El experimento fallido: cómo la Liga MX sacrificó la competencia por la comodidad de sus dueños

Jorge Avila · 15 de junio de 2026

El experimento fallido: cómo la Liga MX sacrificó la competencia por la comodidad de sus dueños

Había una pregunta que rondaba en los foros de internet, en las tribunas vacías de los estadios de segunda división y en las conversaciones de los analistas deportivos desde que en abril de 2020 los dueños de la Liga MX tomaron una decisión sin precedentes en el fútbol moderno: suspender el ascenso y descenso por seis temporadas.

¿Qué le pasa a un sistema de fútbol profesional cuando le quitas el principal incentivo para competir?

Ahora hay una respuesta académica, con datos, con modelos econométricos y con evidencia suficientemente sólida como para sentar en el banquillo a los que diseñaron esa reforma. Un grupo de investigadores de la Universidad de Houston acaba de publicar un working paper que analiza más de 5,400 partidos entre 2016 y 2026, cruza las probabilidades de las casas de apuestas con los resultados reales, y concluye algo que en la práctica ya se veía en cada domingo de fútbol mexicano: la suspensión del ascenso y descenso concentró el talento en la parte alta del sistema, debilitó la intensidad competitiva en la segunda división, y amplió una brecha económica que ya existía pero que la reforma convirtió en abismo.

El estudio se llama Promotion, Relegation, and Competitive Balance: Evidence from Mexican Fútbol y fue elaborado por Joaquin Pinto, Pablo M. Pinto, Sebastian Saiegh y Juan Pablo Micozzi. Sus hallazgos llegan justo cuando el descenso y ascenso están a punto de regresar, después de que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) confirmara en 2025 que el sistema debía restaurarse a partir de la temporada 2026-27.

La apuesta y el partido

Para entender qué cambió con la suspensión, los investigadores usaron una metodología elegante pero convencional en estudios sobre Europa: comparar lo que las casas de apuestas esperaban que pasara en cada partido con lo que realmente ocurrió.

La lógica es la siguiente: cuando una casa de apuestas asigna probabilidades a un partido, está resumiendo toda la información disponible sobre los dos equipos, su forma, su plantilla, su historia reciente. Si un equipo es claramente superior, las apuestas lo reflejan con una probabilidad alta de victoria. En condiciones normales, los favoritos ganan más de lo que se esperaría por azar, mientras que los equipos débiles, los llamados “longshots”, pierden más seguido de lo que sus cuotas sugieren.

Ese patrón, conocido en la economía del deporte como el sesgo favorito-longshot, es la evidencia de que la calidad se traduce en resultados. Cuando los equipos buenos ganan con más frecuencia de la esperada, quiere decir que el sistema tiene incentivos para que los mejores lo sean en la cancha, no solo en el papel.

Lo que encontraron los investigadores al revisar la Liga de Expansión MX durante la suspensión fue exactamente lo contrario.

Lo que pasó en la segunda división

El colapso de los incentivos fue más visible en la segunda división. Antes de la suspensión, en lo que los investigadores llaman la Fase 1 (temporadas 2016-17 a 2018-19), los favoritos en el Ascenso MX obtenían triunfos con más frecuencia de lo que sus cuotas anticipaban. Era un sistema con lógica: los mejores equipos ganaban más. Los débiles perdían más. Las apuestas eran un termómetro razonablemente confiable del nivel de los equipos.

Con la suspensión, ese termómetro se rompió. Durante las Fases 2 y 3, que corresponden a los primeros años sin ascenso ni descenso, los equipos favoritos en la Liga de Expansión ganaron entre 5 y 7 puntos porcentuales menos de lo que sus probabilidades sugerían. Al mismo tiempo, los longshots ganaron entre 2 y 4 puntos porcentuales más de lo esperado, y los empates se volvieron más frecuentes.

Traducido al español futbolístico: los mejores equipos de la segunda división dejaron de ganar con la frecuencia que su nivel haría esperar. Los más débiles ganaron más de lo que el mercado  suponía. En el agregado, el resultado de cada partido se volvió más impredecible, no porque hubiera más paridad real, sino porque los incentivos positivos habían desaparecido y la liga tendió a igualarse para abajo.

Los partidos de playoff ilustran el fenómeno de forma aún más clara. Antes de la suspensión, los favoritos en los juegos de eliminación directa en la segunda división ganaban el 63% de las veces, frente al 47% en los partidos de temporada regular. Era la respuesta natural: cuando hay algo importante en juego, los mejores se ponen las pilas. Los débiles apenas ganaban el 11% de los playoffs, frente al 27% en la fase regular.

Con la suspensión, esa diferencia desapareció. Los favoritos en playoff y en partidos ordinarios ganaron por igual, alrededor del 48% de las veces. Los débiles rondaron el 22-25% en ambos contextos. La competencia de eliminación directa dejó de ser un escenario de mayor exigencia porque, en el fondo, ya no había nada que perder de verdad.

