El hombre que ríe

blogeditor · 6 de mayo de 2013

El hombre que ríe

Voy a tener que hacerme cirugía plástica para quitarme la sonrisa

Carlos Salinas de Gortari, festejando los resultados de la elección presidencial que regresó al PRI a Los Pinos.

La risa petrificada del Tlatoani.
La risa petrificada del Tlatoani.

Para Su Majestad de Agualeguas, éstos son tiempos celebratorios: joviales. Pasando por las caritas totonacas sonrientes que describe Octavio Paz en su ensayo ‘Risa y Penitencia’, o las tesis derivadas de La Risa, libro publicado en 1900 por el filósofo francés Henri Bergson, el tema en su versión local parecía pertenecer al ámbito de la carpa. Se mofaba uno de los políticos posrevolucionarios, balanceándose en la cuerda floja de la que nunca se cayeron artistas como Jesús Martínez Palillo, cuyos sketches fueron varias veces censurados por la autoridad guardiana de la Moral y las Buenas Costumbres. Nada que estuviera reñida, en público, con la Identidad Nacional asumida por la Revolución Institucionalizada. La que retorna, corregida y aumentada.

De la literatura al cine, y a nuestra arenosa irrealidad de cada día.
De la literatura al cine, y a nuestra arenosa irrealidad de cada día.

El Hombre que ríe es una  novela de Víctor Hugo, melodrama adaptado en versión expresionista al cine por Paul Leni (1928), con Conrad Veidt como protagonista. El personaje principal, Gwynplaine, sufre una deformación atroz en la cara que le durará toda la vida. Trabaja en un circo itinerante; pertenece a la nobleza y llega a incorporarse a ella, pero regresa a sus orígenes y al verdadero amor de una mujer que fue rescatada por él de una muerte segura cuando ella era niña. (Dato curioso. Hugo acuña el término comprachicos para describir a los maleantes que inicialmente usan a Gwynplaine para sus nefandos propósitos, desfigurándolo para luego abandonarlo a su suerte).

En los cómics.
En los cómics.

 

En la tele.
En la tele.

Gwynplaine inspiró a los creadores de El Guasón en la historieta de Batman, también la serie de TV con el veterano actor de reparto hollywoodense César Romero, y Jack Nicholson o Heath Ledger en la pantalla grande.

El futuro, en blanco y negro.
El futuro, en blanco y negro.

La pregunta recurrente Why is This Man Laughing?, acompañada de una foto de Richard Nixon en la Revista Esquire, fue un ícono durante su presidencia cuestionada por la Guerra de Vietnam y el escándalo Watergate durante la década de los sesenta, setenta y ochenta. La imagen fue tomada cuando el entonces vicepresidente de los Estados Unidos había obtenido en 1960 la nominación del Partido Republicano en la elección que después perdería ante el demócrata John Kennedy.

Como Nixon en su momento, Salinas parece renacer cada rato de las cenizas políticas.

El felino, según Disney.
El felino, según Disney.

Podríamos ubicar la frase como un juego verbal equivalente a la expresión del enigmático gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, que se hace invisible hasta que sólo puede verse su sonrisa. Una suerte de strip-tease retórico, que sólo deja el silencio de unos dientes rodeados de Vacío.

Antes que nadie, CSG entendió el Chiste: uno que los demás tratamos de descifrar en 1987. Justo cuando el Dedo del Presidente De la Madrid lo designó candidato y seguro sucesor. Conmovido, le habló a su padre Raúl, quien había sido aspirante a la Grande durante el sexenio de Adolfo López Mateos (presidente favorito, por cierto, de Enrique Peña Nieto). ‘Nos tardamos 25 años en llegar, pero llegamos’. Ahora, 25 años después y sin haberse ido del todo, regresan por la puerta grande sus entenados de Atlacomulco. Hasta uno de sus hijos – egoísta ético, acólito y tenedor de la franquicia en México del ‘científico y humanista’ Keith Raniere y su culto o Programa Ejecutivo para el Éxito NXVIM -tuvo boda de ensueño con conocida actriz, como el maniquí mexiquense. La Excepcionalidad Mexicana replicándose como en un juego de espejos. País de fábula.

Entropista. Foto 7 Hombre que ríe

O de las rimas infantiles de Mamá Oca. El PRI como Humpty Dumpty reconstituido, que a diferencia de la versión victoriana sí pudo rearmar después del desmoronamiento del año 2000. Perdiendo la Presidencia de la República; conservando bastiones estatales y esperando su retorno triunfal. Devolviéndole las carcajadas a Carlos Salinas de Gortari.

(¿El PAN y el PRD se han vuelto acaso, los idénticos Tweedledum y Tweedledee?)
(¿El PAN y el PRD se han vuelto acaso, los idénticos Tweedledum y Tweedledee?)

Quizá nosotros seamos entonces y casi sin proponérnoslo, Alicia detrás del Espejo. La testaruda fantasía vence (como siempre, y de nuevo), a la realidad. Y ante el vacío de las oposiciones, el 2018 podría volverse reedición de la pugna que tuvo lugar en 1982 –bajo la égida y control del Quetzalcóatl López Portillo- entre los duros como Javier García Paniagua, el hijo del secretario de Defensa durante la represión estudiantil de 1968 vs. Miguel de la Madrid, harvardiano mentor de la Hormiga Atómica que le sucedió después de las desaseadas elecciones de 1988. Ahora contendrán, si los momios no mienten, Osorio Chong el Político de Gobernación en contra de Videgaray el Tecnócrata.

Vuelve además el dirigismo neoliberal auténtico. Nada de imitaciones o políticas al garete. México como China de bolsillo. Big Trouble in Little China, con partidos comparsas y vistosos Pactos (como los de Salinas). Se resolverá este nuevo capítulo de la telenovela, como el éxito de taquilla que nunca fue el último año del Salinato?

Será la última, definitiva carcajada. Como ésta de EPN.

Entropista. Foto 9 Hombre que ríe

En fin. El show debe continuar. Así lo explica Donald O’Connor a Gene Kelly en Make them Laugh, en el musical Cantando bajo la Lluvia (1952)

Entropista. Foto 10 Hombre que ríe

En esta trágica comedieta, el sardónico Salinas comparte su beneplácito con la nación que vuelve al redil, y él supone agradecida. Borrados doce años del fallido experimento panista, el monopolio de la sonriente complacencia vuelve a ser suyo. Sólo falta que a nosotros, que padeceremos al PRI de nueva cuenta, nos haga reír hasta que nos congele la factura de su escabroso chiste.