El Anticristo naranja

blogeditor · 27 de enero de 2017

El Anticristo naranja

¿Cómo le vamos a hacer para sobrevivir con El Anticristo naranja gobernando Estados Unidos?

Si lleváramos esta situación a una escala doméstica, tener un vecino violento y gandalla es algo que solo se sobrevive teniendo buena relación con los demás vecinos. Esta se consigue dando los buenos días, separando la basura, recogiendo la popó de tu perro, y pagando el mantenimiento a tiempo. Es bastante simple.

Donde yo vivo ya tuvimos una experiencia horrible con un vecino violento. Fueron varios años en que todas nuestras acciones estaban condicionadas por su grado de intoxicación por alcohol y otras sustancias. Llegó incluso a echar tiros al aire. Los pobres niños sabían que si estaban jugando y el vecino borracho salía, debían meterse corriendo a sus casas. También era misógino, clasista y fanático de Hitler. Un día amenazó con matar a una nana jovencita y un niño de dos años. Ese día nos armamos de valor y fuimos todos juntos a ponerle un alto, que sirvió para apaciguarlo por un tiempo.

Como era propietario no podíamos sacarlo. Nosotros llamábamos a la patrulla y la esposa -víctima de maltrato- lo perdonaba cada vez. Lo detuvieron, pero lo volvió a perdonar. No tuvimos paz hasta que el vecino borracho se murió.

Lo positivo de esta historia fue que, sin necesidad de ser amigos íntimos, los vecinos estábamos siempre listos para proteger a los hijos de los demás. Las puertas de nuestras casas estaban siempre abiertas para refugiar a cualquiera que lo necesitara.

La sensación de indefensión solo se puede quitar formando un bloque ante el enemigo. Por eso me conmovió la llamada #WomensMarch en la que vi marchar junta a gente de todos colores, edades, géneros y preferencias, reconociendo que los derechos de tod@s son igual de importantes.

En México nos falta eso. Para estar fuertes ante un enemigo del tamaño de Trump, cuya maldad solo es comparable a la de Hitler -o Javier Duarte-, tenemos que ser mucho mejores que ellos en todo, y estar juntos.

Volviendo a poner la situación a escala, somos como una familia profundamente disfuncional con hermanos que se odian, padres ausentes, madres violentas, cuyos integrantes están esperando que sea el otro el que pida perdón para dejar de pelear. Mientras sigamos sin estar dispuestos a dar el primer paso, será fácil pasarnos por encima.

Si, como lo ha anunciado, Trump nos regresa cientos de miles de migrantes mexicanos para acá de un jalón, ¿cómo los vamos a recibir? ¿Tan mal como tratamos a los centroamericanos o a nuestros migrantes internos, los desplazados? ¿Qué tal si los hacemos sentir en casa a todos, sin discriminación de ningún tipo? ¿Qué tal si en vez de verlos como amenazas, nos ponemos en sus zapatos por un momento?

Estoy convencida de que hasta en las acciones más pequeñas, la generosidad siempre da frutos. Si el Anticristo naranja promueve el odio hacia nosotros, promovamos el amor entre nosotros.

 

@tiarescanda