El espacio para la construcción de la paz

Redacción Animal Político · 29 de mayo de 2023

El espacio para la construcción de la paz

A propósito de la guerra contra el narcotráfico que conllevó un aumento en el número de personas asesinadas y desaparecidas, en México se hizo hincapié -al menos en el discurso- de la necesidad de salvaguardar la integridad de la población y prevenir los delitos que la afectan. En el centro de la política de seguridad se reconoció la necesidad de la prevención, la reconstrucción del tejido social, así como la articulación de la participación ciudadana para resolver los delitos, en particular aquellos asociados a la violencia homicida y feminicida, malestar que aqueja a nuestro país.

No obstante, aunque la estrategia de seguridad que el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó fue denominada por él mismo como una de “abrazos, no balazos”, la inercia en materia rememora a las estrategias de seguridad previamente implementadas en otras administraciones. Estas obtuvieron, en el mejor de los casos, resultados magros y pusieron el énfasis de la política en la intervención de los cuerpos policiales y grupos castrenses, a los que se les sumó la Guardia Nacional.

En contraste, el espacio parece ser el gran ausente en la política de seguridad y paz. Ello no quiere decir que no se ha intentado retomar la idea de la participación ciudadana en el contexto del espacio público, sin embargo, las acciones apuntan a una idea de espacio desarticulado; es decir, de pequeños islotes aislados que buscan generar una suerte de comunidad en su entorno inmediato.

Como menciona el antropólogo español Manuel Delgado, el espacio público es el lugar en el que el Estado logra desmentir momentáneamente la naturaleza asimétrica de las relaciones sociales a las que escenifica el sueño imposible de un consenso equitativo. 1 Y en efecto, el sueño aparece cada vez más alejado en tanto la segregación social y la fragmentación del espacio, como consecuencias de estrategias políticas, han atendido espacios particulares en detrimento de las ciudades y la población en su conjunto.

En ese sentido, lo que no existe es una planificación urbana que impulse el fortalecimiento de la construcción de paz. Nuestras ciudades, así como nuestras localidades urbanas y rurales, han carecido de dicho enfoque. Ello ha generado algunos esfuerzos en materia, pero incluso en ciudades que han concretado la instalación de Institutos de Planeación Urbana (IMPLAN), estos no han sido capaces de convertirse en verdaderas entidades de planeación. Y poco han podido influir en materia de seguridad y paz.

Los principales problemas que han tenido los IMPLANES ante esto es que han sido incapaces de impulsar un modelo de ciudad integral, particularmente porque se han antepuesto los intereses de la política tradicional, mientras que en la articulación de un esquema de seguridad y de paz para la ciudad las estrategias han sido aún más escasas.

Algunos esfuerzos en materia de seguridad y paz destacan como el caso del Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (FICOSEC) en Chihuahua, el cual ha conseguido generar sinergias para el establecimiento de observatorios ciudadanos y de proyectos de intervención encaminados a fortalecer el enfoque de la seguridad ciudadana.

Otro caso es la implementación de la metodología CPTED, 2 de la cual se han elaborado manuales en distintas administraciones gubernamentales; sin embargo, este enfoque concibe como unidad al espacio público al cual se le aplican las técnicas de diseño para construir un espacio que inhiba la comisión de delitos. Haría falta, en este caso, voltear a mirar a las ciudades y a las zonas rurales en su conjunto.

La activista y divulgadora canadiense, Jane Jacobs, en su obra Muerte y Vida de las Grandes Ciudades identifica que la seguridad de los espacios no se gana con una mayor presencia policial sino a través de la interacción social que pone los ojos de “todos” en los espacios de convivencia, lo que imposibilita la concreción del delito.

Por ello es necesario generar una justicia y una reconciliación desde el espacio. Sin embargo, el despojo y la especulación, malestares presentes en el campo y ciudades mexicanas, se encuentran en la génesis de la segregación social y de la fragmentación del espacio. Es importante retornar al espacio como categoría clave para la construcción de la paz, ya que sin ella las posibilidades de justicia son difíciles de concretar.

Ejemplos de despojos hay muchos. Habría que voltear a ver a los grandes proyectos urbanos como las construcciones de presas que terminan por desplazar a comunidades completas en distintos estados del país. También contamos con ejemplos de especulación en las ciudades, que han encarecido y expulsado lejos de las áreas de trabajo a una clase trabajadora ya afectada en sus derechos. Se suma la delincuencia que nos arrebata nuestros espacios de convivencia, como lo hizo en Culiacán y en otras ciudades del país.

El objetivo debe ser recuperar el espacio como un eje para la construcción de paz y por ello el 22, 23 y 24 de marzo de este año se realizó la Conferencia Nacional de Paz. En ella diversos grupos propusieron hacer uso del espacio como parte de sus estrategias. Articular estos esfuerzos es necesario bajo el entendido que la paz no se produce aisladamente; solo con la participación de todos, recuperando nuestros espacios de convivencia, es posible generar una cultura de paz.

* Luis Gustavo Kelly Torreblanca (@LGKellyT) es Maestro en Sociología, sus líneas de investigación son Poder y Políticas Públicas.

 

1 Delgado, M. (2011). El espacio público como ideología. Madrid: Los Libros de la Catarata.

2 Prevención del Delito a través del Diseño Ambiental (CPTED por sus siglas en inglés).