blogeditor · 7 de agosto de 2015
Ayer leí una nota muy breve en donde se contaba que el Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Salud, trabaja en una norma oficial para prohibir la venta de fórmula sin receta médica.
“La Secretaría de Salud anunció que en breve publicará modificaciones a los reglamentos sanitarios que prohibirán explícitamente el uso de fórmulas lácteas a menos que exista una indicación médica sobre su uso, para incentivar la lactancia materna en el país.
De acuerdo con el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la dependencia, Pablo Kuri Morales, el Gobierno federal ha invertido 45 millones de pesos en la operación de 19 bancos de leche materna en 17 estados de la República, y en 18 lactarios en instituciones de salud pública para que las madres puedan amamantar ahí a sus bebés.
Durante el tercer Foro Nacional de Lactancia Materna 2015, el funcionario dijo que se trabaja en la Norma Oficial Mexicana para la promoción de la lactancia materna, pues en México sólo 14.4 por ciento de las madres la realiza”.
Increíble pensé, el GDF en su campaña de hace un año satanizaba a las madres que no daban leche materna diciendo que “dan la espalda” a sus hijos, ahora el gobierno federal sanciona a las que dan fórmula obligándolas a ir mínimo una vez al mes al pediatra para obtener una receta. ¡Vaya forma de intervenir en decisiones relacionadas con el cuerpo de una!
La nota la leí en un grupo dedicado a la crianza y nutrición; los dos primeros comentarios alababan la medida, aunque llamaban la atención de que seguramente habría corrupción en el sistema.
Yo brinqué y dije que era inaceptable. Me llovieron los comentarios. Mínimo, me dijeron egoísta. Máximo, esperaron que no fuera yo madre, porque seguro sería una pésima. El asunto no se trata de mí, ni de mi historia. Se trata de que una vez más el gobierno -ahora el federal- pretende imponer su visión de la lactancia afectando a miles de mujeres que no caen dentro de su concepto de maternidad.
Aquí quiero exponer por qué me parece que la medida que pretende el Gobierno Federal es una invasión a la autonomía de las personas, al libre desarrollo de su personalidad y transgrede el principio de dignidad.
Antes, una aclaración, sé que la leche materna (en adelante LM) es lo mejor que se le puede dar al bebé, sé que la OMS recomienda alimentar con leche materna de manera exclusiva durante los primeros 6 meses de vida, sé que hay discusión sobre si deben ser 6 o 12. Sé que hay también quien apoya la lactancia más allá del año de edad (como la OMS). Sé que es un problema mundial el abuso de la fórmula y que hay campañas para promover la lactancia. Me queda absolutamente claro que el tema de la lactancia es muy polémico. Me queda totalmente claro que los derechos de los niños son relevantes y gozan privilegio en muchas situaciones frente a los de sus padres.
Aclarado esto, van mis argumentos:
Pienso que la medida que obliga a obtener una receta médica para comprar fórmula es una carga inaceptable para las madres (y padres) que no dan LM a sus hijos, que invade su intimidad y en el caso de la madre, su dignidad, pues la usa como un medio obligándola a lactar de manera indirecta.
Me dicen que precisamente la promoción de la lactancia es la finalidad de la medida. Sí, pero mi primera objeción sería ¿a qué costo?
La mayoría de familias compran la fórmula de sus hijos una vez por semana, eso implica que necesitarían visitar a su pediatra una vez a la semana para obtener la receta. Por lo general, los médicos cobran por las visitas, pero bueno, digamos que no cobran y solo va una a recoger la receta, de cualquier manera el costo del tiempo perdido al ir por la receta implica un gasto para esa familia que impacta seguramente en otras cuestiones de distribución de tiempo importantes.
¿Se imaginan tener que estar organizando la semana alrededor de las benditas recetas médicas para comprar la COMIDA de su bebé? Me parece francamente inaceptable.
Me dicen que se puede dar una receta al mes y comprar la fórmula para todo ese tiempo [¡y que dios te lo pague!]. Dos objeciones: el costo de la fórmula es muy caro, no todas las familias pueden gastar de un jalón lo equivalente a 4 latas (suponiendo que es una la que compran a la semana), otra objeción es ¿qué pasa si se acaba la fórmula antes? Qué estrés estar viendo cómo baja el polvo de la lata y una sin tiempo (y dinero) para ir al pediatra por la receta. ¿Por qué someter a una familia a esto?