En la Liga MX: todo igual, y eso también es un problema

Si el efecto en la segunda división fue dramático, en la Liga MX el panorama es más ambiguo, y esa tendencia en sí misma cuenta una historia.

Los investigadores encontraron que en el máximo circuito los patrones de resultados se mantuvieron estables a lo largo de todo el periodo. Los favoritos siguieron ganando en la misma proporción, los longshots perdieron como siempre, y las probabilidades de las apuestas siguieron siendo un buen predictor de los resultados.

En apariencia, la Liga MX siguió siendo igual de competitiva, pero esa estabilidad se logró a un costo muy alto que los datos de mercado revelan con crudeza.

El dinero habla

Podría argumentarse desde cierta perspectiva que los hallazgos previos se debieron a un incremento en la calidad de todos los equipos, lo cual haría que los errores de los pronósticos fuesen reflejo de una liga mucho más abierta y competitiva, al estilo de la Premier Leage inglesa. Para corroborarlo, debería haber un impacto en otras variables de la competencia que los autores intentaron verificar en la segunda parte del estudio, donde se analizan los valores de mercado de los jugadores usando datos de Transfermarkt, la plataforma de referencia en el mundo para seguir el precio de los futbolistas

El resultado es contundente. Antes de 2020, el valor promedio de un jugador en el Ascenso MX rondaba los 500 mil euros. Después de la suspensión, ese promedio cayó a 400 mil euros. En la Liga MX, el movimiento fue en sentido contrario: el valor promedio por jugador subió de 1.4 millones de euros a 1.8 millones. ¿Puede establecerse una relación causal directa entre el nuevo formato y la variación en las cotizaciones?

Los investigadores usaron una técnica estadística que permite comparar lo que realmente ocurrió con lo que habría pasado si la suspensión nunca hubiera existido. La pregunta concreta es: después de 2020, ¿subieron los valores de los jugadores en Liga MX más de lo que habrían subido en un sistema normal, con ascenso y descenso vigentes?

La respuesta es sí, y por mucho. El modelo calcula que la suspensión se tradujo en un incremento de aproximadamente 48% en el valor de los jugadores de primera división frente a los de segunda. Y ese resultado no es un dato aislado: el margen de error del análisis indica que incluso en el cálculo más conservador, el efecto sigue siendo enorme.”

Cuando el análisis se repite con los valores de los clubes en lugar de los jugadores individuales, los resultados son aún más sólidos. Con distintas combinaciones de controles estadísticos, el efecto de la suspensión sobre el valor relativo de los equipos de Liga MX oscila entre 57% y 63%. Y esta brecha no desaparece cuando los investigadores controlan por temporada, por torneo o por el efecto fijo de cada club. El resultado es robusto a todas las especificaciones.

Dicho de otra forma: los clubes de primera división se enriquecieron en términos de valor de plantilla a un ritmo mayor del que se habrían enriquecido si el sistema hubiera seguido abierto. En contraste, los de segunda se empobrecieron relativamente, porque dejaron de ser destinos atractivos para inversión y talento.

La lógica detrás del sistema

Para entender por qué estos efectos pueden considerarse inevitables, hay que entender la lógica económica de los sistemas de ascenso y descenso, la cual trasciende largamente el caso mexicano.

En un sistema abierto, la membresía en la primera división no está garantizada. Si tu equipo juega mal durante suficientes torneos, cae. Eso significa perder ingresos por televisión, patrocinios, asistencia y visibilidad. El riesgo de descenso obliga a los propietarios a invertir, a los entrenadores a exigir y a los jugadores a rendir. La amenaza no tiene que materializarse para funcionar: basta con que exista.

Para los equipos de segunda, la posibilidad de subir hace que valga la pena invertir en infraestructura, en jugadores, en formación. Si subes, los ingresos se multiplican. Investigaciones en Europa sugieren que el ascenso vale entre 238 y 280 millones de dólares en ingresos adicionales durante los siete años siguientes. El descenso cuesta entre 225 y 262 millones en el mismo periodo. Esas cifras dan idea del tamaño del incentivo que está en juego.

México eliminó ese incentivo de un golpe y lo sustituyó por multas que, según el estudio, son órdenes de magnitud menores que las pérdidas reales que implicaría un descenso. El cálculo de los dueños era claro: la estabilidad garantizada valía más que la competencia. El costo lo pagaron los aficionados, los equipos de segunda y la calidad del fútbol mexicano en su conjunto.

¿Por qué lo hicieron?

El argumento oficial de la Liga MX en 2020 fue que la suspensión era necesaria para estabilizar a los clubes de segunda división, financieramente vulnerables en medio de la pandemia de COVID-19. El comunicado hablaba de un “proyecto de estabilización” que incluía reducir la segunda división de 17 a 15 equipos, convertirla en liga de desarrollo y transferirle recursos para compensar la pérdida de la posibilidad de ascenso.

