El Imperio horizontal

blogeditor · 5 de marzo de 2021

El Imperio horizontal

David y yo fundamos nuestro Imperio Horizontal hace más de cuatro años. Por supuesto que la horizontalidad hacía referencia a la cama donde dormíamos, comíamos, bebíamos, nos recorríamos y descubríamos espacios y territorios propios y ajenos. Al principio, desde el amor y desde el hechizo que parecen venidos de un lugar místico y extraño, comenzamos a inventar nuestros pequeños rituales. Nació un nosotros. El imperio se convirtió en la tierra prometida.

Desde los primeros días, hasta los últimos, David me dedicó sus libros cada vez que quería dejar testimonio del amor y la complicidad que compartíamos, algunos de ellos tienen hasta cuatro dedicatorias, escritas desde nuestro imperio.

Con el tiempo, como es natural, transitamos de los rituales a las rutinas: al café de la mañana y al de las cinco de la tarde, al jugo de naranja o de toronja, cada día, todos los días. A escuchar a Kendrick Lamar en el coche y a probar todos los sabores de Kit Kat disponibles en la tienda. Así creamos la intimidad que poco a poco se convirtió en una cotidianidad familiar. David llegó a mi vida con Anna, su hija. Después tuvimos a Nicolás. Primero fuimos dos, luego tres, hasta que llegamos a cuatro, el doble de dos. Dos quedó muy lejos, al final.

Ayer le compré un pez Betta a Nicolás. Sentí la necesidad de integrar un nuevo elemento a nuestra familia, que no sé si está dividida o multiplicada; no sé si le sacamos raíz cuadrada o la elevamos al cubo. No tengo la certeza de la ecuación en la que nos encontramos. Lo que sé es que lo que era ya no es y lo que fue no se repetirá.

Cuando salí del acuario, el dueño me dijo que el pez crecería con mi hijo y nos encariñaríamos de él. Un pez, pensé. ¿De qué manera se hace transferencia con un pez? ¿Vaciar en ese diminuto ser acuático, color rojo, llamado Azul, mis emociones humanas?

Todos tenemos un pequeño diccionario de palabras incomprendidas, como el que Kundera escribe en La insoportable levedad del ser. El amor, la fidelidad, la traición, la luz, la oscuridad, la belleza, la fuerza o la verdad significan lo que son, pero se interpretan con el filtro de nuestra historia; sin embargo, hay mañas que se fundan entre dos, aquellas que ni son tuyas ni suyas, sino existen en un espacio compartido que, cuando se acaba, regresan a su lugar místico y extraño. ¿Dónde queda un sentimiento que parecía más un territorio que un pensamiento? ¿Qué se hace con un imperio y qué se hace con su horizontalidad?

Durante la mudanza, hace cuatro meses, perdí una caja. Una sola caja. En ella estaban los libros de David, con sus dedicatorias, que eran pequeños fragmentos de una carta de amor que parecía interminable. Se fueron, no están más. Quizás hay historias que tienen que limpiarse por completo para permanecer. Hay imperios que necesitan ser derrocados para que se construyan otras ciudades o para que sus habitantes encuentren nuevas oportunidades y formas de vida. No lo sé. Tal vez fue el destino. O simplemente mi mala suerte.

Lo que sí sé es que, a partir de los cimientos y las ruinas, se levantan edificaciones. Algunas albergan peces, otras esperanzas. En otras, más lejanas y escondidas, se hablan lenguas muertas y se escriben diccionarios de palabras incomprendidas, que no se pueden perder en una mudanza porque se encuentran en territorios que son más cercanos a un sentimiento que a un pensamiento.

Mientras tanto, Nicolás va y viene, cuenta historias aquí y allá. Es feliz con su idioma, que entendemos su padre y yo, y que otras personas todavía no descifran. Nuestra intimidad se ha convertido en el diccionario de nuestro hijo, en el que se encuentran los sinónimos de prosperidad, dicha y futuro.

Tal vez, hoy mismo, David y yo somos dos peces Betta, imposibilitados a nadar en la misma pecera, a los que les queda el lenguaje y la historia de un imperio. En una de esas, algún día, en una librería de viejo, me encuentre con los libros que alguna vez me dijeron lo mucho que fui amada. Ya se verá el destino y ya se verá mi suerte. Mientras tanto aquí estoy, frente a un pez, llamado Azul, leyéndole un pedazo de mi historia.

 

@barbarahoyo