El Estado no falla sólo en seguridad

blogeditor · 8 de diciembre de 2014

El Estado no falla sólo en seguridad

“Un país funciona si puedes confiar en el correo y en la policía”. Se lo he escuchado responder a un escritor cada vez que le preguntan sobre alguna diferencia que ve entre Japón y México.

Como están las cosas en México uno no quisiera echarle leña al fuego y hablar mal, pero como volví a caer en la tentación de enviar un paquete por correo certificado y de nuevo cayó en el hoyo negro de la deshonestidad que impera dentro de los empleados del Servicio Postal Mexicano (@Mexpost_Correos), vuelvo a la queja.

Muchos años en Japón y cada vez envío menos paquetes certificados, incluso por compañías privadas, porque malas experiencias me han tocado sólo cuando van dirigidos a México. Uno pensaría que sólo SEPOMEX no funciona porque es una compañía pública, pero con empresas privadas como FEDEX y ESTAFETA también he pasado malos ratos.

FEDEX en una ocasión llamó a casa del destinatario —mis padres— para decir que si querían el paquete necesitaban pagar 400 pesos más porque había “bisutería” no declarada dentro del paquete. Cosa totalmente falsa. Desde Japón la oficina de FEDEX verificó todo el contenido –que además no contenía bisutería– y pagué el monto requerido. Una vez en las oficinas de FEDEX en México ellos inventaron lo de la bisutería y pidieron un extra para poder hacer la entrega. Un soborno del mensajero o de la oficina de la ciudad de destino para entregar el paquete, pues incluso ya había pasado por la aduana del aeropuerto. Mis padres, ignorando el abuso, lo pagaron porque para ellos era más importante recibir el paquete de su hija desde Japón.

En ESTAFETA, en otra ocasión, sustrajeron mercancía. Solo entregaron la mitad aprovechando que venían dos paquetes en una sola caja, pero también totalmente verificados y declarados cuando se hizo el envío. El reclamo fue inútil. Horas de espera en el teléfono con una operadora robot, hasta que terminé por desistir en el reclamo.

[contextly_sidebar id=”zGRsBpMXKflHOTEHtgu0mVoeClA02KqP”]Pero SEPOMEX se lleva la medalla del más ineficiente y deshonesto servicio, por lo menos en mi experiencia. En todas las ocasiones que he enviado un paquete, éste llega en tres días al Aeropuerto Internacional Benito Juarez. Pero de ahí a su destino, sea la propia Ciudad de México, Toluca, Guadalajara, Veracruz, Chihuahua o Tijuana, tarda entre 20 o 30 días y en más de una ocasión sencillamente no llega.

Lo curioso es que el correo japonés, atendiendo el reclamo de los usuarios que envían cosas a México, puso un mensaje desde 2011 en su página web:

“Como ha habido retrasos de la entrega en la oficina de correos del aeropuerto de México, con subsecuentes retrasos adicionales en la entrega de correo, avisamos que los envíos por vía aérea de los tipos indicados en la tabla siguiente están retrasados en su entrega a México.

Le pedimos su comprensión. El Servicio Postal de Japón ha pedido al Servicio Postal Mexicano que mejore lo más pronto posible esta situación”.

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A principios de noviembre pasado, envié dos paquetes con un día de diferencia. Uno a las afueras del Distrito Federal y otro a Saltillo. En ambos casos el paquete llegó en tres días al aeropuerto de la capital mexicana. A las afueras del DF fue entregado exactamente 20 días después cuando el trayecto en transporte público solo toma poco más de una hora y media.

Pero a Saltillo no ha llegado a su destino aunque en la página de SEPOMEX aparece que el día 24 de noviembre fue entregado a una tal Yolanda Alvarado, que ni el destinatario ni yo conocemos. Pero al mismo tiempo indica que un día después, el 25 de noviembre, el paquete se encontraba en ruta con mensajero a su destino. Resignadamente lo he dado por perdido, pero con la convicción de que nunca más enviaré algo a México.

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En Japón en cambio, las experiencias que he tenido con el servicio postal han sido siempre extraordinarias que para muchos serían de una historia de ficción digna de Murakami, pero que aquí son totalmente reales y normales.

En una ocasión recogí un sobre del buzón y noté que estaba un poco arrugado, tenía un raspón y estaba con una mancha mínima. También noté que tenía un papel color verde pegado con un mensaje de la oficina de correos. Decía:

“La correspondencia por descuido fue dañada. Sinceramente pedimos disculpas”. (Aunque literalmente la traducción es: no tenemos perdón).

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En varias ocasiones he depositado en los buzones de la calle sobres con estampas postales previamente pagadas pero sin verificar el peso y el costo equivalente, por lo que varias veces he pagado menos de lo requerido. En menos de dos días me llegó un aviso para informarme que pasara a la oficina de correos a pagar los 10 o 20 yenes (1 o 2 pesos mexicanos) que faltaron, a pesar de que la entrega ya ha sido hecha. Por supuesto que inmediatamente fui a pagar el faltante.

Dos ocasiones he enviado dinero de Kioto a Tokio sin ningún contratiempo. Y en otra ocasión mi esposo compró un libro en una librería de viejo por internet. Le llegó primero el paquete con el recibo a pagar en la oficina de correos más cercana.

Por estos pequeños detalles uno se enamora de Japón. Corrijo: uno no “se enamora”, se encarcela a Japón para no querer salir.

 

@lamonse