Redacción Animal Político · 5 de diciembre de 2024
La ciudadanía va más allá de ser legalmente parte de una sociedad. Ejercer la ciudadanía implica participar activamente en la vida social, política y económica del país. No se trata solo de votar cada tres o seis años, sino de involucrarse en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y pacífica. En el contexto mexicano actual, el ejercicio pleno de la ciudadanía se vuelve una tarea fundamental para la consolidación de nuestra democracia, el respeto a los derechos humanos y la mejora de nuestras condiciones de vida.
Ejercer la ciudadanía no solo se refiere a exigir nuestros derechos; implica también un conjunto de responsabilidades y posibilidades de crear comunidad. Entre los derechos más importantes, encontramos el derecho a la libertad de expresión, a la educación, a la justicia, y a participar en las decisiones que nos afectan como sociedad. Sin embargo, estos derechos no se garantizan solo por tenerlos reconocidos en la Constitución; es necesario conocerlos, defenderlos y exigir que se cumplan.
Es ir más allá de la mera pertenencia. Una ciudadanía que ejerce sus derechos de forma activa también ejerce su ciudadanía, pues como un acto de compromiso busca respetar la ley, contribuir al bienestar común y solucionar los problemas que afectan a su comunidad.
Como ciudadanos no siempre nos es fácil identificar nuestros derechos y con frecuencia resulta más complicado desarrollar habilidades para ejercerlos y exigirlos, pues existe un profundo desconocimiento de estos. Para ejercer nuestros derechos ciudadanos es necesario informarnos, dialogar, cuestionar y proponer soluciones, esto permite que nuestra voz se escuche frente a situaciones de injusticia, violencia o desigualdad.
Otro componente de la ciudadanía es la exigencia. Buscar que se implementen las políticas públicas que realmente aborden los problemas sociales. Las autoridades tienen la responsabilidad de dar respuesta a las demandas de la ciudadanía, pero esto solo es posible si hay una ciudadanía activa que no se conforme con lo que le dan, sino que exige justicia, transparencia y equidad.
Involucrarnos en la vida pública también es indispensable, no sólo cuando hay elecciones, sino también cuando hay decisiones que afectan a nuestras comunidades. Esto puede hacerse de diversas formas: desde participar en asambleas vecinales, apoyar causas sociales, hasta involucrarse en las estructuras políticas que toman las decisiones.
Para que más personas puedan ejercer plenamente su ciudadanía es fundamental que existan oportunidades y espacios para su participación. No basta con que existan leyes que promuevan la participación; es necesario que se abran canales de comunicación y acción donde las personas puedan organizarse y actuar.
Una de las formas más efectivas de fortalecer la ciudadanía es a través de actividades de formación de formadores. Esta estrategia de capacitación de líderes comunitarios y sociales permite que las personas que viven en comunidades vulnerables o marginadas fortalezcan sus conocimientos y adquieran la habilidad de transmitir asertivamente y posicionar entre las y los habitantes temas como los derechos humanos y la cultura de la legalidad, así como, los mecanismos legales disponibles para vivirla. La educación cívica y la apertura de espacios para la participación ciudadana en estos ámbitos son fundamentales para que la ciudadanía se sienta parte activa del proceso democrático.
La vinculación con las autoridades locales de justicia, como los ministerios públicos y los juzgados cívicos, permite a la ciudadanía saber en qué momento y a qué institución acudir cuando sus derechos son violados y las formas en que se puede organizar la comunidad para acceder a la justicia y exigirla. De esta manera, la ciudadanía se va expandiendo, ya que ejercer ciudadanía no solo se trata de individuos, sino de grupos que se unen para lograr un bien común.
Finalmente, el empoderamiento comunitario es otro aspecto clave. A menudo, las personas no ejercen su ciudadanía porque sienten que su voz no cuenta o que sus problemas son demasiado pequeños para ser escuchados. Por eso es fundamental crear espacios donde las personas puedan expresar sus inquietudes, compartir experiencias y unirse para encontrar soluciones. Los talleres, las asambleas comunitarias y las redes de apoyo son espacios ideales para fomentar la participación activa y el empoderamiento. La creación de redes locales de líderes sociales y organizaciones no solo sirve para fortalecer el tejido social, sino también para generar alianzas que puedan incidir de manera efectiva en la toma de decisiones.
En un México donde los desafíos sociales, económicos y políticos son cada vez más complejos, ejercer la ciudadanía se convierte en un compromiso de todas y todos. Conocer nuestros derechos, ejercerlos activamente y exigir su cumplimiento contribuye a la construcción de una sociedad más segura, justa y equitativa. A través de la formación, la vinculación con autoridades, el empoderamiento comunitario y la creación de redes locales de liderazgo, podemos transformar nuestro entorno y lograr una ciudadanía más fuerte, comprometida y capaz de enfrentar los retos presentes y del futuro.
* Carolina de la Rosa es coordinadora de Proyectos Comunitarios en la dirección de Formación de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD). Licenciada en Sociología con posgrado en Políticas Culturales y Gestión Cultural y Maestrante en Gestión de Procesos para el Desarrollo Comunitario.