El fetichismo del voto

Redacción Animal Político · 29 de mayo de 2025

El fetichismo del voto

Imagine un juez blanco que fue electo por la mayoría blanca de un distrito. ¿Qué justicia puede esperar la población minoritaria negra? ¿Qué opinión tendrán los votantes cuando ese juez dé la razón a una persona negra o de cualquier otra minoría por encima de una persona blanca? Estudios de universidades, que hoy quieren ser censuradas por el régimen de Trump, han demostrado que en lugares de Estados Unidos donde esto ocurre, los jueces tienden a responder a sus votantes, es decir, a los intereses de las mayorías, no a la justicia. Esto debería ser suficiente para buscar otro método de elección de jueces que no fuera la votación.

Los jueces no tienen que representar más que a la justicia; los jueces incluso pueden llegar a ser contra mayoritarios por el bien superior de la justicia y no ser presionados ni coartados por hacerlo, al menos no en una sociedad democrática. El abogado del garantismo jurídico, Luigi Ferrajoli, dice que “los derechos humanos son la ley del más débil”, esto sólo es posible cuando los jueces son los defensores de los más débiles. Esa fue nuestra aspiración como país naciente, reflejada por Morelos en Los Sentimientos de la Nación: Que todo el que se queje con Justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo proteja contra el fuerte y el arbitrario. Si dejamos que los jueces sean electos por las mayorías no será posible proteger a las minorías más débiles contra las mayorías arbitrarias.

Imagine un juez partidario de Morena. ¿Cómo serán sus juicios cuando esté implicado un panista o un reportero crítico del proyecto de la autodenominada 4T o una comunidad indígena que se opone a un macroproyecto gubernamental en su territorio? ¿Cómo será visto por la mayoría que le votó o el poder que lo nombró, si favorece a los contrarios? ¿Y cómo será tratado por el Tribunal de Disciplina Judicial que será votado por la misma mayoría? ¿Cómo será en estados donde gobierna el PAN o el MC y, en esa lógica, que las votaciones favorezcan a jueces de su misma militancia? ¿No hará lo mismo? Imagine ahora que con estas mismas reglas nos gobernara en un futuro una mayoría de extrema derecha. ¿Qué pasaría? Cuando la justicia se confunde con popularidad, no es imparcial y no es independiente; cuando la justicia responde a las mayorías también se le conoce como linchamiento.

La independencia con respecto de las mayorías, del poderoso o el arbitrario, es lo que hace al poder judicial un contrapeso y un requisito fundamental para la justicia. José María Morelos se revuelca en su tumba. El poder legislativo y ejecutivo tienen una gran responsabilidad al eliminar esa garantía de independencia y de ponernos a la ciudadanía en este predicamento de ser sus cómplices llamándonos a votar en nombre de la democracia, fetichizando el voto.

El voto no es la democracia. El voto es apenas el medio para tener una representación (tergiversada y manipulada por los partidos). La democracia también es justicia, garantía de derechos, mecanismos de control y contrapesos al poder, y rendición de cuentas. Olvidamos que el verdadero propósito de la democracia, según sus teóricos independentistas, es aspirar a un régimen de gobierno que sea capaz de repartir equitativamente el poder político, económico y social; pero la inanición democrática a la que nos hemos acostumbrado nos hace aspirar a las sobras que arrojan desde el poder en turno: el voto, sólo el voto.

Dicho de otro modo, hay una relación directa entre falta de democracia e impunidad, falta de democracia y desigualdad, violencia, discriminación o pobreza. Reducir la democracia al voto es hacerle el juego a un sistema político que no ha cambiado, cuyos integrantes se muestran en oposición, pero que en una cosa sí coinciden: en reproducir y, por lo visto, profundizar las prácticas de acumulación del poder en la primera oportunidad, a cualquier precio y a costa de la democracia.

Yo no votaré en las elecciones de jueces porque no quiero legitimar un proceso que pretende quitarnos la posibilidad y la aspiración de un estado democrático de derecho. Este 1 de junio se profundizará la crisis de estado de derecho y de democracia que vivimos desde hace varios lustros con sus consecuencias de más impunidad, pobreza y violencia. La solución no vendrá de la clase política sino de la ciudadanía, la urgencia nos está llamando, es tiempo de articularnos en defensa de la democracia.