blogeditor · 7 de octubre de 2021
Con el objetivo de garantizar el acceso a energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos y avanzar en el logro de la Agenda 2030, la evidencia demuestra que es fundamental diseñar estrategias para impulsar fuentes de energía sostenibles. La administración federal actual (2019-2024) ha cambiado las prioridades anteriores de apoyar un mercado eléctrico competitivo y dar preferencia a las fuentes de energía renovable (FER) y ha optado por regresar el control de la industria energética al gobierno. Sin embargo, las FER no convencionales en México han logrado avances importantes durante los últimos años, llegando a aportar el 10% de la generación total de energía eléctrica en 2019.
Estas fuentes de energía renovable no convencionales son aquellas cuyas fuentes de generación de energía no incurren en el agotamiento de su fuente generadora. En el caso de la bioenergía, ésta contribuyó con el 0.54% del suministro total. La bioenergía es la energía obtenida a partir de la transformación química de residuos biológicos mejor conocidos como biomasa, la cual se puede convertir en electricidad de varias formas. El método más utilizado en México es la combustión directa, seguido de la generación de biogás para combustión o electricidad. A pesar de esta oportunidad, la alternativa de transformar el biogás en biometano (BM) y venderlo a las centrales eléctricas actuales y futuras que usan gas natural (GN) no se ha implementado en el país.
El GN es el principal combustible utilizado para la generación de electricidad en México y el país importa más de la mitad del GN requerido para satisfacer la demanda interna, el sector eléctrico siendo su principal usuario. Esta dependencia del GN extranjero podría aliviarse mediante la producción nacional sostenible de BM, el cual podría utilizar la misma infraestructura que el GN y almacenarse en cavernas de sal y acuíferos, lo cual no implicaría descomunales costos de inversión. En este sentido, el BM se diferencia de otras FER porque competiría con el GN importado en lugar de competir con la generación eléctrica nacional. A pesar de esto, los costos de producción conocidos de BM en México siguen siendo muy altos, a diferencia de lo sugerido por las proyecciones de precios del GN en el mercado, las cuales son significativamente más bajas para los próximos años. Sin embargo, la evidencia sugiere que las nuevas industrias de energía renovable reducen significativamente los costos de procesamiento a mediano y largo plazo.
En este contexto, Núñez (2021) realiza un análisis prospectivo de los impactos en el bienestar y el medio ambiente de diferentes políticas para incentivar la producción nacional de BM a partir de residuos urbanos para sustituir parte del GN usado por centrales eléctricas. También, compara los resultados de dichas políticas con los obtenidos bajo la política actual. Por un lado, las políticas alternativas consisten en un impuesto al gas natural por las emisiones de carbono y por otro, un mandato de mezcla mínimo de BM en el GN. El objetivo de este análisis busca generar evidencia que pueda ser utilizada para diseñar estrategias de política pública que puedan impulsar un sistema energético sostenible y contribuir al logro del ODS 7: Energía asequible y no contaminante.
Los resultados muestran que, bajo la política actual, no habría producción de BM y México seguiría importando la mayor parte del GN total requerido para el sector eléctrico. Esto reflejaría el valor que el gobierno otorga a los ingresos de la compañía eléctrica nacional, que es el principal consumidor de GN, y la baja prioridad otorgada al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Bajo una política de mandato de mezcla, habría producción y demanda de BM, mayor bienestar social en parte debido a los beneficios ambientales; pero la producción sería limitada porque los productores no podrían cubrir los costos de una producción a gran escala. En el escenario de la política de impuesto al carbono, la demanda total de GN sería la más baja, mientras que la generación y demanda de BM aumenta y alcanza el nivel más alto de los tres escenarios: hasta un 2.8% de la demanda total proyectada de la mezcla GN/BM en el país.
En conclusión, la evidencia generada sugiere que implementar un impuesto al carbono generaría el mayor bienestar social total, incluyendo los mayores beneficios ambientales, a pesar de que los productores locales de GN obtendrían bajos excedentes económicos debido a dicho impuesto. Es importante señalar que las externalidades debidas a las emisiones de carbono por el consumo de GN y la disposición de residuos urbanos sin darle ningún valor agregado son justificaciones clave para la intervención del gobierno mexicano en el mercado de electricidad basado en GN. De esta forma, el uso de BM doméstico no solo podría llegar a generar alrededor de 6.000 GWh al año, sino se constituiría en una pieza clave para incentivar diferentes sectores económicos debido a la construcción de las plantas de BM y la creación de empleo, tanto para dicha construcción como para su operación, donde en este último caso se trata de generación intensiva y permanente de nuevos empleos. Por lo tanto, es primordial que cualquier política que implemente el país para promover el mercado de BM sea considerada sostenible.
* Héctor Núñez (@hectornunezam) es Profesor Investigador Titular en el Departamento de Economía del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Referencia
Nuñez, H. (2021). Biomethane for electricity in Mexico: A prospective economic analysis. Economics of Energy & Environmental Policy. 10(2): 197-213