blogeditor · 26 de junio de 2013
Las resistencias a las reformas estructurales de nuestra mente social son un compendio de rechazos y negaciones. Ya hemos visto cómo en demasiadas ocasiones renunciamos a nuestra potencia interior y negamos el valor de los otros y la realidad exterior. Hoy toca abordar el tercer paquete de reformas, agrupadas en torno a un amplio catálogo de actitudes y conductas que tienen un común denominador: asco al futuro.
La explicación puede ser fácil: la burra no era arisca… la hicieron a palos. Es sencillo documentar los innumerables abusos, engaños y desilusiones a las que hemos sido sometidos los mexicanos. Dañinos, especialmente, han sido los ciclos sexenales donde arranques esperanzadores culminan con rotundos fracasos.
Pareciera que ante todo esto, la salida lógica fuera no soñar, no planear, no esforzarse… ¡para qué si al final del día alguien nos va a venir a chingar! Sin embargo, si lo que queremos es dejar la jaula de las profecías que se autocumplen, no hay de otra: tenemos que incorporar la esperanza y el optimismo a nuestra vida diaria.
Hay que unirnos a los optimistas, no desde una perspectiva ñoña, sino desde una perspectiva pragmática. Mi propuesta es hacerlo en la onda de Winston Churchill quien dijo “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”.
A continuación enlisto una serie de taras mentales asociadas al “asco al futuro” que desembocan en el consecuente estancamiento en el eterno retorno a un presente gris.
Impunidad.- Quien la hace no la paga; en pocas ocasiones hacer daño a los demás tiene algún efecto contraproducente para el culpable. Si mi futuro no va a cambiar, ¿por qué habría de preocuparme por actuar distinto? La falta de castigos y consecuencias es uno de los principales cánceres que carcomen nuestro tejido social. Sólo con consecuencias futuras podemos construir un mejor presente.
Falta de reconocimiento al mérito.- Somos malos para sancionar lo malo y nada buenos para reconocer lo bueno. La ingratitud es la otra cara de una moneda -de cobre- que solemos mostrar como sociedad. La falta de reconocimiento a la gente que aporta y genera un impacto positivo en su trabajo, su barrio, su escuela, su empresa, su industria, es otra forma de no generar incentivos para los futuros buenos ciudadanos o líderes. Si al final del día todo da igual y nadie toma en cuenta las aportaciones positivas que uno hace, lo que estamos haciendo es desincentivar las conductas constructivas. Los obituarios, las fundaciones, los memoriales, los legados son reconocimientos que aspiran a trascender la muerte para anidarse en la posteridad. Tenemos escasez de éstos, no por falta de méritos sino por nuestra mezquindad en reconocerlos. Sólo asegurando el reconocimiento futuro de los logros del presente promoveremos acciones memorables.
Ingenio “a la mexicana”.- Con habilidad, improvisación, ocurrencias y efímera creatividad le ponemos parches a los problemas sin arreglarlos de fondo. Esta actitud al estilo “se hacen talachas” sirve para el momento presente pero es opuesto a la innovación sistemática, aquella que de verdad crea las soluciones para un mejor futuro. Aún es peor cuando este ingenio se utiliza para chingarse al de al lado o al lugar donde uno trabaja, en vez de proponer y generar soluciones constructivas que generen valor.
Ley del mínimo esfuerzo.- Nada que valga la pena se construye sin trabajo, disciplina y perseverancia. Y cuando digo nada, es nada. Pareciera que nos diera asco construir cualquier cosa: construir un cuerpo con ejercicio, construir una relación con generosidad, construir una familia con dedicación, construir con sinceridad un grupo entrañable de amigos (como los Shadows), construir una empresa con empuje, construir instituciones serias como país. El rechazo a la construcción tiene una válvula de escape en nuestra habilidad para irla pasando, para sobrellevar nuestros días y noches. Lamentablemente, sobrevivir no es prosperar.
Fobia a la planeación.- Planear no es pecado ni tampoco una enfermedad propia de los alemanes. Tener visión de largo plazo es una necesidad para construir mejores empresas, mejores ciudades, mejores políticas públicas. No avizorar, reflexionar ni comprometerse con el largo plazo garantiza que las cosas se estanquen y oxiden. Los estallidos vendrán en el futuro por más que hayamos querido hacernos guajes en el corto plazo dizque atendiendo lo urgente, haciéndole cara de asco o cerrando los ojos a lo verdaderamente importante. En el lenguaje de nuestros dichos y hechos esos son los efectos de sólo saber conjugar el “presente continuo” y sacarle al parche para hacerlo con el “futuro perfecto”.
Quizá no sea sólo asco al futuro lo que nos afecta, quizá sea también un sentimiento apocalíptico donde la desconfianza y temor al porvenir nos mueven a arrancarle al presente todo lo que podamos sin tomar en cuenta lo que vamos destruyendo a nuestro paso, dinamitando posibilidades para la construcción de un mejor futuro para todos. Hay que destrabar ese bloqueo y tener fe en el futuro -no una pasiva fe religiosa, sino una activa fe basada en nosotros mismos y las personas que nos rodean.
No es sano tenerle asco al futuro por más que los hechos nos restrieguen en la cara que es iluso ser optimista. No dejemos que nada ni nadie nos mate las ilusiones. A medio siglo de Rayuela de Julio Cortázar les comparto una cita de este gran monumento a la escritura libre, esperanzada y visionaria:
“(…) Pero todo eso, el canto de Bessie, el arrullo de Coleman Hawkins, ¿no eran ilusiones, y no eran algo todavía peor, la ilusión de otras ilusiones, una cadena vertiginosa hacia atrás, hacia un mono mirándose en el agua el primer día del mundo? Pero Babs lloraba, Babs había dicho:
‘Oh, sí, oh, sí que es verdad’, y Oliveira, un poco borracho él también, sentía ahora que la verdad estaba en eso, en que Babs y Hawkins fueran ilusiones, porque solamente las ilusiones eran capaces de mover a sus fieles, las ilusiones y no las verdades.”
Así pues pongo punto final a la serie de artículos relacionados con las 11 Reformas estructurales de nuestra Mente Social. Textos que han abierto conversaciones interesantes sobre los pequeños cambios mentales y las conductas necesarias para ir mejorando, poco a poco, nuestra sociedad. Agradezco el tiempo generoso dedicado por los lectores que se han chutado toda la serie y a los que no lo han hecho todavía, los invito a que lo hagan. No le saquen.