El futuro de nuestros nietos, promisorio y con nuevo retos

blogeditor · 12 de agosto de 2014

El futuro de nuestros nietos, promisorio y con nuevo retos

El economista catalán Andreu Mas-Colell (Barcelona, 1944) enseña economía en la Universidad Pompeu Fabra, de la ciudad condal. De 1972 a 1981, trabajó como profesor en la Universidad de Berkeley  y de 1981 a 1995 en la Universidad de Harvard. Su especialidad es la microeconomía y en 1995, junto con Michael Whinston y Jerry Green, publicó Microeconomic Theory, que se utiliza como un manual de referencia, para el estudio de esta disciplina, en muchos países del mundo.

En “Keynes, sus nietos y los nuestros”, que aparece en In one hundred years: leading economists predict the future, editado por Ignacio Palacios-Huerta, (Massachusetts Institute of Technology, 2013) ofrece su visión optimista, no idealista, del desarrollo de la economía en los próximos 100 años y de los nuevos y distintos retos que se pueden hacer presentes. A continuación ofrezco una síntesis del mismo.[1]

En 1930, John Maynard Keynes leyó su ensayo “Posibilidades económicas para nuestros nietos” en la Residencia de Estudiantes en Madrid. Su lectura causó estupor en una audiencia ansiosa de escuchar su visión sobre la economía de 1930. Keynes, en un mundo que atravesaba una depresión sin precedente, prefirió ofrecer una visión optimista del futuro. Él predijo que en 100 años el estándar de vida se multiplicaría entre cuatro y ocho veces al valor de entonces. También dijo que el futuro la economía no sería un problema.

Leído en la actualidad, su escrito es fuente de ideas y en cierta manera da en el blanco. De hecho, exhibe una actitud que con los años se ha vuelto característica del pensamiento económico: optimismo, o si se prefiere, optimismo precavido. La disciplina económica siempre ha tenido dos espíritus: Uno que ve a la economía como ciencia limitada que nos indica que nada es gratis y que los esfuerzos proactivos que buscan resultados inmediatos fracasan. El otro dice que las limitantes son dinámicas y que tiempo, trabajo y valor son factores cambiantes. Ahora, el segundo espíritu es muy activo. La economía ya no es una ciencia deprimente y el autor ofrece una visión de optimismo precavido como en su momento lo hizo Keynes.

El futuro de los retos clásicos

El mayor reto, de acuerdo con Keynes, era el estándar de vida. Fue optimista, pero no ingenuo, y consciente que el ritmo del progreso dependería de ciertas condiciones. Enumeró tres: la habilidad de contener el crecimiento poblacional; la confianza en los avances científicos, y la habilidad de evitar guerras y conflictos civiles. Todas, de alguna manera, han sido y siguen siendo satisfechas, aunque siempre prevalece un margen para dar marcha atrás.

1.- Alrededor del año 2113 habremos eliminado la pobreza del mundo. La población entera disfrutará de un mejor estándar de vida. El ciudadano promedio en el mundo recibirá un ingreso per cápita comparable al de un estadounidense de estrato bajo al día de hoy.

2.- La expectativa de vida aumentará y seremos más saludables. Esto no será por hábitos deportivos, higiene o salubridad sino a consecuencia del progreso médico. También habrá un incremento en el gasto del PIB en los servicios de salud, que acelera el desarrollo de la biomedicina. La competitividad reduce el costo de los tratamientos y, por lo tanto, aumenta la demanda del servicio médico.

3.- Los países más avanzados serán en promedio más ricos. Eso le permitirá duplicar sus estándares de vida.

Los nuevos retos

Muchas de las preocupaciones que ahora nos ocupan habrían sorprendido a Keynes. Preocupaciones acerca del suministro energético, la condición física, nuestro deseo de preservar la integridad del aire, la tierra y la diversidad animal. Con eso nos referimos a “preocupaciones existenciales”, no tanto a la permanente ansiedad sobre la disponibilidad de materia prima.

El autor está convencido que mientras no cometamos errores en el sistema de gobernanza global, los nuevos retos no modificarán drásticamente el optimismo expresado durante la revisión de los retos clásicos. Así:

1.- Porque el sol continúa en su lugar, contamos con una inagotable fuente de energía. Probablemente ni en cien años vamos a encontrar una solución milagrosa al problema de cómo hacer conveniente la energía solar. Los logros alcanzados en el desarrollo de energías renovables no deben descartarse. La energía en el próximo siglo seguirá siendo costosa, pero no prohibitivamente cara. Debemos dejar a los precios hacer lo suyo: si el costo de la energía aumenta, la respuesta será la sustitución y ajustes económicos naturales en el mercado. Este efecto no sería nuevo ya que contamos con el primer antecedente de la crisis petrolera de 1973.

