El distrito 10: un modelo alternativo

blogeditor · 12 de junio de 2015

El distrito 10: un modelo alternativo

Con más de 50 mil votos y casi el 40% del porcentaje de la elección, Pedro Kumamoto es, por mucho, el ganador de la elección a la Diputación local del distrito 10 de Zapopan. Se trata de un evento histórico, como muchos afirman. En primer lugar, porque es el primer diputado independiente que ha tenido Jalisco, y de los primeros en el país en su conjunto. En segundo lugar, porque se logró demostrar que no se requieren carretadas de dinero para ganar una elección en este país. En tercer lugar, y más importante todavía, porque nos recuerda el papel crucial que desempeñan las elecciones dentro de una democracia.

Conocí al equipo del distrito 10 a finales del año 2013, cuando el proyecto político del Wikipartido estaba en su primera fase y buscaba espacios para expandirse. Desde aquel entonces, con la creación del Pacto por México, se entendían las señales que tanto el PAN como el PRD han transmitido durante los primeros tres años del sexenio a la sociedad y a la clase política: la de una oposición desdibujada y desarticulada, ante un PRI que logra comprar la complicidad de los otros a base de prebendas. El PRI amenazaba (y todavía lo hace) con una centralización del poder que llevara a una permanente disolución de los conflictos en la arena pública, para así dar pie a un proyecto de restauración autoritaria. Ante un panorama tan desolador, la idea de que varios de los jóvenes que emanamos de las movilizaciones de 2012 nos organizáramos en otros proyectos políticos con el horizonte temporal de 2015, parecía de lo más natural.

No sobra decir que tal proyecto terminó en el olvido. Las necesidades imperantes del día a día, junto con las coyunturas políticas de los últimos años, hicieron de este esfuerzo uno que duró poco tiempo. En cambio, se empezaron a dar dinámicas centrífugas, en las que partes importantes del grupo enfocaron sus energías a defender los Derechos Humanos que tan sistemáticamente han sido violentados estos últimos años; la otra parte del grupo, casi todos del proyecto wikipartidista, se dedicó a desarrollar la idea original que tuvieron desde un principio, que fue la de la plataforma que daría pie al partido político.

Por lo menos como proyecto electoral, el Wikipartido tampoco prosperó, las reglas electorales que condicionan el registro de un partido político establecen costos de entrada bastante altos para un grupo de jóvenes sin mayores recursos. En su lugar quedó un proyecto llamado Wikipolitica, que serviría como plataforma, tanto para la gente del Distrito Federal como de Guadalajara, para llevar a cabo las candidaturas independientes en los dos frentes donde tenían pensado participar.

Los esfuerzos, sin embargo, no redituaron de la misma forma en el Distrito Federal que en Guadalajara. En la capital del país se decidieron por un proyecto de candidaturas independientes en conjunción con otros grupos políticos y personajes de diversos contextos e historias, que poco tenían que ver con el proyecto original del Wikipartido. De ellos, ninguno logró el registro. En Guadalajara, por otro lado, se optó por una sola candidatura común en la cual se concentrarían todos los esfuerzos, la de Kumamoto.

Los dos modelos probaron su suerte y fue evidente que el de Jalisco prevaleció. Tal parece que todas las candidaturas independientes que emanaron de los esfuerzos conjuntos entre Wikipolítica DF y las demás organizaciones estuvieron muy lejos de lograr el número mínimo de firmas que requería cada distrito y delegación para poder registrarse como candidatos independientes. En cambio, en Zapopan se logró juntar 7200 firmas para un registro que exigía al menos 5500.

[contextly_sidebar id=”YX5g2SkywWs7R8LNWxbuTlrKlk8MuhDP”]Toda esta historia es para ilustrar un punto específico: la enorme dificultad a la que se enfrenta hoy por hoy cualquier organización política incipiente con interés en participar en las elecciones. Si la organización no tiene cierta relación material con el Estado, un liderazgo mesiánico o el poder económico suficiente para movilizar un porcentaje importante de la población, difícilmente puede prosperar. A esto hay que sumarle los problemas cotidianos, el sesgo antipartidista que tenemos en nuestra sociedad y la estereotípica apatía de los jóvenes de nuestras generaciones ante la vida pública. La gran mayoría de estos esfuerzos están destinados al fracaso si no se acepta el fatídico hecho de que se requieren recursos materiales importantes para echar a andar la máquina. El gran logro del equipo del distrito 10 es que, pese a todo ello, salieron victoriosos.

A través de una fuerte campaña por Internet, así como un intenso brigadeo y un uso muy eficiente de los escasos recursos que tenían, lograron construir en unos cuantos meses una campaña independiente competitiva, como pocas en el país. Se habla mucho del costo total de la campaña, que fue de 230 mil pesos, menos de la quinta parte del tope de campaña de los partidos políticos tradicionales y de los cuales sólo 18 mil pesos provenían de financiamiento público. También resalta la ausencia de operadores políticos que se encargaran de la movilización del voto; la mayor parte de los activistas dentro de la campaña que sirvieron como funcionarios de casilla llegaron de manera voluntaria y gratuita, lo cual yo mismo pude corroborar.

