blogeditor · 2 de diciembre de 2013
Exhibiendo fechorías pasadas y presentes sin castigo; con masivas estrategias de comunicación que alientan presuntas ‘buenas nuevas’ y cifras maquilladas; callando ante las gravísimas crisis que aquejan a vastos sectores nacionales. Con nulo o anémico crecimiento en la economía y un sector social olvidado como fue el caso de los dos sexenios anteriores, donde el PAN ratificó con creces su incapacidad, además de incurrir en los mismos vicios que los predecesores revolucionarios e institucionales. Se acumulan escándalos, complicidades manifiestas y promesas electorales incumplidas; crece la irritación social. También, la corrupción e impunidad en múltiples órdenes.
A principios de su gestión, Enrique Peña Nieto hizo pública su declaración patrimonial que resultó ser un recuento parcial e incompleto, lo que manda señales inequívocas de que imperará durante su gestión la opacidad: marca casera de todos los gobiernos priístas, tanto federales como estatales (y para el caso, de sus derivaciones panista y perredista).
Las comparaciones y contrastes, a estas alturas de involución política en el mundo (por ejemplo en Ucrania o Tailandia), son válidos. Un país lejano –gobernado, como en México, por un partido dominante con cierta presencia de oposiciones en enclaves aislados- que desde inicios de los noventa busca asumir valores democráticos que lo alejen para siempre de sus orígenes totalitarios, enfrenta duras pruebas en distintos frentes. La más visible remite al grave dilema institucional que se está gestando en la República de Sudáfrica en torno a la administración de Jacob Gedleyihlekisa Zuma, tercer presidente electo después de los cambios estructurales y reformas profundas detonadas por la liberación de Nelson Mandela y el fin del apartheid en esa nación hace casi treinta años.

Estadio de Johannesburgo, 11 de junio de 2010. Zuma y el entonces presidente de México Felipe Calderón, durante el partido inaugural de la Copa del Mundo (viaje cuyo objetivo declarado por Los Pinos fue “construir una relación prioritaria para potenciar y dinamizar las diversas esferas de interés entre ambas naciones”).

Campea allá tanto la corrupción, como el conflicto de intereses y el tráfico de influencias. Reportajes del centro de investigación periodística amaBunghane del diario Mail and Guardian dan cuenta pormenorizada del grave despilfarro que representó la ampliación de los trabajos -con dinero público, por supuesto- en la mansión de Zuma en su tierra de origen: Nkandla en la provincia de KwaZulu-Natal.
A la usanza de los dictadores que no tienen que rendirle cuentas a nadie, Zuma ha gastado dinero que no es suyo en su gigantesco refugio: un estrafalario monumento a su persona. El informe provisional hace un recuento de gastos innecesarios y comisiones infladas; gastos obscenos y nula supervisión a la hora de completar el Búnker o barril sin fondo de Jacob Zuma. ¿Representará Nkandla, en última instancia, un obstáculo insalvable de la incipiente –porque veinte años no son nada– democracia sudafricana?
[contextly_sidebar id=”aa4742515d997658319688a05be1b8a2″]No es monopolio de México la construcción de Partenones edificados con dinero mal habido o partidas secretas, prácticamente imposibles de rastrear. El escándalo de Nkandla y el escamoteo por parte del gobierno de información de interés público mediante absurdos argumentos de ‘seguridad nacional’ (el último refugio de los bribones), son sólo una parte del enigma que no terminará de resolverse hasta que se finquen responsabilidades concretas y se impongan castigos. Si es que esto llega a ocurrir, en virtud de las resistencias por parte del gobierno, a actuar en consecuencia. ¿Se impondrán los pactos y complicidades secretas, a la necesidad de limitar las atribuciones ilegítimas de un jefe de Estado que se comporta como un sátrapa cualquiera, sin controles oficiales?
Las indagatorias de la encargada del proceso: Protectora Pública o Defensora del Pueblo, abogada de derechos humanos y una de las redactoras de la constitución federal de 1994, Thuli Madonsela, comprometida a llevar hasta sus últimas consecuencias el resultado de sus investigaciones, revelan múltiples anomalías en la asignación de recursos para la fastuosa mansión del presidente sudafricano. Alguien que ha hecho de la corrupción galopante y el abuso de autoridad, sus principales herramientas de trabajo.

Hay escenarios paralelos aplicables a México (¿hasta cuándo surgirá la Comisión Anticorrupción autónoma que prometió Peña Nieto y cuál serán sus alcances y atribuciones?) en la insistencia por parte de los medios sudafricanos de llegar a la verdad de los hechos, pero también en la oposición tajante mostrada por diversos sectores dentro de la burocracia y el Congreso Nacional Africano -partido mayoritario, del que alguna voz surgieron las figuras colosales de Mandela, Oliver Tambo o Walter Sisulu– y del gabinete bonsai de Zuma, alegando razones de Estado para impedir que se conozcan detalles relacionados con Nkandla.
Todo indica que Madonsela exigirá al Parlamento que llame a cuentas a Zuma, a efecto de que se le obligue a reponer las cantidades erogadas con dinero público para satisfacer sus caprichos personales. Recurso impensable en el sistema mexicano, diseñado para ocultar gastos suntuarios como los de la tristemente célebre Colina del Perro del expresidente José López Portillo.

El costo proyectado de Nkandla frisa los 270 millones de rand, moneda local sudafricana que equivale aproximadamente a veintiséis y medio millones de dólares.

El complejo amurallado se encuentra a 40 kilómetros de la cabecera municipal, en el distrito de Uthungulu. La mayoría de su población, de la etnia Zulu a la que pertenece el actual presidente sudafricano, vive en condiciones de extrema pobreza.
Un sector importante de la sociedad sudafricana está luchando por incorporarse al concierto de las naciones plenamente democráticas. Medios como el Mail and Guardian aportan su dosis de enjundia y profesionalismo, pero es incierto el desenlace. Demasiadas fuerzas centrífugas, y un débil entramado de pesos y contrapesos, militan a favor de las inercias personalistas de Zuma y sus allegados. Como en México, en Sudáfrica el futuro es incierto. Del resultado de las indagatorias sobre Nkandla y otros excesos de Jacob Zuma dependerá su avance en transparencia democrática, o el provisional estancamiento. También, de la aquiescencia de amplios sectores de la sociedad, la clase política y el empresariado, que toleran ‘premios’ a la impunidad tan aberrantes como Nkandla o Zumaville.

Jacob Zuma, nadando en dinero.
Zuma es acusado de ‘corrupción a gran escala’: artículo de The Guardian (Inglaterra). El Mundo, de España: Los medios desafían a Jacob Zuma y publican fotos de su residencia.
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De lo que aconteció en calles y avenidas de la Ciudad de México ayer, durante y después del primer aniversario del Peñanietato y la represión del #1DMx (con fotos, si es posible), nos ocuparemos en próximas entregas.