El atropellado contraataca

blogeditor · 20 de mayo de 2016

El atropellado contraataca

Por: Eduardo Limón (@elimonpartido)

Se llama “Protocolo de actuación policial de la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX para la realización de detenciones en el marco del sistema penal acusatorio“, y apareció hace algunos días dentro de la Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

Representa la llegada a nuestro entorno operativo (por “nuestro” naturalmente me estoy refiriendo a todos los ciudadanos) de un medio por el cual los agentes de la Secretaría de Seguridad Pública citadina deberán -obligatoriamente- prestar auxilio y atención total a las víctimas de casos en los que, como yo, uno sea -vamos a poner un ejemplo- atropellado y el responsable se dé a la fuga.

El Protocolo al que me refiero determina el cumplimiento de ciertas normas (que naturalmente podrían ser articuladas sin necesidad de protocolo alguno si en la vocación de los funcionarios pesara más el sentido común que la burocracia) que, de entrada, tranquilizan mi psique y hacen que sienta que el esfuerzo empleado en recabar firmas y hacerlas llegar a la SSP valió la pena. No se trata de ninguna dádiva bondadosa generada por la sapiencia de algún funcionario, se trata de un asunto en el que la promoción de los derechos de la víctima se priorizó gracias a la ayuda de conciudadanos que, desde la experiencia personal seguramente pensaron, como quien esto escribe, que ya estuvo suave de recibir prácticamente en todos los casos atención deficiente por parte de los servidores públicos que con nuestros impuestos pagamos.

La historia que generó todo esto tuve ya oportunidad de contarla aquí hace justamente medio año (si les interesa lean acá) y a ella debo agregar que, luego de convencerme de que la aparición del tipo que me atropelló sencillamente no iba a ocurrir nunca, se me ocurrió, en complicidad con la actriz Patricia Rozitchner, antaño directora del Festival Internacional de Teatro de Papel, montar una pequeña obra de teatro (“Paquete Aparezcas” se llamó) que contó mi caso más de cien veces frente a una reducida pero siempre entusiasta audiencia.

Estuvimos presentándonos en Microteatro, ubicado en la Santa María La Ribera, durante un par de meses. Más de cien funciones tras cada una de las cuales nos dedicamos a solicitar firmas al público asistente para, canalizando la indignación, lograr la vinculación con la SSP y, a la larga, la aparición del protocolo de referencia. No puedo negar que la grata experiencia de pisar un microescenario resultó feliz y placentera. No puedo negar tampoco que el saber que en este país muchas veces haya que recurrir a esta clase de artimañas culturales para provocar la atención por parte de los servidores públicos que pagamos impregnó la peripecia de un sabor agridulce.

Al final, resulta que la cosa no salió tan mal para esta causa de atropellados: en la escala microteatrera —una determinada no sólo por los quince minutos que duraba nuestra obra, sino también por las quince personas con las que la sala en la que estuvimos podía declararse llena, ante el abrazo lloroso de quienes integramos la compañía— el número de firmas alcanzado no fue, en modo alguno, despreciable (no fueron mil, pero tampoco cuarenta), el porcentaje de actores perteneciente a los otros montajes microteatreros que acudió a vernos durante sus espacios disponibles entre función y función equivalió a un solidario 100% y la resonancia que esta causa consiguió desde los micrófonos de W Radio, MVS y Radio UNAM resultó sencillamente gratificante.

Dice el lugar común que a veces las vueltas que da la vida son completamente inesperadas. Y bien, el lugar será muy común, pero debo ratificar que eso es cierto. Si alguien —algún tipo de duende, un viajero del futuro, algún borracho con talento para la profecía— se hubiese acercado a mí mientras me encontraba tendido sobre el asfalto el día que me atropellaron, para susurrarme al oído “lo que te acaba de pasar te va a servir para hacer teatro” naturalmente no le hubiera creído. En primer lugar porque yo dejé de hacer teatro cuando salí de la preparatoria, y en segundo porque cuando a uno lo acaban de atropellar la verdad es que trae demasiadas cosas en la cabeza como para prestarle atención a cualquier tipo de duende, viajero del futuro o borracho parlanchín.

El hecho es que mis compañeros actores (la ya mencionada Patricia Rozitchner, Gerardo Cabal y un servidor) vamos de vuelta al teatro: desde este sábado 21 y hasta el próximo 9 de julio, estaremos todos los sábados, en punto de las 22:00 hrs., abriéndole funciones del espectáculo “Las Miserables” a Las Reinas Chulas y Fernanda Tapia en el Teatro bar El Vicio. El nombre de la nueva pieza es “El atropellado contraataca” y su objetivo es dar a conocer la materia que integra este Protocolo que, entre otras cosas, obliga a los policías a, básicamente, prestar atención clara y expedita a los ciudadanos que, como yo, sufran un atropellamiento.

Los obliga también a recordarle al afectado que es posible, entre otras cosas, efectuar la necesaria denuncia empleando la practicidad de internet, con lo cual, como sabemos, podrán evitarse casos lamentables como aquellos en los que las imágenes que captura el C4 se borran a los siete días, para desgracia del afectado y para, así pareciera, protección del conductor prófugo que ahora, por lo menos, podrá pisar el acelerador percibiéndose un poco más vulnerable.

El protocolo entero puede consultarse aquí y la dirección del Teatro bar El Vicio, por si se les antoja presenciar nuestros desfiguros, acá.

Después de esto, aseguro que no volverán a oírme hablar acerca de lo que me pasó en la rodilla nunca, nunca más.

La maravilla es que me retiro de esta historia caminando con algo que se parece mucho al orgullo. Y a la felicidad.

 

* Eduardo Limón es periodista especializado en cultura. Colabora en W Radio y en Canal 22.