Es por eso que la candidatura de Pedro Kumamoto resulta tan importante. A diferencia de los otros dos candidatos independientes ganadores en esta elección, El Bronco y Manuel Clouthier, él nunca militó en un partido político, no había participado anteriormente en una elección pública, ni conocía a las estructuras de movilización de su distrito. En cambio, su campaña fue ganando fuerza en la medida en la que se dio a conocer con sus electores y ganando su confianza, primero los jóvenes y después la gente más adulta. Kuma me contó que un punto nodal dentro de su campaña fue la entrevista que tuvo con Pedro Ferris de Con; el espaldarazo que recibió de parte del periodista lo expuso como alternativa real ante los partidos políticos del distrito 10. Los padres de los jóvenes, que hasta entonces habían visto con recelo la candidatura de un joven sin experiencia, terminaron de convencerse y decidieron apoyarlo.

El equipo del distrito 10, los llamados ocupantes, dio cátedra de un modelo de democracia que hasta ahora no ha sido explotado en México. Y sus diferencias con las maquinarias burocráticas que llevan a cabo las elecciones y movilizan el voto, hacen que su propuesta de democracia participativa brille todavía más. Durante esos mismos días de la elección, lanzaron su propio programa de resultados preliminares con una hoja de cálculo en Google Drive, en el que más de 400 voluntarios recopilaron las actas de las casillas pertenecientes al distrito 10. Por otro lado, si bien muchas partes de este nuevo modelo son nuevas, como el uso de las redes sociales y del internet como herramientas de participación, el hecho es que también se recuperaron formas de conseguir votos que muchos partidos han dejado de hacer como estrategia principal, por considerar más eficiente pagar una maquinaria de movilización o gastar en publicidad, como el famoso Canvassing (ir de puerta en puerta para hablar con el electorado).

Más importante aún, los resultados de la elección del distrito 10 de Zapopan son una victoria en otro sentido. Como dije al principio, eventos así nos recuerdan el papel que juegan las elecciones en una democracia. Estamos acostumbrados a que cada tres años nos toque votar por alternativas muy diluidas de representación en un sistema no representativo. Constantemente se menciona el mantra que dice “todos son iguales”, cuando nos referimos a los partidos políticos; creo que hasta este sexenio, esa aseveración no había cobrado tanto sentido.

Cada partido político es “una parte”, una fracción del sistema; entre sus funciones está no solo representar a una porción del electorado, sino disentir y conciliar con los demás partidos políticos entorno a distintos aspectos de la vida pública. Por doce años se nos vendió la idea de que el problema con nuestra democracia era que los partidos no lograban ponerse de acuerdo; hoy en día el problema es que han llevado el consenso a niveles insanos, a tal punto de tener más intereses comunes que diferencias entre sí. El Pacto por México trajo consigo consecuencias terribles para nuestra democracia, los partidos han dejado a un lado su papel como “parte” y han diluido su responsabilidad con el electorado por una supuesta unidad que más bien pudre las instituciones democráticas. Las principales diferencias no están adentro de la clase gobernante sino entre el electorado que “las elige” y los representantes.

La victoria del domingo en el distrito 10 de Zapopan es el comienzo de un nuevo horizonte político que puede servirnos a todos los que creemos que este sistema electoral puede mejorar. Al poner sobre la mesa el problema de representación tan fuerte que vivimos y al demostrar que un nuevo modelo democrático es posible, se ha abierto un boquete que puede oxigenar nuestra máquina de representación y el sistema de partidos que tanto han circulado en la endogamia de unas pocas élites.

Si bien es cierto que el modelo propuesto tiene ciertas limitantes, como el hecho de que la candidatura se dio en uno de los distritos más ricos de Jalisco, con niveles relativamente altos de educación y una menor presencia de grupos clientelares, ello no debería detenernos a experimentar. Un aprendizaje importante de esta experiencia es que la labor política requiere de mucha creatividad para proponer nuevos escenarios en los que se desarrolle el conflicto y así cuestionar el statu quo.

Muchos de los compañeros que conocí y con los que marché en 2012 se han perdido en el desencanto de la política. He visto cómo mentes por demás brillantes han decidido renunciar a las instituciones formales que dominan el ámbito público, por creer que entrar al juego es legitimar al sistema. En cambio, se han radicalizado en sus posturas activistas, defendiendo los Derechos Humanos y sus propios principios por encima de cualquier objetivo político de largo aliento. Sin duda el terreno político no es para todos, se requieren sacrificios para obtener beneficios mayores en un futuro, pero el hecho es que pocas veces se presentan oportunidades así, en las que unas cuantas concesiones pueden traer un enorme provecho para toda la sociedad. El terreno electoral no es, para nada, el único espacio de lucha, pero sí es un punto focal donde se da la redistribución del poder; ignorarlo por cuestiones éticas y creer que la democracia se puede alcanzar prescindiendo de él me parece por demás iluso. Así, sólo estaremos destinados a vivir en un sistema que cada tres años repite sus rituales de despilfarro de dinero y compra de votos, una máquina que funciona más por sus inercias que por su legitimidad. Hay que recuperar y transformar esa máquina.

 

@danielcubierto