Nos dicen que la idea de las recetas es que se controle la fórmula para evitar sobrepeso y un mal uso de ésta. ¿Y de veras la obligatoriedad de las recetas tendrá el efecto deseado? O ¿el Dr. Simi contratará a 2 médicos más para que den recetas como lo hacen ya con los antibióticos? La fórmula no daña al niño, precisamente por eso hay normas que regulan su producción. Mejor sería que las visitas al pediatra para revisión fueran obligatorias (y gratuitas) para que éste lo revise y en su caso cambie de fórmula, como lo hacen cuando los niños ya comen. La vigilancia de la nutrición de los niños debe hacerse desde que nacen, o mejor entreguemos recetas a las mamás para que compren el cereal y el pan, no vaya a ser que hagan mal uso de éste.
Me dijeron que el Código Internacional para la comercialización de sucedáneos de leche materna marca que éstos deben ser vendidos con receta médica, “como los antibióticos”, sin embargo yo no encuentro esta indicación en el código y no comprendo cómo es que puede compararse un alimento que en los primeros 6 meses de vida de un bebé es su único sustento con un medicamento controlado. Se trata de un alimento y como tal, su consumo no puede ser controlado como con unas pastillas.
El Código con justa razón y fundada preocupación pretende promover la lactancia, más no dice que la fórmula sea peligrosa para los bebés. Al contrario, en su parte declaratoria dice: “Considerando que, cuando las madres no amamantan o sólo lo hacen parcialmente, existe un mercado legítimo de preparaciones para lactantes y de ingredientes adecuados que entran en su composición; que, en consecuencia, todos estos productos deben ponerse al alcance de cuantos los necesiten mediante sistemas comerciales y no comerciales de distribución; y que no deben comercializarse ni distribuirse por métodos que puedan obstaculizar la protección y la promoción de la lactancia natural”.
El Código pretende regular la comercialización y distribución de la fórmula con la finalidad de que no sea promocionada de manera que se prefiera por sobre la LM, que el personal de salud privilegie la LM y el Estado promocione la lactancia. Además de que su envasado y etiquetado proporcione información correcta advirtiendo de los beneficios de la LM. La idea pues es decir que la LM es lo mejor, que hay que promoverla, facilitarla, estimularla, para reducir el consumo de fórmula y privilegiar la lactancia. “El objetivo del presente Código es contribuir a proporcionar a los lactantes una nutrición segura y suficiente, protegiendo y promoviendo la lactancia natural y asegurando el uso correcto de los sucedáneos de la leche materna, cuando éstos sean necesarios, sobre la base de una información adecuada y mediante métodos apropiados de comercialización y distribución”.
Sin embargo, en ningún lado encuentro alguna prevención sobre los riesgos de la fórmula a la salud de los niños, o la necesidad de controlar su venta a través de recetas médicas que en teoría pretenden que cada vez que se venda un envase, el médico haya revisado al menor para autorizar su consumo. Como con los antibióticos.
La fórmula es introducida en los hospitales, son médicos y enfermeras quienes alimentan a los bebés con fórmula en primera instancia, difícilmente las madres primerizas encuentran a una asesora de lactancia en el hospital, y peor aún, no les permiten que sus bebés permanezcan a su lado, los mandan a cuneros, lo que de ninguna forma fomenta la producción de leche. La violencia obstétrica en México está muy bien documentada por GIRE.
Un argumento que se me aventó fue el del derecho de los bebés a la lactancia. Yo pienso que los niños tienen derecho a la alimentación, pero no tienen derecho a la leche materna, ello implicaría la disposición del cuerpo de otra persona y eso implica una transgresión al principio de dignidad pues las personas nunca pueden verse como un medio, lastimar su autonomía y su privacidad.
