Jorge Avila · 20 de mayo de 2026
Por Nancy Gocher *Directora del área de política pública e incidencia.
El Golfo de México es el hogar de 15 millones de personas. Muchas habitan en comunidades costeras a pie de playa, siendo al menos 90 mil quienes se dedican a la pesca ribereña. Debido a que la pesca se ha practicado por generaciones en estas zonas, su gente posee una fuerte cultura pesquera y un gran arraigo a su territorio marino y costero. Sin embargo, en los últimos años esto se ha roto: las comunidades están siendo desplazadas por el incremento del nivel del mar, poniendo en peligro ese arraigo. Tal es el caso de la comunidad El Bosque, en Tabasco, la primera comunidad en México reconocida oficialmente como desplazada por el cambio climático.
Desde 2019, la comunidad El Bosque ha visto cómo la erosión costera y el aumento del nivel del mar destruyeron sus hogares, escuelas y calles. En 2022, más de 30 familias tuvieron que dejar la comunidad, perdiendo no solo sus casas, sino también su sustento, ya que pescar se volvió cada vez más difícil. En 2024, 50 familias fueron reubicadas en la zona urbana de Frontera, lejos de la zona de pesca.
El Bosque es una comunidad pesquera ubicada entre el mar y el río Grijalva; por ello, la gente se dedicaba principalmente a la pesca, capturando ostión, jaiba, lisa, entre otras especies que se obtienen en mar abierto, como el huachinango. La comunidad no solo capturaba, también vendía localmente y comercializaba. La pesca sostenía a la comunidad.
La actividad pesquera es parte de la comunidad y de su cultura. El Bosque se creó antes de que llegaran las primeras plataformas petroleras; lo habitaron pescadores que se beneficiaron de la abundancia del mar y del río. Con los años llegaron las plataformas, y en el horizonte ya no solo había agua: también se veían torres que humeaban. Sin embargo, se adaptaron —no quedaba de otra—, ya que en Tabasco eso era parte del día a día. No se preguntaban si esas plataformas iban a afectar la pesca, su vida, los ecosistemas o a su comunidad. Estaba claro que, para los gobiernos, la prioridad era extraer petróleo a costa de todo.
En las últimas décadas, el petróleo los rodeó; sin embargo, la comunidad se dedicó a sacarle provecho al mar a pesar de los obstáculos, porque mientras la industria petrolera crecía en la región, a la pesca se le desplazaba, haciendo mucho más difícil salir a pescar debido a las restricciones y zonas de exclusión. Las zonas de exclusión se crean alrededor de las plataformas petroleras en el mar y nadie puede acercarse. Esto perjudica a los pescadores, porque cerca de las plataformas suelen congregarse las especies que se pescan. Al no tener esa opción, tienen que ir más lejos, poniendo en riesgo su vida.
En Tabasco y en el Golfo de México no solo hay petróleo, hay una enorme variedad de especies que alimentan a la comunidad y al país. Sin embargo, se ha apostado por desarrollar la industria petrolera por encima de la gente y de actividades que tienen un beneficio social, ambiental y económico. El petróleo ha desplazado a la pesca, ha dañado al medio ambiente y ha roto el tejido social de las comunidades al quitarles su forma de vida, su cultura y su arraigo al mar.
Esto le pasó a la comunidad de El Bosque: quedó bajo el agua a causa del cambio climático, ocasionado por la quema de combustibles fósiles, es decir, por el petróleo.
Después de años de lucha, la comunidad fue reubicada en 2024. A su nuevo hogar le llaman “Nuevo Bosque”. Hoy están reiniciando con mucha dignidad y ganas de seguir en la actividad pesquera para llevar comida a sus casas, pero también para continuar arraigados al mar y a su cultura pesquera. Se les dificulta pescar, pues Nuevo Bosque no está cerca del mar ni del río, lo que hace muy difícil y caro ejercer la actividad. Sin embargo, están trabajando para lograr que la pesca sobreviva, y para ello se requieren acciones conjuntas entre ellos y las instituciones pesqueras. Si se busca que la reubicación sea un éxito, es importante que las instituciones respondan y construyan con la comunidad estrategias para que puedan seguir pescando y activar la economía en Nuevo Bosque. La comunidad quiere trabajar, quiere pescar.
“Nosotros somos los primeros, pero no seremos los últimos”, sentenció una habitante de El Bosque. Lo afirma así porque, a pesar de las evidencias del daño que hace la extracción petrolera en el Golfo de México, se le sigue apostando a ese modelo de desarrollo; se le sigue apostando al petróleo.
El Golfo de México no es de la industria petrolera, es de la gente. En Oceana proponemos que se detenga la expansión de la explotación de hidrocarburos mediante una zona de salvaguarda que proteja las aguas profundas. Es necesario cambiar la forma en que vemos el Golfo de México; se requiere un nuevo modelo de desarrollo que ponga en el centro a la gente, a las comunidades, a la pesca y al medio ambiente.
Proteger el Golfo de México es tarea de todas y todos; apoyemos a las comunidades del Golfo de México. Les invitamos a levantar la voz junto a ellas y exigir detener la expansión de hidrocarburos. Firmen la petición: “¡El Golfo de México nos une!”.