El Fin de la Nostalgia

arturof · 16 de julio de 2012

El Fin de la Nostalgia

Hace unas semanas, dos días antes de las (todavía latentes) Elecciones Presidenciales, fui invitado a participar en una conversación muy interesante en Washington D.C. El tema planteado por la afamada Brookings Institution era el futuro de México en el contexto de los posibles resultados de los comicios. En particular me pidieron que hablara sobre los retos estructurales que el próximo presidente tendrá que resolver.

Durante mi intervención hablé sobre muchos de los temas que con su ayuda hemos abordado en este blog. Hablé del gran reto de crecer más y mejor, de reducir la pobreza y la desigualdad y de resolver el parálisis político que ha costado tanto a nuestro país. Hablé de reformas específicas, las que todos conocemos, y de otras prioridades urgentes que podrían reanimar el dinamismo económico de México.

Pero más allá de políticas publicas o de tareas específicas, traté de tocar un tema más de fondo: el mayor reto que enfrentamos en México hoy, no es la inseguridad, ni la incertidumbre política, ni los desequilibrios económicos, es la enorme tentación que representa el pasado… es la nostalgia, dije al terminar mi intervención.

¿Nostalgia de que?

Definida como el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido o vivido en una etapa y que ahora está extinto o ha cambiado, la nostalgia en México se puede entender mejor empleando aquella vieja frase: estábamos mejor cuando estábamos peor. Es una especie de idealización del pasado, restando los muchos excesos y abusos, exagerando en los logros y el bienestar alcanzado, que muchos mexicanos padecen. Es una especie de esquizofrenia que hace que imaginemos las últimas décadas del Siglo 20 como una época dorada del país. ¿Será?

Cierto, en los 60as y 70as México crecía a tasas muy aceleradas, pero la hiperinflación y las crisis recurrentes le robaban cualquier ganancia en ingresos al ciudadano medio. Cierto, el sistema político hacía que México fuera más gobernable y las reformas se aprobaban, pero todas ellas venían dictadas de una sola persona, el Presidente, que además utilizaba el poder a su gusto. Cierto, México no tenía los niveles de violencia que hemos visto en los últimos años, pero la impunidad y la corrupción eran gestionadas, y no combatidas, por el Estado.

Y entonces ¿de donde viene esta nostalgia? Personalmente creo que nace del miedo al cambio y se nutre de la ignorancia, la arrogancia, la apatía y la comodidad.

Si  aceptamos todo esto como su origen, es fácil ver que el voto de la nostalgia se lo llevó claramente @EPN. Por él votaron los de mayor edad y menor educación; por él salió a las calles el voto corporativo y se alinearon los gobernadores del PRI; además, el candidato del copete obtuvo su ventaja principalmente entre las mujeres, comúnmente más conservadoras que los hombres en términos políticos.

Aunque nunca sabremos cuál hubiera sido el resultado de esta elección sin la enorme influencia de los medios, el gasto excesivo en las campañas y la compra de conciencias (y votos) es claro que el resultado no puede significar, de ninguna manera, una apuesta al cambio. En este 2012, ganó la nostalgia.

Regreso al Futuro…

Cual Marty McFly en Volver al Futuro desperté el 2 de julio desorientado y confundido, con una severa cruda post-electoral. Acto seguido, me topé con una carta de @EPN en el New York Times donde (además de firmar como Presidente Electo sin constancia) nos narraba ya una visión modernizandora para el siguiente capítulo de México…

“El objetivo de mi generación no es la ideología sino el éxito medible en la disminución de la pobreza en México. Así es como goberné el Estado de México, el estado más poblado, de 2005 a 2011. Voy a gobernar con realismo pragmático y una estrategia clara a largo plazo. Los países en desarrollo como India, China y Brasil han mostrado el camino a la mitigación de la pobreza significativa y duradera a través de reformas institucionales y políticas económicas centradas en el crecimiento. Es hora de que estas mejoras lleguen a México.”

Sin embargo, es falso que haya existido una disminución en la pobreza, como se indica. Y además, como dice esta nota de Joshua Keating, México ya es más rico que India, China y Brasil. ¿No será que buscarán hacernos más pobres para después implementar estas reformas? me pregunté, todavía en estado de shock. 

Así, en menos de 24 horas, México vivió el fin de la nostalgia. Poco a poco fui recobrando el sentido de tiempo-espacio para darme cuenta que había cambiado el uso-horario: favor de retrasar su reloj 72 años, decían por ahí.

Así, en un abrir y cerrar de ojos, volvieron las viejas prácticas del PRI. Las de mentir en medios internacionales para crear una imagen de control y éxito en el país. Las de hablar de inclusión y vocación de servicio mientras confabulan en secreto y se sirven a ellos mismos. Las de cobrar favores con puestos públicos, controlar lo que se dice y escribe a través de dádivas, y presionar a quien no piensa igual a dejar de hacerlo (¿o cómo interpretan la renuncia de Pedro Ferriz de Con?)

En la democracia se gana o se pierde, me queda claro. Estoy casi seguro que el Tribunal Federal Electoral no estará a la altura del momento histórico, una invalidación se ve muy lejana, y el resultado actual será irreversible.

Hoy felicito a quienes formarán parte de nuestro próximo Gobierno Federal, amigos y no tan amigos entre ellos. Hoy agradezco a los que no lograron la victoria electoral, pero han luchado por hacer de nuestra patria un lugar más digno y justo. Hoy México despierta con una nueva nostalgia: la del futuro que no será.