El avance de la ciudadanía

Daniel Gershenson · 7 de junio de 2011

El incendio de la Guardería ABC en Hermosillo segó las vidas de 49 niños y lesiones a más de cien con secuelas que durarán para siempre. El domingo pasado se cumpieron dos años de la tragedia emblemática de nuestro tiempo: una que significa el santo y seña de la administracón calderonista, así como la del entonces gobernador Eduardo Bours y el presidente municipal Ernesto Gándara.Un tema del que ya se están ocupando expertos, autores y documentalistas, que redundará en leyes que dotarán de significado y trascendencia a una tragedia  que pudo haberse evitado.

La Marcha conmemorativa se llevó a cabo en la capital de Sonora, y abarcó una ruta conocida. De la Guardería ubicada en Mecánicos y Ferrocarrileros, Colonia ‘Y’ Griega por Periférico Sur hasta hacer una ele en Vildósola. Miles de ciudadan@s, acompañando a los papás y mamás en un afluente que desembocó en la escalinata del Museo de la Universidad de Sonora, y que contó con la participación del Movimiento Cinco de Junio. Ahí se pronunciaron discursos, se leyó el Pase de Lista con el nombre de 25 niñas y 24 niños, y finalmente se compartió el Manifiesto que recapitula logros tales como los Juicios Ciudadanos, la aprobación -por parte del Senado- de la Ley Cinco de Junio y la eventual construcción de un Memorial en el lugar de los hechos.

Por contraste, llama otra vez la atención, el deseo que tienen algunos protagonistas del gobierno de desmarcarse de sus responsabilidades morales y éticas: a toro pasado, y desde sus nuevos ámbitos de responsabilidad.

Es muy fácil saber cuál hubiese sido el destino político y legal de un personaje como Juan Molinar Horcasitas en cualquier otro país: la destitución fulminante o la renuncia por elemental dignidad.

Como estamos en México, con élites que se empeñan en mirar hacia el pasado, y las decadentes reglas no escritas del personalísimo sistema presidencial persisten (tardarán un poco tiempo más en modificarse, pero por lo pronto tenemos que vivir otro rato con ellas), los viejos vicios y apologías se manifiestan con sesgos nuevos y presuntas ‘razones’ inmunes al sentido común o la empatía con el dolor ajeno.

El kabuki discursivo de la burocracia: sin remordimientos y envuelta en su propio falso triunfalismo, y que acusa a los participantes de fomentar prácticas estilo Guardias Rojos. La victimización autocomplaciente. La misma sordera.

El exdirector general del IMSS -y hoy mariscal electoral del Titanic en el que se está convirtiendo su partido- ha sido llamado a defender sus ‘razones’, a la luz del Juicio Ciudadano que el 29 de mayo pronunció una sentencia simbólica en contra de Molinar y el actual director del Seguro Social, Daniel Karam (quien hasta donde sé, no ha dicho “esta boca es mía”).

El también exsecretario de Comunicaciones alega en su descargo que no presentó su renuncia porque el haberlo hecho equivaldría a asumir que era responsable del desorden que derivó en el incendio del 5 de junio de 2009 en Hermosillo. Acusa a Emilio Álvarez Icaza, quien presidió el Juicio, de haberse convertido en una especie de comisario inquisidor, figura que sólo existe en su imaginación.

Escribo esto desde Durango, después de haberme unido a la Caravana por la Paz convocada por Javier Sicilia, en Zacatecas. Solidaridad, testimonios desgarradores que contrastan con la visión arcaica y cerrada del cancerbero electoral del régimen.

Las noticias avanzan por derroteros insospechados. Causas comunes convergen, y un grupo de papás y mamás de Hermosillo acompañarán a la Caravana en su última fase, cuando se firme el Pacto Nacional el viernes 10 de junio en Ciudad Juárez. La fecha es significativa. Hace cuarenta años la administración de Luis Echeverría afirmaba su vocación represora durante una marcha de estudiantes que partía del Instituto Politécnico Nacional en el Casco de Santo Tomás.

Todo está vinculado. Nada nos es ajeno.

El camino hacia Ciudad Juárez se sigue despejando.