El CONEVAL, otra vez

Redacción Animal Político · 13 de mayo de 2025

El CONEVAL, otra vez

El 30 de abril la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, les comunicó a los trabajadores del CONEVAL que ese era su último día laboral. Salvo unas 10 o 12 personas que se quedarán para liquidar la institución, las más de 170 personas dejarán de trabajar. A pesar de que todavía no hay una ley secundaria aprobada que indique qué sucederá exactamente con las funciones del CONEVAL, se decidió dar por terminada a la institución.

Así que otra vez toca hablar del CONEVAL. México y el mundo están llenos de noticias; ni a México ni al mundo nos está yendo bien, pero me parece que también hay que hablar de estas noticias que se pueden perder en esta vorágine informativa. Y la razón de hacerlo es que hace más de 20 años era importante hablar del CONEVAL y de otras instituciones que surgieron cuando la sociedad, especialmente los partidos de oposición exigieron que hubiera contrapesos al tradicional poder presidencial.

Casi por 70 años, en la época hegemónica del PRI, no había oportunidad de exigirle cuentas al presidente y no siempre el gobierno le decía la verdad a la población. El legislativo y los gobernadores estaban alineados al presidente. Pero desde 1997 (y hasta 2018) las cosas cambiaron pues la oposición ya pudo exigir y el ejecutivo no tuvo más que acatar y reconocer lo que está implicado en la Constitución desde hace mucho: el poder absoluto en el presidente no se traduce en buen gobierno ni en libertades. La democracia tiene sentido. Pero especialmente tiene sentido que los gobiernos recuerden que todo lo que gastan (en sus quincenas, en sus grandes proyectos, en sus programas sociales, en su propaganda, en sus coches, en sus micrófonos), lo pagan con el dinero de todos los mexicanos. Que a nadie se le olvide que quien está en el gobierno es empleado de quienes pagamos impuestos, es decir, de todas y todos.

Así que sí vale la pena, como lo plantearon el PRD, el PRI, el PAN, el Verde, el PT en 2004, analizar con claridad cómo es que el gobierno gasta y qué resultados tiene la política social. ¿Los programas son electoreros o en verdad amplían el acceso efectivo a los derechos que señala la Ley General de Desarrollo Social? El gobierno en México ha sido juez y parte y por tanto los partidos de oposición exigieron tener instancias ajenas a los vaivenes políticos que nos digan la verdad y no lo que el señor presidente quiera escuchar. Por esa razón los políticos pedían que hubiera un CONEVAL. Por eso muchos de quienes hoy están en Morena y votaron por desaparecer el CONEVAL en meses recientes, pensaban diferente en 2004 y votaron por la existencia de CONEVAL. Antes estaban del otro lado de la mesa. Ahora son poder y ese poder no permite que le señalen muchas verdades. Antes eran cantineros y hoy que son usuarios del otro lado de la barra, piensan diferente.

Quienes fueron despedidos el 30 de abril del CONEVAL merecen un aplauso de pie por parte de la sociedad mexicana. Siempre se pusieron la camiseta para entregar la mejor evidencia no para molestar, sino para mejorar lo que hacían los gobiernos. Nuestros impuestos y lo que les pagamos a los que gobiernan son para que mejoren lo que hacen: ampliar las libertades de la sociedad. Quienes trabajaban en el CONEVAL hicieron todo lo posible por mostrar qué funcionaba bien y qué se necesitaba cambiar para que el gobierno hiciera un mejor trabajo, especialmente para los más pobres. Este gobierno no quiso seguir oyendo. Espero que esos héroes al menos reciban una liquidación conforme a la ley.

Pero hay cosas qué hacer. Quienes seguimos pensando que la sociedad y el gobierno requieren la mejor evidencia para gobernar con transparencia seguramente estaremos trabajando para que volvamos a tener una instancia que nos diga por dónde vamos en lo social. No para confrontar, pero sí para contrastar lo que los gobiernos hagan y, con suerte, que esta información les sea eventualmente de utilidad para tener mejores resultados. De una forma o de otra habrá un CONEVAL otra vez. Así se sigue construyendo la democracia, aunque se esté cayendo.