blogeditor · 11 de mayo de 2022
Todos los gobiernos del mundo maquillan la realidad, algunos se atreven a faltar a la verdad una que otra vez, pero pocos mienten abiertamente como política pública. Para estos últimos, la mentira se convierte no solo en simulación para salir de problemas, sino en estrategia de comunicación. El cinismo convertido en política pública.
Ante cada evento de violencia extrema, de los que abundan en México, surge alguna de las muletillas perversas del presidente: “no hay masacres”, “no hay impunidad” o “no somos iguales”, entre muchas otras. Ante los niveles de impunidad casi absolutos se responde con “tengo confianza en el fiscal”. Cada que un periodista es asesinado el vocero de presidencia llena el machote con el nombre en turno y termina con la frase “el compromiso es que no haya impunidad” al tiempo que el presidente asegura que en su gobierno “hay plena libertad de prensa”. Cada movilización de colectivos de familiares de desaparecidos tiene como respuesta de la subsecretaria de derechos humanos un mismo mensaje: la prioridad del gobierno es la búsqueda de desaparecidos. Ante cada exigencia del movimiento feminista viene el arropamiento de mujeres del gabinete alrededor de la figura de su líder junto con la frase “el gobierno más feminista de la historia”. Ante las exigencias de detener la militarización de la seguridad pública y de otras esferas de la vida civil surge de inmediato el eufemismo perverso de “pueblo uniformado” o “no es militarización de la vida pública sino socialización del ejército”.
Cuando el cinismo no alcanza, es necesario atacar al mensajero. Para ello se echa mano de otra mentira cínica: “dónde estaban cuando”. Ya en las últimas recurren a una frase con distintas modalidades: “el PRI era peor”.
Tenemos un gobierno al que no le interesa la realidad, solo la percepción. No buscan gobernar sino sembrar sensaciones. No son gobierno, son un enorme aparato de propaganda burda. No pretenden informar, más bien confundir. No buscan fortalecer una muy frágil democracia, buscan apertrecharse en el poder al costo que sea. La mentira cínica es el eje de todo ello.
Hablan de autoridad moral al tiempo que ejercen el poder sin ética y sin ley. El marco legal que tienen como obligación defender es visto como una herencia del pasado de la que se puede prescindir con frases como “no me vengan conque la ley es la ley” o “lo que importa es legitimidad y no la legalidad”. En México nunca se ha respetado la ley; hoy ocurre lo mismo, pero con gran orgullo por violarla. El cinismo de cinismos.
No hay democracia que aguante todo. Sin un piso mínimo de moral y verdad, la vida pública es pelea callejera. Ejercer el poder requiere de un gran compromiso, gobernar con la estrategia de dinamitar la vida pública con mentiras cínicas solo puede acabar peor.