Emprendimiento social en América Latina

blogeditor · 10 de diciembre de 2020

Emprendimiento social en América Latina

La pandemia como crisis de salud pública nos ha puesto en riesgo de supervivencia como especie. Un desafío común que se presenta como un primer ensayo de lo que va a suponer afrontar la crisis climática. Pero también un aprendizaje de que si bien los problemas son globales, las consecuencias y la búsqueda de soluciones requieren de una comprensión muy fina y de una atención diferenciada de los contextos locales.

La pandemia en América Latina, región económicamente categorizada de renta media (Gaudin y Pareyón, 2020 1), ha evidenciado sus brechas socioeconómicas más sangrantes: la falta de capacidad de ahorro público de los países dependientes de mercados internacionales; la informalidad de los empleos y la desprotección de miles de trabajadoras y trabajadores; el hacinamiento de muchas familias como consecuencia de desarrollos urbanos insostenibles; la reducción del espacio cívico en un momento de crucial importancia para construir derechos y libertades o la deforestación desaforada en los grandes pulmones del mundo, son solo algunos ejemplos. Entonces, ¿nos funcionan las mismas soluciones?

Este contexto de crisis nos desafía a reinventarnos, a emprender y es especialmente en estas situaciones en las que el emprendimiento social cobra una gran importancia porque se asocia a llevar a cabo una misión que implica un mayor esfuerzo de colaboración frente a una situación adversa.

Podría parecer innecesario tener que definir al emprendedor social, pero en la Fundación Avina hemos necesitado reconstruir esta definición para entender al sector del emprendimiento en este contexto de crisis. Emprender quiere decir, en primer lugar, identificar dónde está la necesidad, el fallo del sistema que crea una oportunidad, y, en segundo, construir la solución y asumir el esfuerzo de llevarla a cabo. Al emprendedor social, lo que le motiva a asumir ese esfuerzo no es solo la ocasión de cubrir una necesidad ofreciendo una solución, sino que transita por una delgada línea para que esa solución se convierta en el acceso y el ejercicio de un derecho, a un bien común, en definitiva, un fallo del sistema social que tiene consecuencias que se cifran a veces en personas que no pueden ejercer sus derechos a la alimentación, a la educación, al agua o que no pueden gozar de respirar aire limpio. Ahí está el emprendedor social, que puede tomar forma de organización, de movimiento, de cooperativa, de empresa social, de grupo, de líder barrial, de autoridad indígena. La diferencia entonces con otros tipos de emprendimiento es que el emprendedor social está en la mayoría de los casos guiado por una visión colectiva y esto es sustancial. Esta definición y diferencia cobra una especial importancia en contextos como el de nuestra región, en los que la fiabilidad de las instituciones es muy baja y la responsabilidad de los Estados por asumir esas fallas es, en algunos casos, inexistente.

La región tiene soluciones porque su ciudadanía las tiene. Sabe cómo organizarse para gestionar de forma democrática el acceso al agua o cómo tomar medidas para, en contexto de confinamiento, continuar ejerciendo su trabajo de recolección de residuos para el reciclaje. Sabe cómo distribuir comida en aquellas comunidades donde hace falta, cómo repensar sus modelos de negocios, cómo organizar a su ciudadanía para que participe democráticamente. Pero está encontrando dificultades para poder llevar adelante estos emprendimientos y, sobre todo, para organizarse y colaborar de forma regional.

El emprendimiento social se quiere articular en América Latina. Se percata de que la solución que ha funcionado en su comunidad, ciudad o país puede ser de utilidad para otros lugares. Sabe que juntándose con otros pueden encontrar fórmulas que permitan que esa solución, que podría llegar a muchos, llegue de forma efectiva. En este sentido, los ecosistemas de emprendimiento social cumplen un papel fundamental porque permiten crear el entorno propicio, desde la base, para intercambiar, aprender y generar condiciones de supervivencia. Pero ¿quién vela por la inserción de los ecosistemas?, ¿cómo se asegura que el avance conjunto es sistémico? y, sobre todo, ¿cómo garantizamos que las colaboraciones dejen atrás un paradigma que promueve la competitividad entre las partes de un ecosistema? Para que sea posible, los y las emprendedoras necesitan espacios de articulación efectivos, necesitan que alguien haga ese trabajo de allanar el terreno para que la colaboración sirva.

