El apagón

blogeditor · 24 de junio de 2022

El apagón

Soy un tipo muy afortunado. Gracias a mis trabajos he podido viajar mucho y por todos lados. Llevo prácticamente 30 años haciendo lo que hago, por lo que no es que sepa mucho, pero sí tengo mucha experiencia. Conozco relativamente bien cómo funciona un hotel, por lo que ayer estando en Cancún en un viaje para comer hamburguesas (si, envídieme mucho), no me sorprendió mucho que la energía eléctrica fallara, primero unos segundos y posteriormente, un buen rato. Sin mucho qué hacer y con un calorcito rico en la habitación, y ante la imposibilidad de ir a la caminadora del gimnasio del hotel (vamos, hay que hacer algo para poder comer tantas burgers), salí a hacer mi caminata matutina por las calles de la ciudad. En recepción me informaron que no sabían cuándo regresaría la energía, porque no era una cuestión del hotel, sino del barrio entero. Me arranqué y rápidamente comencé a notar los estragos de la falta de luz eléctrica. En una ciudad como ésta, tan dependiente del aire acondicionado y con un tránsito vehicular importante, había mucha gente escapando de oficinas y lugares encerrados y muchas personas atrapadas en sus autos por los enormes embotellamientos que comenzaron a suceder en las calles. Con todo y que la fuerza pública y policía municipal coordinaban los pasos en los cruceros más importantes de la ciudad, el tráfico se puso digno de la Ciudad de México en viernes de quincena.

Caminé y caminé, crucé un par de colonias y poco a poco me fui dando cuenta que no era una cuestión de un barrio, sino probablemente de la ciudad. Me acordé que hace un tiempo ya habían habido problemas de suministro eléctrico en la zona y en toda la Península. Traté de buscar información, notas o tuits, pero -oh sorpresa- mi celular tenía media barrita de señal y no abría nada. Olvidé mencionar que cuando inicié mi caminata no arrancó Spotify y no pensé nada, más que -claro- sin luz el wifi del hotel no jalaba. No funcionaba Telcel. Intenté marcarle a mi esposa en la Ciudad de México como para preguntarle si ella sabía algo, y pues tampoco. ¡Ah! Claro, sin electricidad, probablemente tampoco estaban jalando las torres repetidoras de la red de celular. Bueno, pensé, esta será una caminata de introspección, meditación y mucho sudor. Me puse la meta, ilusamente, de ir a un Starbucks a tres kilómetros del hotel, pensando que en ese barrio sí habría luz. Cuál fue mi sorpresa al llegar que no había servicio. No podían hacer café, sólo podían vender bebidas embotelladas o frías y, supongo, tenía que pagar uno en efectivo y con el importe exacto pues no habría modo de cobrar por tarjeta.

Sudando la gota gorda, un poquito insolado, emprendí el camino de regreso. Ahora sí me empecé a preocupar, porque evidentemente no era un apagón cualquiera. Algo grave y mucho más grande estaba sucediendo. Entré a un Oxxo (ellos sí tienen planta y aire acondicionado y, acostumbrados a sus caídas de sistema, sí podían cobrar) a refrescarme un poco y ahí comencé a escuchar conversaciones que referían a un apagón masivo: todo Cancún estaba sin energía eléctrica. Varios nos resguardamos en ese Oxxo de la Av. Bonampak unos minutos, pero si no compra, no puede estar ahí parado nomás señor, así que tuve que continuar en mi camino. Llegué al hotel justo en el momento en que se restableció el servicio. Un poco más de una hora desde que había arrancado. Inmediatamente mi teléfono explotó en su melodía de mensajes, mails y notificaciones. Revisé curiosamente Twitter en primer instancia, porque la inmediatez de las noticias ahí no la supera nadie. Inmediatamente supe que el apagón no era del barrio, de la ciudad, del municipio o del estado de Quintana Roo. La Península de Yucatán, prácticamente en su totalidad, había quedado sin suministro energético. Hoteles, hospitales, comercios, avenidas, casas particulares, la red de agua potable, los responsables de seguridad y orden, en fin, TODA la península sin luz, sin celular y, en algunos casos, sin agua y sin muchos servicios. Todo porque, como nos enteramos después en la escueta nota de la CFE, el accidente de un trabajador en alguna planta derribó las seis líneas principales que llevan el suministro de electricidad a toda la hermana república de la Península de Yucatán. Tres estados completos sin energía. Más de un millón de usuarios (que significan muchos millones de habitantes) sin luz por más de una hora. ¿De verdad? Creo que ni en una película de James Bond había visto algo tan dramático y tan siniestro.

Regresó la luz, la CFE informó las “razones” del evento y tan tan. Se acabó. Porque hoy en la mañana, un día después, mientras escribo esto, ya no hay ni el más mínimo rastro de información al respecto. Platico con gente aquí en Cancún y me recuerdan que no es la primera vez que sucede algo similar. ¿No se debería de haber resuelto esto? Estoy aterrado de que las acciones de dos personas (que además no sabemos en qué región del país) puedan crear una disrupción tan grande en una región tan amplia de la República Mexicana como ésta. ¿De verdad es tan precaria la red eléctrica del país como para que el accidente de una persona (que espero que esté bien y en recuperación) dé al traste con toda la energía eléctrica de Campeche, Yucatán y Quintana Roo? ¿Estamos tan vulnerables? Este país es mágico. Las cosas funcionan de milagro.