El Impeachment que viene

blogeditor · 19 de julio de 2017

El Impeachment que viene

Por: Martín Klimek

Al menos en la forma, y por el nivel de desgaste que ya roza un 60 % de desaprobación, el contexto actual se percibiría como el momentum de opinión pública idóneo para poder llevar a cabo la destitución de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos por obstrucción de la justicia. Todo esto, a partir de que el diario The New York Times revelara el pasado 16 de mayo que el mandatario pidió al entonces director del FBI, James Comey, que cerrase la investigación sobre los posibles nexos entre su ex consejero de seguridad nacional, Michael Flynn, y Rusiadurante las presidenciales de noviembre de 2016, con la finalidad de boicotear la campaña de Hilary Clinton.

El escándalo simplemente ha ido in crescendo debido a que estos hechos, además de vislumbrarse como de suma gravedad y acumularse en avalancha, pintan como comprobables. Además, una gran parte de la sociedad civil de aquel país en conjunto con el ala “liberal” de sus medios de comunicación (CNN, NBC news, ABC news y el propio NYT), comienzan a hacer cada vez mayor presión en torno a esta idea, deseando como un avenimiento profético, el anuncio del procedimiento de remoción por parte del Partido Demócrata en la “House” del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica.

Aunado a lo anterior, se suman las recientes comparecencias efectuadas a funcionarios claves de su gobierno para esclarecer esta acusación en progreso: el propio James Comey, que fue removido sorpresivamente de su cargo como director del FBI por Donald Trump, testificó ante una comparecencia extraordinaria ante el senado estadounidense “que cree que el presidente intentó ponerle fin a la investigación que realiza la agencia contra su exasesor de seguridad nacional, y que este ha mentido y lo ha difamado”. El escándalo ha sido tal, que incluso ya existe un fiscal especial del Departamento de Justicia, Robert Mueller III, encargado del caso.

Sin embargo, para nuestra desgracia y la del mundo entero, existen una serie de factores históricos y un timing no idóneo, que por el momento impiden el poder enjuiciar a Donald Trump, dejando el procedimiento del impeachment en la escala del wishful thinking y sin ninguna posibilidad objetiva de que este pueda llevarse a cabo en el tiempo actual, lo cual no implica que dicho panorama no pudiese cambiar en los próximos dos años, basándonos -sobre todo- en una serie de coyunturas políticas favorables que comienzan a vislumbrarse.

¿Cuáles son entonces los factores que podrían jugar a favor y en contra de la remoción del actual Presidente de los Estados Unidos?

En contra

Tendencias históricas: En Estados Unidos, sólo dos presidentes han sido juzgados mediante este procedimiento, Bill Clinton (1998-1999) y Andrew Johnson (1868), y los dos fueron absueltos. Por su parte, Richard Nixon interrumpió el proceso al dimitir de su cargo en 1974 tras la aprobación de su impeachment, lo cual hace ver esta herramienta como un instrumento jurídico que tiene pocas posibilidades de triunfo, y un alto costo político en caso de fracasar.

Matemática electoral: Para lograr un impeachment, además de una mayoría simple en la Casa de Representantes, que por cierto está controlada por los republicanos, se necesita la “Conviction” del Senado. Actualmente la composición de los 100 escaños de la Cámara Alta (encargada de llevar el procedimiento de remoción) tiene una mayoría simple republicana de 52 asientos, contra 48 de los demócratas (con dos independientes incluidos).

Por ende, no es matemáticamente posible lograr sus destitución, ya que para poder enjuiciar a Donald Trump se necesitan las dos terceras partes del voto de los 100 senadores que existen en el Congreso de los Estados Unidos (igual a 67 legisladores) y los demócratas, no cuentan ni con los curules suficientes ni con el apoyo de los republicanos para poder lograrlo.

A favor

Obtención de una mayoría simple: El 6 de noviembre del 2018 habrá elecciones en el Congreso de los Estados Unidos en donde se renovarán la totalidad de los 435 asientos en la Cámara baja y 33 de 100 escaños en la Cámara Alta (que es la encargada de votar para remover la presidente) de los cuales 25 de esos curules están actualmente en manos de los demócratas y 8 a manos de los republicanos, incluyendo una elección especial en Alabama. Por lo anterior, existe la posibilidad de que un amplio y decepcionado sector del electorado “trumpista” ejerza su voto de castigo al presidente actual, sobre todo por una serie de promesas demagógicas de campaña que simplemente no podrá cumplir.

