El amor a través de 18 canciones de The Magnetic Fields

blogeditor · 14 de diciembre de 2012

El amor a través de 18 canciones de The Magnetic Fields
¡Mío, mío!

A Miguel Cane, el hombre que me presentó al amor hecho música.

 

Sostengo un libro que llegó a mis manos para recordarme varias historias: Stephin Merritt & The Magnetic Fields. The book of love. Son 100 canciones de una banda de Boston que en poco tiempo se convirtió en una de mis favoritas por hablar de una manera tan honesta y poética acerca del amor.

Porque Stephin Merritt, el genio detrás de The Magnetic Fields, es un hombre que transforma una simple pieza de baile, un viaje a Washington, una botella de ginebra, luciérnagas y una casa abandonada en historias de amor universales.

Este libro llegó en un momento en que de pronto ese concepto –el amor- se desvanecía. Y llegó para recordármelo.

A-mén.

Verán, la palabra recordar es una belleza. Viene del latín recordari, formado por re (de nuevo) y cordis (corazón). Cuando recuerdas algo, no sólo pasa por la memoria, sino que lo pasas por el corazón, lo vuelves a sentir, además de volverlo a pensar.

Así que ese Stephin Merritt y sus Magnetic Fields desataron una ola de recuerdos de toda índole. Después de revisar con cuidado las 100 canciones y escucharlas una por una, atendiendo a su significado, decidí reconstruir mi historia a través de 18 de sus temas.

Empiezo con “Absolutely cuckoo”, una advertencia para todo #aquel que pretende acercarse: “En una semana o dos preveo que me volveré completamente loco. Entonces, cuando comprendas tu error, entonces, podrás huir con terror”.

Entonces, cuando #aquel insiste en quedarse y averiguar qué clase de cuckoo tiene enfrente, comienzan las definiciones de los sentimientos. Para ello son perfectas “The book of love” y “Love is like a bottle of gin”.

Así lo describe Merritt: el amor / la ginebra “no tiene un color predeterminado, pero puede hacerte verlo todo iridiscente”.

Y entonces llega la felicidad, cuando uno se involucra hasta la médula y no hay nada que hacer más que agarrar el auto e ir a visitar al amor a Washington (o hasta el maldito fin del mundo) para salir una noche a bailar, mandar al carajo todo y ver en esos ojos lo único que necesitas para seguir bailando, sin importar lo mierdas que estén los tragos y la música. ¿A quién le importa?

Y entonces empieza la verdadera relación, donde ambos revelan sus monstruos…y comienzan las dudas, las promesas, aquellas que solemos formular para evitar la incertidumbre que causa saber que el otro es independiente y en cualquier momento puede largarse; uno hace promesas para asir un sentimiento y decirse una mentira: esto será para siempre. (Por eso odio las promesas)

Todo se acaba. O casi todo, no lo sé con exactitud. El final del playlist es mi parte favorita, la más sentida, la más honesta y certera, llena de reclamos, de preguntas, de insistencia, de belleza.

Cuando una relación se acaba se agotan las certidumbres. Las promesas se rompen. Nada de lo dicho o prometido tiene sentido. Stephin Merritt lo sabe.