Miles 4 (en The Hippocratic Oath and the ethics of medicine), siguen la idea de que la frase multicitada del juramento en realidad no se dirige a la eutanasia, sino al homicidio por envenenamiento. Coinciden en que en aquella época existía la creencia de que un médico cercano a un líder tiránico contaba con la preparación suficiente para eliminar enemigos, dado su conocimiento sobre los efectos de los fármacos entonces disponibles. Al parecer, en la Grecia antigua se expresaron a menudo ideas en torno al involucramiento de médicos en envenenamientos.

Lo que estos estudiosos (y otros más) encuentran en el análisis de los autores clásicos es que los médicos sí ayudaban a que las personas murieran sin dolor y en paz por medio de una eutanasia, de una “buena muerte”, que es el significado etimológico de la palabra. No la indicaban, sino que era el paciente quien solicitaba al médico la intervención.

Debe recordarse que, a lo largo de todo el Mundo Antiguo, la Edad Media (incluso después del nacimiento de las universidades occidentales), y hasta bien entrada la Modernidad, los médicos sólo atendían a las clases privilegiadas y al alto clero. Basta recordar La Celestina o El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha para ver que antes del siglo XVII no había médicos en los pueblos. Así, quienes vivían en posiciones de privilegio eran los que gozaban de atención y cuidados, y eran, además, quienes podían eventualmente realizar la solicitud de una muerte tranquila y sin dolor. En el fondo, nada ha cambiado hasta el día de hoy: quienes viven lujosamente pueden tomar un vuelo y realizar el procedimiento en un país donde éste sea legal, o bien buscar a un médico de confianza que pueda ofrecer este tipo de servicios en medio de una absoluta discreción. En este sentido, la eutanasia es un asunto de justicia distributiva, de justicia social.

Por estas y otras razones, los expertos consideran que para hablar de eutanasia hay que retomar su sentido original de “buena muerte”. La eutanasia debe ser activa (producir deliberadamente la muerte de un paciente que sufre), directa (producirla de forma inmediata), y voluntaria (realizarse a petición expresa del paciente capaz). Si es pasiva, indirecta o involuntaria, no es eutanasia. Además, se recomienda no utilizar un lenguaje que, en lugar de aclarar el panorama, consigue lo contrario y lo enturbia (distanasia, adistanasia, antidistanasia, ortotanasia, cacotanasia, criptotanasia, criptanasia, etcétera). Como el procedimiento se realiza con el objetivo de poner fin al sufrimiento, la eutanasia también es un asunto de compasión.

Finalmente, cabe señalar que encuestas realizadas en 2016 y 2020 coinciden en que alrededor del 72% de la población está de acuerdo con legislar para aprobar la eutanasia en México; esto en un país donde la mayoría se adscribe a la religión católica. El momento actual puede ser una oportunidad histórica para tomar esta responsabilidad de legislar y hacer legal una práctica que actualmente existe para una minoría privilegiada; sería un gran avance. Continuar con la prohibición legal desregula la práctica; al legalizarla se establecerían alcances y límites para su adecuada aplicación.

* Jorge Alberto Álvarez Díaz es profesor del Departamento de Atención a la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana campus Xochimilco y Consejero del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Bioética. Cuenta con especialidades, maestría, doctorado y posdoctorado en Bioética. Tiene el Perfil del Programa para el Desarrollo Profesional Docente de la Secretaría de Educación Pública, y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

 

1 Tratados Hipocráticos I (1983). Juramento. Madrid: Gredos. p. 77-83 (cita de la pág. 77).

2 Jonsen AR (2000) A short history of medical ethics. Oxford University Press, New York.

3 Carrick P (2001) Medical ethics in the ancient world. Georgetown University Press, Washington, DC.

4 Miles SH (2005) The Hippocratic Oath and the ethics of medicine. Oxford University Press, Oxford.