Si el Partido Demócrata obtiene una mayoría simple en ambas cámaras, este mismo tendría la capacidad legal de aprobar reformas que necesiten precisamente ese porcentaje (50 % + 1) y con ello, la posibilidad de negociar sus condiciones con los bloques mas “liberales” y propensos al dialogo del Partido Republicano, fundamentalmente (y en un ganar-ganar) proyectos legislativos que tengan que ver con cuestiones económicas, políticas y sociales, que permitan mejoras en los estados controlados por el partido de Trump, erosionándole esos apoyos.

Esta “fluidez regulatoria” podría ser el elemento clave que coadyuve a generar una masa crítica lo suficientemente grande como para impulsar el juicio político en contra de Trump. Además, no hay que perder de vista que para esas fechas habrá también un candidato republicano que estará buscando debilitar al actual presidente para competirle su candidatura.

Pérdida de popularidad acompañada por la comprobación de acusaciones disruptivas: Actualmente Donald Trump es el presidente más impopular en la historia de ese país, con más de un 56 % de la población en su contra. Si a eso le agregamos un escenario en donde de manera gradual se irán filtrando cada vez mayores escándalos debido a las comparecencias de sus funcionarios de Seguridad Nacional y otros enemigos en turno, además de una menor gobernabilidad por un cambio no sustantivo en lo económico y una mayor presión y aislamiento a nivel internacional, es probable que llegue un momento en que los incentivos de lealtad se erosionarán a un nivel tal, que muy pocos (incluidos los miembros del Partido Republicano) le brindarán su apoyo, sobre todo con visos a la elección presidencial del 2020.

En ese sentido, ya comienzan a darse los primeros pasos en el Congreso de los Estados Unidos. El pasado miércoles 12 de julio, Brad Sherman, un Congresista de California,  sembró “la primera semilla de la hidra” al presentar ante la Cámara de Representantes, un artículo de destitución para abrirle un juicio político al Presidente Trump, moción que fue apoyada por su compañero de partido Alan Green. La denuncia, apunta que Trump bloqueó la justicia norteamericana al despedir al antiguo director del FBI, James Comey, quien investigaba a uno de sus consejeros más afines, Michael Flynn, acerca de sus relaciones con Rusia durante la campaña.

La investigación sobre este tema está ahora en manos del Fiscal Especial Robert Mueller, cuyas conclusiones, en caso de ser acusatorias sobre la influencia de Rusia en el triunfo de Trump, sí podría poner en aprietos al Gobierno del plutócrata.

Cabe destacar que un término de mandato con un vicepresidente debilitado y tachado de radical como lo es Mike Pence no significa ninguna panacea, sin embargo la lógica que imperará será la electoral, ya que por un lado el nuevo candidato presidencial del Partido Republicano eliminaría de tajo a su principal oponente (con visos a un posible intento de reelección de Trump) y por el otro, por parte de un Partido Demócrata que buscará con el impeachment hacer trizas la imagen de sus rivales históricos.

Finalmente, bajo el contexto de una mayor presión interna por parte del Poder Legislativo y Judicial hacia Presidente Trump, el crear miedo y propagarlo podrían fungir como opciones altamente redituables para darle elementos de flotación y desviar la atención pública hacia su persona. La creación de alguna guerra u acción militar y/o radicalizar el odio hacia enemigos históricos (como México) tan recurrentes en la psique del ciudadano de a pie de ese país, son escenarios bastante factibles.

Para aderezar lo anterior, es posible que el combustible que le falta a esa hoguera para generar una llamarada perfecta (López Obrador) gane la elección presidencial del 2018, lo cual le daría a Mr. Trump ese enemigo antagónico que tanto necesita para recuperar a sus desencantados y antimexicanos adeptos.

Ahora y menos que nunca, el gobierno de nuestro país no debe de bajar la guardia y confiar en que la tormenta perfecta ha pasado, pensando en que ya no estamos en su mira. La posible presión del impeachment a cuestas, lo obligará a buscar quien pague sus “platos rotos” para desviar la atención, por lo que habrá que estar jurídicamente preparados en lo comercial y en lo político, para defendernos y no convertirnos nuevamente en ese chivo expiatorio que tanto requerirá.

 

 

* Martín Klimek es egresado de Ciencias Políticas por la Universidad Iberoamericana y tiene una amplia experiencia en la implementación de estrategias de negociación y comunicación, así como en manejo de crisis. En los últimos 15 años ha trabajado las agencias de cabildeo y relaciones públicas más importantes del país, además de haber tenido puestos clave en gobierno como asesor de los secretarios de Gobernación y de la Reforma Agraria.