blogeditor · 23 de agosto de 2012
Por: Ana Ávila, coordinadora de comunicación
Cuando Erika me llamó para decir que quería abortar, después de preguntarle cuántas semanas tenía para saber si todavía estaba dentro del plazo legal de las 12 semanas, quise saber cómo se sentía y si estaba convencida de su decisión. Los miedos a los que me refirió tenían que ver con una serie de prejuicios y mitos alejados de la realidad, la ciencia y la bioética.
¿Me puedo morir durante el procedimiento?, ¿me puedo desangrar?, ¿es pecado? Eran sus preguntas. Erika, de 18 años, tenía el apoyo de su novio, pero temía el juicio y rechazo de su familia. Entonces recordé el blog This is my abortion publicado en el diario británico The Guardian, en donde una mujer logra –desde su teléfono— fotografiar cuando le están practicando la interrupción del embarazo. Su objetivo, dice, era demostrar lo que en realidad sucede para acabar con “los miedos, mentiras e histeria” en torno al aborto.
En las imágenes capturadas por la mujer se observa un espacio adecuado para estos procedimientos, limpio y en un frasco de vidrio se ve un poco de sangre. Le dije a Erika que entrara a la página y que se tranquilizara, pues el impedimento más grande para tomar una decisión consciente, clara e informada era basarla en el miedo y no en la razón; en los prejuicios y no en la ciencia.
Equidad de género, ciudadanía, trabajo y familia A.C., como parte de la Alianza Nacional por el Derecho a Decidir ha constatado cómo afuera de las clínicas de la mujer en el Distrito Federal, donde se practican Interrupciones Legales del Embarazo (ILE), las mujeres son en ocasiones cooptadas por miembros de grupos anti derechos que las llevan a unas camionetas y les dicen que ahí tienen ultrasonido y medicinas para atenderlas. En realidad, les dicen que están a punto de cometer un asesinato, les pasan un video llamado Grito Silencioso donde las imágenes son manipuladas y ponen fetos de nueve meses desgarrados para aterrorizarlas.
En This is my abortion, la mujer cuenta algo semejante. Después de pasar el via crucis de los provida que estaban afuera de la clínica, entró a un espacio con médicos y profesionistas de la salud que le dieron la atención física y mental requerida, sin que experimentara ningún trauma posterior.
Si por curiosidad entran al blog de The Guardian hay comentarios de parejas, mujeres, hombres que dan cuenta de sus ILEs sin secuelas, ni tristezas. Pero ¿qué dice la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) después de estudiar a mujeres que tuvieron un aborto legal durante el primer trimestre de embarazo? Encontraron que “raramente [les] provoca reacciones negativas severas”.
Por supuesto, la APA señala que un aborto no es un evento que todas las mujeres experimentan de la misma manera y que el entorno personal, familiar, cultural, social y legal influyen en la forma en que la mujer vive una ILE.
Enseguida vuelvo a pensar en mis conversaciones con Erika. ¿Cómo iba a estar tranquila si antes de tener toda la información sobre lo que es una ILE, sobre sus derechos y la manera en que la ley la protege, estaba espantada porque su actuar la iba a condenar para siempre como pecadora y cosas peores? Desde su punto de vista, lo que ella quería hacer estaba mal y tenía que pagar con un castigo.
La APA dice que la manera ideal de saber cómo va a estar una mujer psiquícamente después de una ILE es ver cómo está antes de la interrupción. Y pues claro, si las mujeres están tranquilas, en un ambiente donde se les comprende y se pone por encima su interés y libertad para decidir cuándo quieren ser madres, muy probablemente la ILE no les provocará ninguna afectación psíquica.
Los grupos que dicen defender la vida, bien podrían proteger la de las mujeres, pues aquella que está decidida a practicarse un aborto lo va a hacer, sea legal o no. No es necesario recordar y caer en el cliché de las mujeres que exponen su vida con abortos inseguros.
Los grupos conservadores anti derechos poco piensan en la vida y salud de las mujeres o en la vida de un niño no deseado, en las circunstancias en que será criado. La organización estadounidense Planned Parenthood, con base en estudios realizados desde los años 70, ha comprobado que la salud mental de las mujeres con embarazos no deseados corre más riesgo cuando son forzadas a ser madres. Asimismo, los hijos de las mujeres que fueron obligadas a continuar un embarazo también sufren problemas de desarrollo, socialización y baja autoestima.
Todavía hay muchas personas en nuestra sociedad que asocian a la mujer con la maternidad y, otras tantas, que la consideran como un ente pasivo. Por ello son legisladores, jueces o médicos quienes deciden cuando una mujer debe ser madre. Se niegan a reconocer que tiene el derecho a elegir si quiere o no, niegan su capacidad de decidir y por lo tanto violan su autonomía. Este comportamiento impide que se propicie un ambiente de respeto a los derechos y se fomente en nuestro país una cultura en la que todas y todos tengamos cabida y, sobre todo, la libertad para elegir lo que queremos hacer con nuestras vidas.