blogeditor · 13 de julio de 2015
Finalmente pasó lo que nos temíamos, y que algunos comentamos desde el primer momento de la captura. Sólo para refrescar nuestra memoria, hace más de un año advertía en este mismo espacio que si queríamos tener certeza sobre la seriedad del gobierno federal en el combate al narcotráfico, El Chapo Guzmán debía ser extraditado a Estados Unidos. Así nos quitaríamos de encima los fantasmas de una posible fuga o de que siguiera operando desde la cárcel. No sucedió así; todo lo contrario, este fin de semana pasó lo que todos nos temíamos.
Desde el primer momento, la duda sobre la legitimidad de una operación sospechosamente llevada a cabo sin un solo tiro, en un entorno demasiado adecuado y sin la mayor resistencia se esparció en forma de cuestionamientos y dudas al operativo en las redes sociales. El Chapo Guzmán había caído, eran momentos de una muy baja popularidad presidencial y el gobierno federal buscaba desesperadamente alguna forma de elevar la aprobación del presidente. Este fugaz golpe habría de darle al menos un par de meses de respiro. No obstante, poco meses después vendrían los escándalos de Tlatlaya, Ayotzinapa, el tren rápido, la Casa Blanca y la detención de este capo del narco pasaría al olvido rápidamente.
[contextly_sidebar id=”vpzr8Ua0GoOSuL1DQ9Ujwo0SIlQRR9am”]Así, el maestro de la construcción de túneles, el famoso Chapo Guzmán, se las hizo de nuevo. Según la información difundida, escapó a través de un túnel de 1.5 kilómetros de longitud, 1.7 metros de altura y 70 centímetros de ancho por donde el líder del Cártel de Sinaloa salió con tranquilidad en la noche del sábado. Por increíble que parezca, nadie se percató de semejante obra de ingeniería sucediendo a un costado del penal del Altiplano (supuestamente se trata de un penal de máxima seguridad). Lo que podría ser una escena clásica de fuga de una película de los setenta, es solamente otro capítulo más de la tragicomedia nacional.
Vale la pena pensar un momento sobre lo que implica hacer un túnel de esas dimensiones. Según algunos cálculos rápidos, se extraerían 3,263 metros cúbicos de tierra, lo que necesitarían alrededor de 467 viajes de camiones de volteo (cerca de siete metros cúbicos por camión) para sacar la tierra y transportarla a un sitio más seguro. La maquinaria o el número de hombres necesarios para realizar esta operación llamaría ligeramente la atención. Es difícil imaginar que una obra así pase inadvertida. Y, sin embargo, nadie vio ni supo nada.
Mientras la noticia se daba a conocer, el Presidente hacía escala en Canadá y en vez de suspender el viaje y volver a atender la emergencia nacional, decidió seguir con su viaje a Francia, junto con las 391 personas que lo acompañan a este “importante viaje sin precedente en la historia de ambos países”. ¿Qué tipo de acuerdo económico o cultural será más importante que atender la fuga más importante del sexenio? ¿Qué suerte de negocios de primer nivel o intercambios culturales “sin precedentes” serán tan prioritarios para ser atendidos de inmediato?
Una vez más observamos la demora en dar un mensaje a la nación y además éste se hace con poca claridad y tino. (Aquí un ejemplo de cómo debe darse un mensaje en momentos de crisis). Una vez más se demuestra con las formas que esos temas no son de importancia. Lo verdaderamente importante es seguir con los viajes caros en momentos de graves crisis económicas y las visitas de Estado que incluyan a más invitados que miembros del gabinete. Hay prioridades.
Enfrentamos, una vez más, un hecho que de ser imperdonable no debería pasar inadvertido y sin culpables. El propio presidente Peña Nieto así lo dijo en entrevista con León Krauze. Entonces, ¿qué vamos a hacer como sociedad para que efectivamente sea imperdonable? ¿Vamos a exigir la renuncia de todo el gabinete de seguridad? ¿Debe irse Osorio Chong? ¿Monte Alejandro Rubido? ¿El director del penal del Altiplano? ¿El custodio que lo espera afuera del baño para acompañarlo a su celda? ¿Alguien algún día rendirá cuentas por sus errores? No lo sé.
Lo verdaderamente imperdonable es que nos quedemos sentados viendo el espectáculo sin exigir cuentas; sin demandar que necesitamos una explicación clara y convincente, así como la toma de medidas necesarias para que paguen los culpables de que sucedan eventos como éste. Eso no debería tener perdón…