El amor en tiempos del capitalismo

blogeditor · 9 de abril de 2011

El amor en tiempos del capitalismo

Without this love where will I be?

(Gonna have to be stronger than I´ll ever be

Don´t know how to be without you)

Manuel Cruz pecó de romántico, concluimos de manera simple #Aquel y yo después de  cenar y charlar sobre el texto que el filósofo español y ganador del Premio Espasa 2010 por el libro Amo, luego existo escribió en Babelia la semana pasada.

“Del amor como artefacto (¿averiado?)” era el título del texto, que sirvió para reflexionar un poco más sobre el tema abordado en el post anterior: el amor de la vida o “El fantasma de lo que alguna vez fue un para siempre”.

*No son, pues, los actuales los mejores tiempos para la experiencia amorosa, pero acaso sea ésta el último lugar que nos queda para cobijarnos, cuando la dureza del mundo exterior parece estar llegando a su paroxismo. O si prefieren otra formulación de la misma cruel paradoja: estamos a punto de quedarnos sin amor precisamente cuando más lo necesitábamos. Y nos lo van a arrebatar con el mismo argumento con el que nos arrebatan todo: en nombre de la libertad. El orden capitalista nos promete libertad, adonde realmente nos está arrojando es al más absoluto desamparo.

De acuerdo. Estos no son los mejores momentos para el amor. Sin embargo, ¿alguna vez los ha habido? Es decir, el amor como concepto es cosa dura. La forma de manifestar el amor, de vivirlo, expresarlo y sufrirlo (comportamientos 100% aprendidos) es lo que ha cambiado y, en estos años, se ha “capitalizado”. Lo más preocupante, dice Manuel Cruz, es que la sociedad lo hace (y lo permite) en nombre de la libertad.

*En la posmodernidad y la sociedad de consumo (…) Las relaciones amorosas viraron hacia una creciente volatilidad y, a título de significativo ejemplo, la expresión el amor de mi vida dejó paso –tal vez como anticipo de su definitiva desaparición- a la expresión el amor de este momento de mi vida, momento, por cierto, cada vez más fugaz.

¿Necesariamente viró porque estamos inmersos en una sociedad consumista? Tal vez. En estos tiempos tal vez la gente ya no es gente, sino meros productos consumibles. “En lugar de acompañarnos, lo único que hicimos fue consumirnos”. #OUCH. Sin embargo, Manuel Cruz, ¿cuál se supone que debería ser nuestra actitud después de haber perdido al amor de nuestras vidas? ¿Tristear por siempre en aras de conservar el concepto “amor de la vida”? Me niego. Prefiero abandonar las filas del romanticismo y sumarme a las de la supervivencia. Intentar superarlo y el que sigue, por favor. Es ahí, bajo tu concepción, cuando uno se enrola a las filas del capitalismo amoroso y comienza a aplicar la frase “el amor de este momento de mi vida”. Imagínese vivir una vida completa con la seguridad de que se perdió al gran amor. #ShootMePlease.

*Bertrand Russell ya observaba que nadie cree más en el matrimonio que el que se divorcia, precisamente porque lo que acredita con su actitud es que confía tanto en la institución que está dispuesto a contraer matrimonio de nuevo las veces que haga falta y piensa más bien que hasta el momento quien ha fallado ha sido él, equivocándose en la elección de pareja.

Divorciados, ¿qué opinan? Bueno, al menos Russell no se atrevió a mencionar la palabra amor en esta aseveración, porque ya sabemos que matrimonio y amor no son sinónimos, aunque tampoco tienen por qué ser antónimos. Aquí, Russell se refirió a una institución y, probablemente, haya divorciados que se casen una y otra vez no porque tengan fe en el funcionamiento del matrimonio, sino por deficiencias personales que, engañados por la sociedad (pero principalmente por ellos mismos) buscan en la pareja lo que nunca, jamás, van a poder conseguir por sí mismos.

Sin embargo, aquí va el sablazo de verdad de Manuel Cruz:

*Aunque con toda probabilidad el modelo anterior (romántico, cursi o clásico) haya entrado en irreversible crisis, no hemos sido capaces de dar con alternativa alguna suficientemente satisfactoria, y lamentamos más las dificultades para materializarlo que el modelo en sí mismo –en buena medida perdido a nuestro pesar-. “No me puedo creer, por irreal, sueños como el de la media naranja, pero, si verdaderamente existiera, ¡por supuesto que lo continuaría prefiriendo por encima de cualquier otra alternativa!”

¡Bingo! Yo sí soy de esos que, si tuvieran la certeza de que “el amor de la vida” en realidad existe, sin duda lo preferiría, porque, como alguna vez me dijo un #Aquel, “la vida sería mucho más sencilla y hermosa de la mano de esa persona que sabes que jamás te va a dejar caer”.

Pero como no tengo ninguna certeza…

Bueno, sí. La única certeza que tengo es que ya conocí “el dolor por la ausencia del ser amado y la felicidad sin límite ante su mera presencia”.

When your love has gone
You carry on
This is a song
This is a song for no one