El estudio reconoce que esa justificación tenía cierta lógica en el corto plazo. El ascenso y descenso genera shocks financieros violentos que pueden hundir a un club mal preparado. El problema es que la solución que eligió la Liga MX no fue diseñar mecanismos de protección, como los pagos de paracaídas que existen en la Premier League inglesa para los equipos recién descendidos, sino simplemente eliminar el sistema.

El resultado fue predecible: los clubes de primera se beneficiaron de la certeza sin asumir ningún costo, mientras que los de segunda perdieron el principal incentivo para competir y los recursos que un sistema abierto les habría garantizado a través de la movilidad.

Ricardo Ferretti, exentrenador de la selección nacional, lo resumió con una frase que los investigadores citan al inicio del estudio: “Vivir sin ascenso y descenso es promover la mediocridad. El nivel del fútbol en nuestro país ha bajado notablemente.”

El regreso del sistema: ¿alcanza con abrir la puerta?

El Tribunal de Arbitraje Deportivo confirmó en 2025 que el ascenso y descenso debe regresar a partir de la temporada 2026-27. La presión de los clubes de segunda división, que llegaron al TAS argumentando que la suspensión era anticompetitiva, tuvo resultado.

Pero los investigadores advierten que restaurar el sistema no es suficiente por sí solo. La brecha que se abrió durante seis años entre las dos divisiones, en términos de valores de mercado, infraestructura y capacidad financiera, no va a cerrarse automáticamente cuando vuelva el ascenso y descenso. Sin mecanismos complementarios, el sistema abierto puede seguir produciendo desigualdad: los mismos clubes de primera se mantendrán, y los de segunda tendrán que competir en condiciones de desventaja estructural.

Las lecciones de la literatura internacional son claras al respecto. El ascenso y descenso no es un interruptor que simplemente mejora todo. Aumenta los incentivos y la movilidad, sí. Pero sin reparto de ingresos televisivos, sin pagos de paracaídas para los descendidos y sin límites al gasto que eviten que los ricos se escapen aún más, el sistema abierto puede producir su propia versión de la desigualdad.

La Liga MX tendrá que decidir si vuelve en 2026 al sistema abierto con las mismas reglas de siempre (las vigentes en prácticamente todas las ligas del mundo), o si aprovecha la restauración para construir un modelo más equitativo. El estudio de Pinto, Pinto, Saiegh y Micozzi ofrece evidencia para esa discusión. Los datos dicen que el experimento cerrado fue un fracaso para la competencia. La pregunta ahora es si los dueños de los clubes están dispuestos a construir algo mejor, o si el regreso del ascenso y descenso será solo el mínimo exigido por el tribunal.

Los números clave

Estas son las cifras del estudio que resumen lo que ocurrió con el fútbol mexicano durante la suspensión:

  • 5 a 7 puntos porcentuales menos ganaron los favoritos en la Liga de Expansión, en comparación con lo que sus probabilidades de apuesta sugerían. El efecto fue estadísticamente significativo en los primeros cuatro años de la suspensión.
  • 48% fue el incremento en el valor de los jugadores de Liga MX relativo a los de Liga de Expansión después de 2020, con intervalo de confianza de 28% a 71%
  • 57% a 63% fue el rango de incremento en el valor de los equipos de primera división relativo a los de segunda, según distintas especificaciones del modelo aplicado a los valores de clubes.
  • 63% vs 47% era la tasa de victorias de los favoritos en playoff versus temporada regular en la segunda división antes de la suspensión. Con la suspensión, ambos convergieron al 48%, eliminando la diferencia entre partidos de alta y baja exigencia.
  • 5,400 partidos entre 2016 y 2026, combinando datos de FootyStats y Oddsportal, forman la base empírica. Las probabilidades se normalizan para eliminar el margen de las casas de apuestas y obtener una estimación limpia de las expectativas del mercado.

¿Qué sigue?

El fútbol mexicano llega al Mundial 2026 saliendo de seis años de congelamiento competitivo. El regreso del ascenso y descenso parecería ser un paso en la dirección correcta, pero los efectos no desaparecerán de inmediato.

Los clubes de la Liga de Expansión tendrán que reconstruir su atractivo para jugadores e inversores en condiciones peores que las de 2019. Los de primera enfrentarán, por primera vez en seis años, la amenaza real de caer. Y el sistema tendrá que demostrar que puede generar movilidad genuina, no solo la promesa de ella.

El paper de la Universidad de Houston ofrece una fotografía precisa de lo que costó el experimento. Lo que la fotografía no puede mostrar es si quienes tomaron la decisión original van a estar dispuestos a mirarse en ella.

El working paper “Promotion, Relegation, and Competitive Balance: Evidence from Mexican Fútbol” es parte de la serie CPP Working Paper 2026-03 del Center for Public Policy de la Hobby School of Public Affairs de la Universidad de Houston. Los autores son Joaquin Pinto, Pablo M. Pinto, Sebastian Saiegh y Juan Pablo Micozzi. Es un primer borrador; los autores solicitan no citar sin su autorización.