Efecto tequila

Rubén Aguilar · 17 de diciembre de 2010

Efecto tequila

Efecto tequila

Élmer Mendoza

Tusquets Editores

México, 2004

El protagonista es Elvis Alezcano, de mediana edad, que siempre está pensando en Elena, la mujer que lo dejó.  Fue agente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS),  vive en Culiacán, donde nació, donde después de jubilarse se dedica a recuperar autos robados. Es reclutado por su antiguo jefe, para hacerse de unos documentos en la Argentina de la dictadura. En su misión se ve obligado a viajar por México, Cuba, España, Brasil, Argentina y entrar en contacto con espías de otros países. A lo largo de la historia siempre está inmerso en  las situaciones más comprometedoras, pero siempre sale adelante.

La encomienda de Alezcano consiste en localizar con documentos que servirán para detener una intentona de golpe de Estado en la Argentina. El argumento de la novela se conforma con una serie de conflictos internacionales que se enredan con la misión del sinaloense: las intenciones ocultas del RENAVE en México, la CIA, el Servicio Secreto de su Majestad Británica, los militares fascistas del Cono Sur con reminiscencias de la Guerra de Las Malvinas, espías árabes, los jueces españoles que procesan genocidas, el tráfico de instrumentos de alta tecnología militar, todo se va urdiendo en una trama alucinante, siempre en equilibrio sobre esa delgada línea que separa lo inverosímil y las convenciones de la novela de aventuras.

La novela nos ubica en que personaje, que es un fanático del rock, es hijo de una pareja de jipis que quieren reuniré con Mike Jagger. A lo largo del texto a más de recordar frases de anuncios publicitarios una y otra vez repite que hace “mucho no se la acarician” y que “necesita un beso”. Mendoza hace que se personaje se mueva entre la realidad y situaciones que se antojan propias de la ficción, pero vividas por su héroe, sin importar su complejidad, con absoluta  naturalidad.

El autor experimenta con el lenguaje y la construcción gramatical. Eso resulta interesante, pero hace difícil y en más de una ocasión confusa la lectura. Hay una clara intención de Mendoza por innovar en el lenguaje y en el estilo. En el esfuerzo no hay concesión a los lectores y el autor permanece todo el tiempo fiel a su búsqueda y recreación del lenguaje, a partir del propio del narco en Culiacán, pero estilizado. Sus personajes hablan en el español que él les hace hablar. Nadie se comunica así más que ellos. De la misma manera que los campesinos de Rufo hablan de la forma que él les hace hablar. Ningún campesino de México habla así y tampoco ninguno de los narcotraficantes de Mendoza.