Desde Fundación Avina, además de formar parte de la Alliance for Social Entrepreneurs del World Economic Forum, estamos acompañando algunas de estas iniciativas de articulación regional como el Capítulo Latinoamericano de Catalyst 2030 o Red de Impacto Latam (Task Force for Economic and social recovery in Latin America), espacios que se han creado para compartir aprendizajes, abogar por atención a sus circunstancias particulares y movilizar fondos para generar esos procesos de escala e incluso para sobrevivir como ecosistema.

Adicionalmente en la Fundación Avina contamos con una trayectoria en estrategias efectivas de colaboración, por ende, hemos llegado a diversas conclusiones que nos gustaría compartir aquí: Aprendimos, revisamos, repensamos y nos acabamos dando cuenta de la importancia de no teñir esos procesos del paradigma del éxito para avanzar conjuntamente, en palabras de Bernardo Toro, Director Programático de Fundación Avina, hacerlo bajo el paradigma del cuidado 2

Gracias a esto entendimos que el cambio se da cuando se trabaja con un horizonte común, una visión unificadora de futuro y esto no se puede imponer, no puede ser el resultado de un diagnóstico y medido por indicadores. Se tiene que construir en el conjunto con la sociedad, se deben procurar los espacios de convergencia, para poder identificar quién está faltando en la mesa, y detectar dónde están las asimetrías de poder y cuáles pueden ser las acciones más estratégicas para llevarlas adelante en términos de donativos y de acompañamiento técnico. ¿Es solo el emprendedor social aquel que se identifica como tal? Fue en ese momento que entendimos que nuestra región está plagada de emprendedores sociales, muchos de ellos sin saber que lo son, en algunos casos sin formación académica formal, sin acceso a fuentes de financiamiento, que, en ocasiones se quedan sin acceso a los espacios de construcción, y no logran ser participantes activos del ecosistema. Son estos los emprendedores que no siempre se ven, los invisibles agentes de cambio, que se hacen indispensables a la hora de querer construir esa visión regional.

Hecha esta reflexión, desde Fundación Avina hemos colaborado con otros para apoyar y fortalecer emprendedores sociales como lo son: organizaciones, movimientos y activistas que están desplegando sus soluciones y estrategias. Y lo hacemos porque creemos fielmente en procesos de colaboración para lograr transformaciones a largo plazo. Durante todo este año, nos hemos juntado con otras organizaciones filantrópicas y empresas para innovar de forma colaborativa en cómo generar condiciones para el desarrollo de estos emprendimientos sociales que velen por derechos vulnerados en el contexto de pandemia, como han sido el Response and Vision Fund, el Fondo de Desarrollo Rural o el Fondo de Reactivación de ONGs en Chile y hemos redoblado los esfuerzos y adaptado las realidades de los mecanismos ya existentes como el fondo Pulsante, que  busca la ampliación del espacio cívico, mediante la consolidación de una ciudadanía activa; la Iniciativa por los Derechos Digitales en Latinoamérica (INDELA) o Latitud R, Latitud R es la principal plataforma regional para la articulación de acciones, inversiones y conocimiento en materia de Reciclaje Inclusivo, a fin de incentivar esa visión común desde el Sur que nos permita avanzar hacia un paradigma de colaboración regional para estar mejor preparados ante los desafíos de las crisis.

@FundacionAVINA

 

 

1 Brechas estructurales en América Latina y el Caribe. Disponible aquí.

2 Toro, Bernardo, 2014. El cuidado: el paradigma ético de una nueva civilización. Disponible aquí.