El derecho a una vida libre de violencia comienza en la escuela

Redacción Animal Político · 25 de febrero de 2023

El derecho a una vida libre de violencia comienza en la escuela

Como cada día 25, en el marco del Día Naranja, desde Mexicanos Primero manifestamos la lucha por la igualdad de género y la erradicación de todo tipo de violencia contra la mujer en el ámbito escolar. En esta ocasión, reflexioné sobre mi propia experiencia para relacionarla con datos de la realidad de muchas mujeres.

La frase “origen no es destino” la entendí el día que hice mi examen profesional, cuando mis padres, quienes solo asistieron tres años a la primaria, presenciaron que su hija se convirtió en la primera mujer de la familia en graduarse de la universidad. Mi origen me decía que yo tenía que casarme, dedicarme al hogar, tener hijos, y que estudiar era un “mal gasto familiar”. Sí, mi origen me decía que yo no podía decidir mi futuro porque ya estaba escrito por varias generaciones atrás; sin embargo, un elemento que no había en mi origen y que lo cambió todo fue la educación.

La educación transforma, empodera, abre posibilidades y da libertad a quienes como yo, no teníamos la certeza de seguir un camino profesional. Sin llegar y permanecer en la escuela no me hubiera cuestionado por qué yo no iba a ir a la universidad y mi hermano sí. Cuando estaba por graduarme, di clases a niños y niñas de una comunidad indígena para reforzar su lectoescritura y ahí conocí a Blanquita, quien tenía 9 años y cuidaba a su hermanito menor a quien cargaba siempre en su espalda amarrado a un rebozo. El último día del curso dibujaron su principal sueño y Blanquita se dibujó como enfermera. Mi sueño fue ir a la universidad y lo hice realidad, el de Blanquita quedó plasmado en ese dibujo que ella hizo a los 9 años. Hoy tiene 15 años y se fue de su comunidad apenas terminó la secundaria para limpiar casas; eso fue lo último que supe de ella. Si hubiera tenido otras oportunidades para permanecer en la escuela, quizá hubiera podido decidir su futuro como lo he hecho yo.

La historia de Blanquita es la de muchas niñas y adolescentes en México y América Latina. Según datos de UNICEF, 1 de cada 4 niñas adolescentes de la región que vive en zonas rurales y en situaciones de pobreza no acude a la escuela y trabajan en áreas domésticas y de cuidado no remunerado; 1 de cada 4 niñas se casará antes de cumplir 18 años, y 4 de cada 10 niñas casadas entre los 15 y 19 años serán víctimas de violencia a lo largo de su vida. De acuerdo con datos de la región de ONU Mujeres, la mayoría de los países han logrado la paridad de género en la educación primaria; sin embargo, en muchos países, principalmente de bajos ingresos, la desigualdad de género aumenta en la educación secundaria y superior donde solo 79 mujeres jóvenes por cada 100 hombres concluyen el bachillerato.

En América Latina y el Caribe los principales factores son la situación de pobreza, la residencia en áreas rurales y marginales urbanas, y la pertenencia a pueblos indígenas. En México se han nombrado las diversas causas que provocan que las niñas y mujeres no concluyan la educación básica o no logren llegar a la educación superior: falta de recursos económicos que las lleva a emplearse en trabajos informales o no remunerados, falta de motivación, el matrimonio infantil, el embarazo a edad temprana, la unión libre, problemas familiares y los diversos tipos de violencias de género que enfrentan.

El estudio del PNUD llamado “Covid-19 y educación en México” identificó que durante el cierre de las escuelas, a nivel preescolar, más niñas quedaron fuera de la escuela que niños. En educación media superior y superior, aunque hubo mayor abandono escolar por parte de los hombres, ellos lo hicieron para ingresar al mercado laboral, mientras que ellas para hacer trabajo no remunerado del hogar y por embarazo adolescente. De las niñas y mujeres que permanecieron en la escuela se identificó que tuvieron una mayor carga de actividades de cuidado y del hogar por roles y estereotipos de género que determinan su rol como madres, esposas y cuidadoras y esto también pudo haber afectado su aprendizaje. Y los datos de Mejoredu son similares: de nuevo, desigualdad de género que se agudizó con la pandemia. Para el ciclo escolar 2019-2020 el porcentaje de abandono fue 4.2% más alto en los hombres en educación media superior, pero las razones son diferentes, pues los hombres acceden a la autonomía económica, mientras las mujeres refuerzan su rol de género que las limita y propicia ambientes para ser víctimas de violencia.

El hecho de que las mujeres no accedan y permanezcan en el nivel medio superior y superior sigue agrandando la brecha salarial de género y participación. De acuerdo al Índice Global de Brecha de Género 2022, México se encuentra en el lugar 31 de 146 países, con 76.4 puntos de 100, y señala que el mayor reto para las mujeres es su participación económica, ya que una mujer gana en promedio 86 pesos por cada 100 pesos que percibe un hombre, por lo que la violencia económica está presente.

Que las mujeres lleguen y permanezcan en la educación básica es un comienzo para una vida libre de violencia; sin embargo, hay que reforzar acciones para que tengan la oportunidad de avanzar a la educación superior e igualdad de condiciones para su participación económica. Algunas de las acciones que ya existen son la creación de programas de igualdad de género en la escuela, formar en perspectiva de género a las y los docentes, eliminar los prejuicios y estereotipos de género de los planes de estudio, garantizar espacios de aprendizaje seguros, campañas de prevención de la violencia contra la mujer, promover el acceso a becas para madres adolescentes y mujeres embarazadas que les permitan seguir estudiando, y promover la educación sexual con enfoque de derechos humanos; sin embargo, no es suficiente.

La educación debe ser liberadora de mandatos de género, prejuicios, estereotipos y de violencia. Por eso, para lograr cambios significativos es necesario asegurar el desarrollo de habilidades, competencias y conocimientos que les permitan mayor participación en los espacios a los que pertenecen; además, acompañar la construcción de su liderazgo, generar espacios para que puedan expresarse y tomar sus propias decisiones, y elegir su proyecto de vida; sólo así aspiraremos a ser libres.

* Angélica Montes (@Angiie_Montes) Coordinadora de Activación de Agentes y Comunidades Escolares.