Redacción Animal Político · 26 de octubre de 2018
Por: Máximo Jaramillo Molina
Debido a la represión a la #CaravanaMigrante el pasado fin de semana en la frontera sur, muchas personas en redes sociales han reaccionado con posiciones sumamente conservadoras y estigmatizantes hacia la población centroamericana que intenta cruzar el país para llegar a Estados Unidos.
Argumentos como “Van a generar sobrepoblación”, “son delincuentes”, “no se entra a un país rompiendo rejas o saltando bardas”, “no hay suficientes empleos para ellos” o “deberíamos atender primero la pobreza que hay en México”, entre otros, han sido lugar común en el feed de cualquier usuario de Facebook o Twitter en México.
Los hechos y datos claramente invalidan dichos discursos:
Pero más allá de eso, quiero señalar algo que en muchos análisis y opiniones parece pasarse de largo: esta reacción xenófoba-clasista-racista es solo una expresión de la narrativa meritocrática, aquella que sostiene que “el que quiere, puede” y que, en general, las mejores posiciones en la sociedad son ocupadas por aquellos con mejores capacidades individuales.
Pensemos lo siguiente: si está comprobado que más del 50 % del ingreso se determina por el país donde vives[1], ¿Cuál es la legitimidad de que los habitantes de un país rico (como Estados Unidos) ganen más que los de un país pobre (como Honduras), si al menos la mitad de sus ingresos no se relacionan con su esfuerzo o mérito, sino con la buena o mala suerte de haber nacido en esos países?
De hecho, para la mayoría de la población, el lugar de residencia es el mismo que el de nacimiento. De ahí que, bajo esta lógica meritocrática, las personas migrantes deberían ser reconocidas por su esfuerzo al buscar una manera lógica y rápida de modificar sus ingresos.
Una vía para generar solidaridad es desmontar la narrativa estigmatizante hacia las personas migrantes centroamericanas en pobreza, narrativa que se desprende directamente del mito de la meritocracia, tan afianzado y reafirmado en los imaginarios sociales durante las últimas décadas.
Con ese ímpetu que rechazamos las críticas a la caravana migrante es que debemos cuestionar mitos como: “el pobre, es pobre porque quiere”, “todo depende de ti mismo”, “los ricos son más inteligentes, talentosos, arriesgados o emprendedores”, “los pobres viven del Estado” y muchas otras invenciones creadas alrededor de la meritocracia.
Que este momento nos sirva como lección para comprender la fuerza de las narrativas estigmatizantes, como el principal motor reproductor de la desigualdad y pobreza en nuestras sociedades, y también entre países.
* Máximo Jaramillo Molina es Coordinador de estudios de desigualdad en Oxfam México (@oxfammexico).
Referencia:
[1] De acuerdo a los cálculos de Branko Milanovic.