blogeditor · 21 de noviembre de 2013
La comunicación a través de las redes sociales no es cosa sencilla. La obligación de ceñirse a la síntesis, la inmediatez del acto de comunicación y la escasa atención de la audiencia la hacen todo un reto, que se complica mucho más para aquellos que tratan de usar los mecanismos modernos para el activismo o hasta la mera propaganda. Dos casos recientes ilustran el contraste.
Primero, el mal uso. Hace unos días el canciller iraní Javad Zarif decidió que era una buena idea defender en YouTube los argumentos de su país en el contexto de las pláticas sobre las capacidades nucleares iraníes. Zarif le pidió a algún empleado suyo (porque ningún profesional del vídeo podría haber hecho semejante bodrio) que lo grabara dando un largo y melifluo discurso que luego alguien mal editó y peor musicalizó. El resultado es de risa loca. Cuando lo vi, pensé que era una de esas parodias geniales de algún sitio de Internet dedicado a la comedia. Pero no: es real.
[contextly_sidebar id=”d021ea1d4bf75a5525f1bed618baa96c”]Es particularmente indignante que el régimen iraní quiera aprovechar el poder de las redes sociales para sus propios intereses. En Irán, tanto Twitter como Facebook son técnicamente ilegales. Es bien conocida la vocación de censura de los ayatolás. Da gusto ver como el video, patético intento por aprovechar lo que los jerarcas iraníes han intentado prohibir, ha sido motivo de burla universal en las últimas horas. Parte de lo extraordinario de la generación que ha crecido con redes sociales es que mantiene un escepticismo radical. No se traga la propaganda, y menos la mal hecha.
Hablemos ahora del buen uso de Internet. Hace algunas semanas, dos adolescentes –novio y novia- en la ciudad marroquí de Nador se besaron en plena calle y subieron la fotografía a Facebook. Ni a usted ni a mí, querido lector, nos resulta extraño. Todos o casi todos los que usamos Facebook hemos subido alguna foto romántica para compartirla con nuestros amigos envidiosos (y algunos que no lo son tanto). El problema es que, en Marruecos, hacer público un gesto tan sencillo e íntimo como un buen beso es considerado indecente. Como consecuencia, los jóvenes fueron detenidos y ahora enfrentan un juicio. De encontrárseles culpables, podrían ir a la cárcel por dos años. Ambos están aterrados.
Este beso puede costar la cárcel a dos adolescentes marroquíes. Anonymous se moviliza para defenderles #nadorkiss pic.twitter.com/9xjbIY1kmY
— JoséManuel Rodríguez (@rpicallo) noviembre 21, 2013
El caso llegó a oídos de Anonymous. El grupo tuvo la idea de crear lo que se llama “tweetstorm”: una auténtica tormenta en Twitter para presionar al gobierno marroquí y a las Cortes de aquel país. Con el hashtag #NadorKiss, Anonymous le pidió a sus cientos y cientos de miles de seguidores que enviaran mensajes al gobierno de Marruecos. La intención es la misma que la que pretendía el ingenuo canciller iraní con su video: imponer la agenda, cambiar el sentido del discurso alrededor de un caso en particular. A diferencia del hilarante vídeo aquel, el proyecto de Anonymous tiene buenas posibilidades de rendir frutos. Ningún país quiere ser visto como nido de intolerantes, mucho menos uno que depende en gran medida del turismo internacional. Eso no quiere decir que los jóvenes del beso se libren de un proceso judicial, pero es posible que les vaya mejor de lo que les hubiera ido si no hubiera existido la campaña de apoyo virtual.
Lecciones de nuestro tiempo.