El anillo

blogeditor · 28 de abril de 2017

Fue en agosto del año pasado cuando la polémica respecto a la transformación de 525 gramos de las cenizas del arquitecto Luis Barragán, en un anillo de compromiso de 2.02 quilates, comenzaba gradualmente a llegar a los medios, que Elena Poniatowska escribió en La Jornada, citando lo que el arquitecto Luis Barragán le confió en alguna entrevista: “a lo que le tengo aversión es a las proporciones mediocres. Me gusta que los espacios sean grandes y fuertes. Fíjate que a mí, por ejemplo, los departamentos con techos bajos, como se hacen ahora, me deprimen”, para luego de ello, acompañar la cita con una reflexión emanada directamente de su indignación: “¿Qué diría Barragán de que Jill Magid, artista conceptual, lo haya convertido en un anillo con un diamantito hecho con sus cenizas sacadas de su urna en la Rotonda de los Jalicienses Ilustres?”.

Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que Luis Barragán no dejó escrito alguno en el que pidiera como cumplimento a su última voluntad que lo convirtieran en diamante. También sabemos, pues tenemos evidencia de ello, que lo que ha importado a Magid -más allá de la última voluntad del artista al que dice homenajear- ha sido su intención, dice ella, artística y el muy borroso apoyo que de autoridades de la Secretaría de Cultura de Jalisco y de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán recibió para tomar dos cucharaditas del arquitecto y hacer con ellas lo que hizo.

Jill Magid: Una carta siempre llega a su destino. Los Archivos Barragán” es la muestra que desde el día 27 se exhibe en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el célebre MUAC de la UNAM que, en medio de la polémica desatada, no sólo no ha rehuido el debate sino que lo ha estimulado como corresponde a su papel académico, lo cual resulta no sólo sano sino benéfico para alentar una discusión en la que elementos afines al arte y sus procesos puedan debatirse.

La pieza que incluye el anillo más fotografiado de los últimos días lleva por nombre The Proposal y es, desde la interpretación que da a su trabajo Jill Magid, una forma personal de pedir a Federica Zanco, dueña del archivo Barragán, que lo restituya de Suiza a México. He leído varias de las entrevistas que la artista estadounidense ha ofrecido, además del espléndido trabajo periodístico que para mostrar todas las aristas del tema escribió Sonia Sierra para el suplemento Confabulario del periódico El Universal: en ninguna Jill Magid parece considerar el tema de la vejación hacia los restos mortales de un ser humano que jamás pidió que un gramo de sus cenizas fueran transformadas en diamante, ni colocadas en un anillo de compromiso.

Ante la polémica y las plausibles oportunidades de debate que se están dando ya en torno al tema, hoy como nunca es necesario preguntarnos ¿el arte debe encontrarse regido, antes que por la pura inspiración, por la ética?

 

@elimonpartido