blogeditor · 9 de diciembre de 2014
La percepción que la ciudadanía tiene del presidente no es buena según lo muestran las distintas encuestas. Sin duda que los recientes casos de Tlatlaya, Ayotzinapa, el tren de Querétaro y la casa blanca afectan la imagen presidencial, pero su deterioro inició desde los primeros meses de su gestión.
En febrero de 2012, todavía como candidato presidencial, el 63% de los encuestados lo veía cercano a la gente y en mayo de 2013, a los seis meses en la presidencia, ya solo el 47%. En mayo de 2014, un año después, se mantenía igual, pero en noviembre del mismo año lo veía cercano solo el 38%, según la encuesta de El Universal dada a conocer el primero de diciembre.
El 59% de los encuestados lo estimaba como una persona confiable en marzo de 2012, todavía como candidato, y en noviembre de 2013, al año en la presidencia, ya solo el 41%. En mayo de 2014, un año después, recuperó algunos puntos y se ubicó en el 49%, pero en noviembre del mismo año solo el 36% lo veía como confiable, según la misma encuesta.
[contextly_sidebar id=”ghg6PTfIr8BfYNFO3aG5Jnr3FXVx3FQL”]En mayo de 2012, todavía como candidato, el 50% de los encuestados pensaba que cumplía con sus promesas y en mayo de 2013, a los seis meses en la presidencia, ya solo el 39%. En mayo de 2014, un año después, se mantenía igual, pero en noviembre del mismo año solo el 35%, pensaba cumplía con sus promesas, según la encuesta de El Universal.
El 52% de los encuestados consideraba que era capaz de resolver los problemas del país en noviembre de 2012, a días de asumir la presidencia, y en mayo de 2013, al año en la misma, el 46%. En mayo de 2014, un año después, recuperó algunos puntos y se ubicó en el 50%, pero en noviembre del mismo año solo el 38% piensa que tiene la capacidad para resolver los problemas del país.
La mayoría de los encuestados, el 54%, dice que el presidente y su gobierno pasan por su peor momento. Para un gobierno la buena o mala imagen no es todo, pero sin duda sí es algo a tener en cuenta. Las actuales valoraciones le tienen que preocupar.
El propósito final de la comunicación gubernamental, que parte del accionar político, es elevar los niveles de consenso y reducir los del disenso. La gente de Los Pinos sabe que algo está mal y necesita actuar en consecuencia, para hacer frente a una mala valoración del presidente que todavía puede ser peor. Urge un cambio de estrategia política y comunicacional.