Cuando se reconoce un derecho, éste tiene como contraparte una obligación. Ello implicaría que podríamos tomar a las madres y obligarlas a amamantar, sancionarlas si no lo hacen, porque violarían esta facultad que sus hijos tienen sobre ellas. ¡La maternidad impuesta desde el Estado! Digno de Margaret Atwood. Ello contraría los principios de dignidad y autonomía de las personas, sería igual que si dijéramos que los niños tienen derecho a ser alimentados bajo demanda libre, a ser criados 24×7 únicamente por su madre, o al colecho, o a ser consentidos por sus papás o educados mediante el sistema danés. Eso es muy bueno para los niños, sin duda, pero no es posible hablarlo en términos de derechos pues ello implica obligaciones, por parte del Estado (promoverlos, protegerlos y garantizarlos) y de los particulares, pues los derechos tienen también efectos entre éstos.
[contextly_sidebar id=”SOEtmWuCEraAu34YwCb7acVBJJj3eY7q”]Los niños tienen derecho a ser alimentados, a tener techo, a no ser maltratados, a recibir educación, pero no es posible obligar a nadie a realizar la pater/maternidad de una forma determinada. La LM es sin duda lo mejor, pero si decimos que es un derecho del bebé ser amamantado por su madre, caemos en una imposición de la maternidad desde el Estado. ¿Cómo debemos ser las madres? el Estado definiendo ¿qué es ser una buena madre? Todas esas son razones morales en las que la legalidad no puede ni debe intervenir. Cada una definimos lo que es mejor para nuestros hijos y nosotras mismas, siempre y cuando no los lastimemos y sin duda alguna no dar leche materna a tu hijo no es un daño en el que deba intervenir el Estado.
Entonces, el bebé solamente tiene derecho a ser amamantado por su madre cuando ella quiera/pueda, si ella no quiere/puede, no es posible que el Estado obligue a una mujer a amamantar. Es contrario a cualquier concepción de dignidad y autonomía personal. El derecho se activa cuando la mujer decide amamantar al bebé, pero éste no tiene una facultad que active el derecho. ¿Para qué funciona el derecho entonces, me dirán? Para exigir derechos laborales por ejemplo, que la mujer trabajadora tenga descansos para hacerlo, acceso a lactarios, o para acabar con los prejuicios de muchas personas que se ofenden porque una mujer amamanta en público, entre otros.
Efectivamente, la medida no obliga a amamantar de manera directa, pero sí juzga y condena a quienes no lo hacen al establecer esta carga de conseguir una receta cada vez que quieran alimentar a sus hijos a las mujeres que no lactan. Es una forma de decirles que por no lactar, tendrán que pagar un costo extra. El “y parirá con dolor” me vino a la mente ahorita. La medida es entonces, a mi modo de ver, una forma de obligarlas de manera indirecta.
Pienso que en efecto, el Estado (gobiernos locales y federal) debe promover la lactancia, y sobre todo, apoyar que existan más parteras (o doulas) que apoyen en el embarazo y nueva maternidad, que asesoren a las madres para la lactancia; el problema del sobre uso de fórmula radica precisamente en la falta de atención obstétrica que existe. Es todo parte del mismo problema. Si no se combate todo el sistema y solamente se obliga a las recetas para comprar fórmula, pasará lo de siempre, se lastimará a las más vulnerables. Y pienso que esto podría tener un efecto perverso: que se les empiece a dar otro tipo de alimento a los niños por falta de acceso a las recetas. O el mercado negro de fórmula.
Debemos pensar en los efectos que tiene la medida en la vida de mujeres que no pueden lactar porque tienen que ir a trabajar para mantener a su hijo, o la que tiene cáncer de mama o la que toma medicamento, la que está embarazada y le han prohibido continuar con la LM, al bebé cuya mamá muere o al bebé adoptado. Hay muchas historias, pero al gobierno federal y al GDF les gusta ver la maternidad desde un solo punto de vista. O amamantas o eres una egoísta y “le das la espalda”.
También está la que decide no amamantar y ¡es su derecho! Y prevalece sobre el de su bebé siempre y cuando no lo dañe y no dar LM no es dañar al niño.
Finalmente, tú, como yo, tienes derecho a decidir cómo ejercer tu maternidad, pero nadie tiene derecho a imponerla a las demás. Ni mucho menos puede hacerlo el Estado.
* Nota del editor: Por una confusión, originalmente se atribuyó la propuesta de NOM al GDF cuando en realidad proviene de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal.