El cementerio del capitalismo

Simón Levy · 18 de junio de 2012

El cementerio del capitalismo

 

“Mi vida no tiene ni propósito,

 ni dirección, ni objetivo,

ni  significado y sin embargo, soy feliz.

No entiendo por qué.

 

¿Qué es lo que hago bien?”

 

Snoopy a Charlie Brown.

En muchas ocasiones, los costos ocultos de nuestras emociones evidencian el precio de nuestras decisiones.

Aunque como verdad relativa que es, con esta frase intento describir una realidad determinada por la transformación del espacio y duración de los miedos o costos ocultos que posiblemente nos están impidiendo transitar con nuevas decisiones a una realidad que  sobrepase las meras opciones de la subsistencia.

El G-20 se reúne esta semana en Los Cabos, y mientras, parece expandirse en el capitalismo occidental la pandemia crónica de un fanatismo ortodoxo que cuida el backstage de un sistema que pregona “verdades absolutas” llenas de técnica pero carentes de conciencia por el entendimiento de la trascendencia humana.

¿Imaginar un mundo donde hay ciudades tan dispares como Mumbay o Nueva York, donde la gente cruza toda la ciudad para ahorrarse 20 dólares en un suéter de 100, pero no para ahorrarse 20 dólares en un ordenador de 1,000?

Hacia dónde va una humanidad que impedía en 2008 que los fabricantes de genéricos indios suministraran el antirretroviral tenofovir a 170 dólares por paciente al año, por la necesidad de que Gilead, -el propietario de la patente- cobrara 1,387 dólares para alcanzar su tasa de retorno.

Esto resulta no sólo caótico, sino existencialmente agotador.

Poco a poco parecen agotarse los souvenirs de una economía emocional basada en las experiencias por el hartazgo y el clamor de primaveras sociales en diferentes países y mientras tanto, una realidad que avanza, se empeña en apretar el botón del rewind de la historia que nos lleve al back to the basics de la humanidad (cambalacheo y economía del intercambio en Grecia).

En contrasentido, parecen ineficaces los argumentos para cambiar la realidad actual; la vasta literatura reaccionaria que evidencia y repudia el sistema económico mundial (Forrester, Chomsky, Lipovetsky) no traspasa la urgente  frontera de la crítica a la acción eficaz del cambio real. Todo se queda en arqueología literaria contestaria; revolución de sujetos que no tienen verbos que conjugar en lo real.

Aunque nos neguemos a aceptarlo, por la facilidad que las etiquetas nos permiten catalogar todo en cuanto hacemos y observamos, las geometrías de izquierdas, centros y derechas; las del populismo o el liberalismo, ya no son necesariamente descriptivas del hoy.

El hoy, parece evidenciar el necesario tránsito a un modo de vida de evolución mental para crecer y ya no, de un sistema económico de acumulación de bienes para evolucionar.

En efecto, el capitalismo se ha centrado primordialmente en la acumulación y consumo feroz de bienes para financiar el “desarrollo”, pero la realidad actual muestra que somos usuarios temporales y ya no propietarios permanentes de bienes.

Ya desde el siglo XIX Thorstein Veben, en su libro Teoría de la clase ociosa argumentaba que los ricos practicaban lo que él denominaba “consumo ostentoso” para señalar su poder y superioridad sobre los que lo rodeaban.

En 2008 Armin Heinrich, un diseñador de software de Alemania, creó una app aspiracional para iPhone llamada Soy Rico. Lo único que hacía era mostrar una gema roja parpadeante en la pantalla. La gracia era su precio: ¡999 dólares! Apple la eliminó el día después de lanzarla, pero antes de eso, 6 personas ya la habían comprado.

Me pregunto, no si este modo de ser es sustentable para la humanidad, ¿si no si hay indicios de esperanza al tránsito de una evolución que prevenga el caos y la destrucción para que no sean éstos, quienes nos obliguen a evolucionar?

El liberalismo de hoy está adoctrinado; lleno de teoría pero de pocos resultados, mientras  la realidad está devorando todos sus postulados.

El capitalismo que criticaba el dogmatismo del socialismo, se entrampó en la ortodoxia de la rentabilidad económica; en la esclavitud y servilismo al libertinaje de las catedrales de los mercados locales e internacionales, renunciando a la evolución social y mental.

El capitalismo occidental no entendió la forma de impulsar la prosperidad humana. Se dedicó no sólo a ampliar, sino a hacer más amable y manejable (aunque no digerible) el caos, para las bases de consumidores-feligreses dependientes de templos de centros comerciales o tianguis-mercado (dependiendo del estrato social) y para ello, se centró en subastar la necesidad y la escasez. Se consagró en la comercialización de expectativas desbordadas con recursos insuficientes sin una base patrimonial real.

Instauró el postulado en el inconsciente: Compro y consumo en abonos, y así, no pienso si existo. Sí, la esclavitud de los grilletes en abonos y la paulatina pérdida de la libertad por la membresía de una tarjeta de crédito.

Ello, le permitió a los flujos financieros obtener también rentabilidad basándose en la especulación-esclavitud del consumo y  no en la productividad y el trabajo.

No. No es, la trampa filosófica del Estado o el mercado. No sólo la crisis donde Occidente se dedica a crear  expectativas financieras mientras que Oriente acumula bienes y trabajo real. Tampoco necesariamente el problema recae, en que el crecimiento de Oriente signifique el destrozo o el caos de la permanencia de Occidente. Es la gran crisis que estamos presenciando de conciencias.

Por ello, me atrevo a predecir que la realidad nos llevará de una manera vertiginosa a presenciar el mausoleo del capitalismo como lo conocemos, incluyendo sus instituciones y el sistema financiero mundial.

Se entremezcla un mundo, que ya no administrará la abundancia y que tendrá poca elasticidad en la permanencia de los privilegios porque más de dos mil millones de seres humanos en Asia se están incorporando al mundo de un consumo orientado más no occidentalizado. Es decir, de un consumo irracional y desbordado para existir, a uno racionalizado para subsistir.

En efecto, la gran batalla del siglo XXI no será entre capitalismo y socialismo; no entre el capitalismo occidental ni el capitalismo de Estado chino, sino entre sistemas económico-educativos que sepan crear conciencias para disponer de bienes reales y recursos naturales.

Y mientras ello sucede, la realidad de a poco, se prepara para confeccionar un consumidor racionalizado, presionado en su actitud por administrar pausas que conviertan sus reacciones emocionales en actos razonados y racionalizados y donde la sustentabilidad pasará del discurso, al entendimiento que desarrolle la inteligencia de asociarnos a los efectos de largo plazo que no concebimos a través de los impulsos del corto plazo.

Así nos podremos encaminar a entender que la evolución social propicia el efecto multiplicador más eficaz que permite el crecimiento económico cuantitativo y no sólo cualitativo.

¿Cómo habrán de observarnos las generaciones venideras, cuando vean en los museos que en pleno 2012 había estudios de prestigiadas Universidades como Yale o Stanford, que concluían que en Estados Unidos la vida de un obrero blanco valía 16.8 millones de dólares más del doble que la vida de un obrero negro? (Eduardo Porter, Todo tiene un precio, ed. Aguilar).

O por ejemplo, entender que el precio de la basura proporciona una guía para la civilización actual, donde la suciedad es más barata en los países pobres. Para los chinos los costos de contaminación –mala salud, ríos venenosos, etcétera- pesan menos que lo que les costaría recortar la producción o reformar las fábricas para controlar sus emisiones contaminantes.

Gilles Lipovetsky afirma en su libro “El Occidente Globalizado” que “somos los primeros de la historia que nos enfrentamos a la pequeñez del mundo y al agotamiento de la naturaleza. Es el reverso inesperado del totalitarismo del crecimiento. La sobreabundancia, la gratuidad, la libertad de la naturaleza, eso se acabó”.

En efecto, creo que se acabó la versión de un capitalismo determinado sólo por la competitividad de los costos y transitamos a un sistema mental basado en  el cuidado de los recursos.

Una pequeña postal evidencia que durante el aumento de los precios de la gasolina ocurrido entre 2000 y 2005, economistas de la Universidad de California en Berkeley y Yale comprobaron que al doblarse el precio de la gasolina de 1.50 a 3 dólares, las familias se convirtieron en compradores más cuidadosos pagando entre 5 y un 11% menos por cada producto. (Porter).

Al capitalismo le faltó comprender que la conciencia del mercado responde a leyes de oferta y demanda no sólo de la escasez material sino del deseo de evolución humana.

 

El progresismo

Estoy cierto que evolucionaremos de una trampa filosófica entre el capitalismo y socialismo a la plataforma mental del progresismo. El progresismo creo, traslada la filosofía de los valores a la fuerza eficaz que convierte la ética y la conciencia en acción. Proporciona elementos de contención a la naturaleza humana que previene un poco más a la corrupción endémica y entiende que la socialización de la prosperidad es elemental e inteligente para el crecimiento material.

El progresismo no depende necesariamente de un sistema político, sino de un estado de conciencia mental de los gobernantes-gobernados que confeccionan un nuevo contrato social que no depende necesariamente de una democracia ineficaz o de una dictadura efectiva.  No concede elementos de mayor importancia a la libertad de expresión que a la libertad de alimentación, sino que sólo las ordena por prioridades donde una conlleva a la otra en orden y no necesariamente paulatinamente.

La democracia por ejemplo, parece haberse apropiado del mundo. Al final del siglo XX el 63% de la población mundial vivía en regímenes democráticos mientras que a finales del siglo XIX solo era el 12%. Pero ello, no necesariamente trajo prosperidad material a sus gobernados, sino que ha legitimado en muchos casos los privilegios y los monopolios legales.