2.- Con respecto al ambiente, debemos refinar nuestro pensamiento y admitir que el horizonte de la discusión no es uno sino muchos. En un extremo tenemos una multitud de ambientes locales alrededor de nuestras casas, escuelas, trabajos, y por el otro tenemos al planeta como un todo. Las alternativas harán del ambiente futuro mejor que el de ahora. No debemos inhibir la demanda a la comunidad política internacional de coordinarse y generar soluciones.

La organización de la economía

El autor no espera grandes cambios en la evolución del trabajo, pero sí que éste va a experimentar modificaciones significativas en cuanto a su organización:

1.- El concepto del trabajo diario se transforma en una dirección: flexibilidad. Nuevas tecnologías de la comunicación ofrecen la posibilidad, y la conveniencia de no estar sometido a horarios. El auge actual de la reconciliación entre hogar y trabajo es la primera manifestación de una tendencia que será irreversible. Tanto el concepto de jornada laboral como la división entre escuela, familia y trabajo se desintegrarán con el tiempo.

2.- La diferencia entre el contrato laboral y el servicio contractual desparecerá. En el futuro habrá funcionarios civiles por un lado, y trabajadores independientes por el otro. El autoempleo correrá paralelo a la trasformación de compañías tradicionales.

3.- Keynes sugirió que la jornada laboral de sus nietos evolucionaría a una de tres horas por día, y expresó preocupación por la falta de entrenamiento debido al incremento en el tiempo de descanso. Difícilmente la jornada laboral se reducirá a tres horas diarias por las siguientes razones:

  • La primera es que el trabajo se ha hecho interesante. El trabajo rutinario, incluyendo lo intelectual, se automatiza y hace menos costoso. Las personas empleadas podrán desempeñar otras tareas (multitareas) adicionales a su actividad principal, eso aumentará el espectro del ingreso. Por otro lado, quien permanezca atado a una sola tarea, deberá competir y mejorar su habilidad para desempeñarse como el mejor en ese puesto.
  • La segunda es el rol de la formación profesional, en este contexto la motivación y los incentivos por la promoción serán muy poderosos. Eso hará que nuestras jornadas duren lo mismo que nuestras ganas por trascender.

4.- En la época de nuestros nietos, la manufactura estará estandarizada, ocupando una pequeña fracción de la fuerza laboral. Esto significa que habrá oportunidad para fabricar bienes y servicios personalizados, valuados por su calidad y singularidad, producidos por una fuerza laboral altamente especializada.

Es común ahora referirse a la economía como la “economía del conocimiento”. El autor propone sea sustituido por el de la “economía de la acreditación”. Esto designa mejor el nuevo escenario al que entramos, caracterizado por más competencia, autoridad y credibilidad que necesita ser certificado. La acreditación se vuelve algo importante en las economías modernas. La pregunta es: ¿tendremos los niveles y formas pertinentes de acreditación?

El azote de la pasada tormenta financiera responde a fallas masivas. Estamos aprendiendo que la acreditación es esencial para el debido funcionamiento del mercado financiero y falló la provisión de ésta. Antes la reputación era suficiente para generar un universo de buenas prácticas (consultoría, compra/venta acciones, transferencias, bonos, certificados, bancarrotas), pero ya no basta. Dada la magnitud de la falla del mercado se ha abierto un margen para subsanarlo con regulación pública y acreditación profesional.

¿Existe algo superior al problema económico?

¿El problema económico dejará de ser el problema de la humanidad? El autor cree que Keynes tenía razón, pero el problema no desparecerá del todo, así que aún queda trabajo para los economistas.

El tema económico pasará de ser “el” problema a “un” problema. Conforme el nivel de bienestar aumenta y abarca a la totalidad de la población mundial, el futuro presenta retos profundos y perturbadores que generalmente son descartados por la economía. ¿Estamos ciertos que la raza humana superará con prosperidad la amenaza de la guerra?, ¿Cómo asegurar que la acumulación de riqueza o el desarrollo tecnológico no harán surgir nuevos retos?

Si la humanidad atraviesa tiempos difíciles en los próximos 200 años, es más probable que sean de origen social o biológico a que sean energéticos, ambientales o económico tradicionales. Ciertamente un correcto funcionamiento del mercado requerirá expertos bien entrenados, y ellos serán los responsables de hacer del problema económico el menor de los males. También vendrán momentos críticos de los cuales se esperan resultados distintos. Porque antes que estalle la nueva crisis encontraremos advertencias y escritos previniéndola, pero que no tendremos en cuenta hasta desencadenar sus efectos catastróficos. Esto debe motivar a los economistas a redoblar el esfuerzo, incorporando anomalías y lo inesperado para mantener un satisfactorio paradigma de normalidad.

 

@RubenAguilar

 

[1] La traducción del artículo original es de Rodrigo Islas Mariaüd.