blogeditor · 28 de agosto de 2015
Parecía que habíamos tocado fondo cuando el Presidente removió de su cargo a Alfredo Castillo como Comisionado para la Seguridad en Michoacán y lo puso como titular de la Comisión Nacional del Deporte. De un día para otro, sus temas de agenda cambiaron: uno dirigía a la policía para combatir al narco y al otro dirigía el fomento al deporte. ¿Cómo se puede saber tanto de temas tan distintos?
Los cambios en el gabinete son como un juego de niños, lo importante es agarrar una silla, la que sea y no quedarse bailando. Así ayer nos enteramos que Rosario Robles cambia su silla en la SEDESOL para irse a la SEDATU; que José Antonio Meade deja la Cancillería y se sienta en la silla que tenía Robles en la SEDESOL y la silla que él tenía en Cancillería es ocupada por la ahora ex Secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu. Total, que son los mismos en diferentes sillas y sin conocimientos para el cargo.
A algunos les tocaron sillas bastante incómodas, como a Rosario Robles que dejó su papel estelar en SEDESOL para colocarse en la SEDATU que parece ser la antesala del retiro. Ahí mandaron a Jesús Murillo Karam cuando dejó de ser Procurador y ahora ¡por fin! se fue a descansar.
[contextly_sidebar id=”X4VLmwQXPl1rh7A3HdKdZGnDsVQYgAVk”]Bajo la máxima “de lo perdido, lo que aparezca”, está el hasta ayer gobernador de Querétaro que se ahorró el penoso momento de entregarle la gubernatura de su estado al panista Francisco Domínguez y decidió renunciar a su cargo e integrarse al gabinete de Enrique Peña Nieto como Secretario de Agricultura.
Debería ser ilegal que un gobernador renuncie para ocupar un cargo en el gabinete. Eso es burlarse de la democracia para anteponer su carrera política a la decisión ciudadana. Es una traición a sus electores y un incumplimiento de su encargo .
Pero desgraciadamente, en México, lo indebido no necesariamente es ilegal. La mejor demostración nos las dio la semana pasada el Secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, al exonerar a su jefe Peña Nieto y a su amigo Luis Videgaray.
Es evidente que el reparto de estos cargos es político, pero al menos uno esperaría que quienes ocupan estos importantes cargos tuvieran conocimientos sobre la institución que van a dirigir. Los que están en el gabinete tienen la ventaja de los reflectores y la esperanza de ser presidenciables. Eso es angustiante, porque al cambiar de silla de un día para otro sólo demuestran irresponsabilidad y falta de ética. Por eso, a la mayoría de los miembros del gabinete, la silla les queda grande.