El Congo y la complejidad de sus conflictos

Joel Aguirre · 3 de junio de 2026

El Congo y la complejidad de sus conflictos

La República Democrática del Congo continúa siendo uno de los escenarios de conflicto más complejos y persistentes del mundo. A pesar del final formal de las guerras congoleñas que devastaron al país desde la segunda mitad de la década de 1990 y los primeros años del siglo XXI, hoy amplias regiones del país permanecen atrapadas en ciclos de violencia armada impulsados por disputas étnicas, competencia por recursos naturales, aspiraciones secesionistas, debilidad estatal e intervención de actores regionales.

Entre los focos de conflicto más significativos destacan la insurgencia en Kivu, los enfrentamientos comunitarios en Ituri y los movimientos armados en Katanga, cada uno con causas, actores y dinámicas propias. Por ello, hablar del Congo como si enfrentara un único conflicto resulta impreciso; en realidad, se trata de múltiples conflictos interrelacionados que coexisten dentro del mismo país.

Uno de los conflictos más internacionalizados y uno de los más mediáticos se encuentra en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, ubicadas en la frontera oriental con Ruanda, Uganda y Burundi. Esta región ha sido escenario de enfrentamientos continuos desde el genocidio de Ruanda en 1994, cuando cientos de miles de refugiados, incluidos miembros de las fuerzas hutu que, tras cometer el genocidio ruandés, cruzaron hacia territorio congoleño. La presencia de estos grupos armados sirvió como justificación para las intervenciones militares ruandesas y ugandesas y sentaron las bases para la regionalización del conflicto.

En la actualidad, el este del Congo alberga diversos grupos armados, entre ellos, el Movimiento 23 de Marzo (M23), las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), el Rally por la Unidad y la Democracia (RUD)-Urunana, entre otros así como diversas milicias comunitarias Mai-Mai.

Sin embargo, la violencia en la región no constituye un único conflicto, sino una multiplicidad de enfrentamientos locales y regionales con actores, objetivos y dinámicas propias. Lo que distingue a estos conflictos es su dimensión internacional, ya que involucran intereses, intervenciones e influencias de actores regionales como Uganda o Ruanda e incluso Burundi.

La dimensión económica resulta fundamental para comprender el conflicto

La reaparición del M23 en los últimos años, especialmente tras el asedio y la toma de la ciudad de Goma en 2025, ha reavivado las tensiones regionales debido a las acusaciones de apoyo ruandés al grupo rebelde. Mientras Kigali sostiene que su seguridad nacional se encuentra amenazada por la presencia de las FDLR en territorio congoleño, Kinshasa acusa tanto a Ruanda como a Uganda de respaldar a diversos grupos insurgentes para facilitar la extracción y el contrabando de minerales procedentes del este del Congo

Esta dimensión económica resulta fundamental para comprender el conflicto, ya que el control de recursos minerales constituye uno de los principales incentivos que alimentan la violencia y la intervención de actores externos en todo el país.

La región de Kivu posee algunas de las mayores reservas mundiales de coltán, cobalto, estaño, tungsteno y oro, minerales esenciales para la fabricación de sistemas de telecomunicaciones, vehículos eléctricos, y sistemas de defensa. Diversos grupos armados han financiado sus operaciones mediante el control de minas, rutas comerciales y sistemas de control sobre las comunidades locales. Las cuales en muchos casos han sido ocupadas y sometidas a dinámicas de cuasi-esclavitud para la extracción de minerales por parte de estos grupos armados. Ejemplo de esto es como el grupo rebelde M23 ha intentado vender directamente minerales de conflicto a Estados Unidos. Como resultado, la explotación minera no solo financia la violencia, sino que también crea incentivos para su perpetuación.

Al norte, en la provincia de Ituri, la violencia ha girado en torno a la competencia por la tierra entre comunidades agrícolas y grupos pastoriles. Las tensiones más conocidas involucran a las comunidades Lendu, predominantemente agrícolas, y Hema, tradicionalmente asociadas a la ganadería. Aunque estas rivalidades tienen raíces históricas, el crecimiento demográfico, la presión del cambio climático sobre la tierra cultivable y la expansión de actividades económicas intensificaron la competencia entre comunidades.

La disputa por tierras, pastizales y recursos provoca masacres

La formación de grupos armados como la Cooperativa para el Desarrollo del Congo (CODECO) afín al pueblo Lendu y la Convención para la Revolución Popular (CRP) vinculado al pueblo Hema han contribuido a una nueva ola de violencia. Aunque muchos de estos movimientos se presentan como defensores comunitarios, frecuentemente combinan reivindicaciones identitarias con actividades criminales, ataques a la población civil y refugiada y un control territorial basado en la violencia. La disputa por tierras agrícolas, pastizales y acceso a recursos locales ha provocado desplazamientos masivos, masacres y una profunda crisis humanitaria.

A la par, en las regiones de Ituri y Kivu ha habido un aumento en la presencia de grupos islamistas radicales y aliados como las Fuerzas Democráticas Aliadas, afines al Estado Islámico de África Central. La presencia de estos grupos detonó la implementación de la Operación Shujaa, una operación militar conjunta entre las fuerzas de la República Democrática del Congo y Uganda para combatir el extremismo islámico en la región.

Por otro lado, la región de Katanga, en el sur del país, ha experimentado diversas formas de insurgencia vinculadas tanto a reivindicaciones políticas como a disputas económicas debido a su amplia riqueza mineral. Entre los movimientos más relevantes destacan las milicias Bakata Katanga, que han impulsado proyectos autonomistas y, en ocasiones, separatistas. Estas organizaciones han llevado a cabo diversos ataques contra instalaciones gubernamentales y fuerzas de seguridad. Sin embargo, también se han documentado numerosas violaciones contra la población civil, incluidos ataques armados, saqueos, destrucción de comunidades, secuestros y desplazamientos forzados, sobre todo en las provincias de Haut-Katanga, Haut-Lomami y Tanganyika.

Al analizar la situación en la República Democrática del Congo, resulta evidente que no puede entenderse como un único conflicto, sino como un conjunto de guerras, insurgencias y violencias que, si bien están interconectadas, estas poseen causas, actores y dinámicas propias. Desde las intervenciones de potencias regionales en las disputas por recursos minerales en el este del país hasta los enfrentamientos comunitarios en el norte y los movimientos con reivindicaciones separatistas en el sur, la violencia congoleña debe interpretarse como el resultado de una compleja interacción de factores, intereses y dinámicas en los conflictos.

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@adrianmarcelo96