La humanidad ha estado adoctrinada y dirigida por sistemas económico-políticos y ahora creo el progresismo nos permitirá transitar a una plataforma de entendimiento y de evolución de conciencias que no petrifique el pensamiento en una corriente económica sino que haga del movimiento, un tránsito hacia la evolución.

El progresismo es pues, esa plataforma que prepara y fundamenta conciencias para un desarrollo económico y social logrando integrar en el individuo, un estado de conciencia valorativa y de conocimiento de técnicas tecnológicas y materiales que el mundo está generando, que le permita  desplegar la suma de su creatividad y capacidad individual para interactuar en un entorno de escasez de recursos naturales, transitando así, de a poco, de una realidad de  clases materiales a una de niveles mentales.

El progresismo prepara comunidades de conciencias creativas para cocrear el desarrollo y no mercados de consumidores pasivos teledirigidos. Borra el concepto de un Estado que asiste al individuo sino que lo prepara para crecer independientemente del código postal donde viva para no depender. Crea y convierte al ser humano, a través de la conciencia, en activos financieros que no sólo lo hagan, sino le den durabilidad, como un agente creativo económico y reduzca el tiempo de ser  pasivo financiero que dependa del Estado.

El Progresismo entiende que detrás de una balanza comercial positiva en el corto plazo, hay una economía del conocimiento y estrategia educativa de largo plazo.

Con la idea de aterrizar lo que aquí describo, propongo al lector lo que llamo, el pentagrama del progresismo, como 5 tendencias de lo que observo tendremos en el futuro.

    

1. El renacimiento de la banca de desarrollo

 

Cada vez más un capitalismo de Estado cuya mano invisible en el mercado se difumina ante la aparición del cerebro visible del Estado. Del Estado-intervencionista al estado-inversionista.

China y Rusia han encontrado más fácil relacionarse el uno con el otro como Estados progresistas, que como capitalistas o como comunistas. El gobierno chino es accionista de las 13 compañías petroleras que controlan más de 3/4 partes de las reservas petroleras a nivel mundial.

Esto acentuará realidades donde no haya nacionalidades geográficas en los mercados inmobiliarios de Miami o de Shanghai, o le quite nacionalidades a los dueños de recursos naturales en Autlán, México, o en Lima. Es una nueva transnacionalización estatal-privada la que habremos de vivir compuesta y no sólo por multinacionales

 

2. De los instrumentos de deuda a los instrumentos de desarrollo

Ya no habrá dicotomía o dispersión filosófica entre Estado o Mercado. La racionalidad y la escasez, llevará a los Estados a impulsar las economías de las pequeñas ciudades y de las metrópolis. Los estados se centrarán y flexibilizarán fuertemente la descentralización del crecimiento económico de las metrópolis por lo que las estrategias de crecimiento ya no estarán basadas en instrumentos financieros de deuda sino en la bursatilización de activos públicos para el desarrollo económico y social.

 

3. Comercio intraregional y no solo internacional

El sistema del comercio mundial se ha centrado en la competencia y en el libre comercio mundial. Observo pues, una nueva tendencia basada en todo lo que aquí detallo, de un crecimiento intrarregional y en bloques geográficos que les permita a su vez interactuar con otros, para mitigar los procesos de escasez pero sobre todo para reforestar y recrear las bases de un nuevo sistema comercial que evolucione a través de las ventajas comparativas de regiones y nos preparemos hacia un nuevo sistema de ventajas competitivas internacionales.

 

4. La producción evolutiva y compartida de economías del conocimiento

La tecnología aplicada y cocreada para y por el desarrollo social y no solo al consumo para un mejor estilo de vida hará que los Estados creen políticas no sólo de vocación económica e industrial sino de conocimiento especializado con incentivos para atraer lo mejor de la tecnología y las patentes del mundo.

 

5. La migración, los recursos naturales y las materias primas serán un solo eje de seguridad nacional

Ahí a donde se encuentren los flujos de efectivo, de materias primas, de recursos y de conocimiento del mundo, los movimientos migratorios girarán.

Así pues, ya no es posible construir sistemas económicos amparados solamente en técnicas matemáticas o ciencias exactas que la realidad evidencia como inexactas, estoy cierto que debemos ser arquitectos del entendimiento de nuestra posición humana y del destino al cual nos queremos dirigir para entonces modelar el trayecto y el sistema que nos lleve a él. Un sistema que no promueva la diferencia entre clases sociales sino que democratice los niveles mentales.

Para ello, es necesario entender que los privilegios sólo crean subsistencia, mientras que el camino de una mayor igualdad crea evolución. Donde las necesidades básicas no sean mercancías aspiracionales o souvenirs de marketing económico, sino que son derechos naturales.

Y mientras haya intentos o vaivenes de improvisación estratégica, insisto en creer que la planeación, es traer las posibles consecuencias del futuro para modelar las circunstancias reales del presente y que no podremos transformar nuestra realidad exterior, mientras siga habiendo un rechazo por aceptar y entender con franqueza, los móviles del interior del ser humano.