blogeditor · 11 de marzo de 2020
9 de marzo 2020. Despertar a la hora que lo pidió el cuerpo. Podría dormir todo el día si quisiera, sin culpa, porque ayer marché y hoy tengo permiso de estar muerta. Me lo dí yo. Porque, a pesar de la tonta creencia de algunos hombres, las mujeres sí nos mandamos solas. Nunca le he tenido miedo a la muerte. La idea de abandonar el cuerpo físico no me asusta nada; estoy en paz con lo que he hecho y a todo aquel a quien le causé algún daño le he pedido perdón. ¡Pero me gusta mucho estar viva! Me gusta reírme, caminar, ver las jacarandas en primavera, abrazar a mis amigos, escuchar música, hacer mi trabajo y admirar el talento de mis compañeros, leer, aspirar los aromas de las flores, y sobre todo no dejar de sorprenderme de la maravilla que es el universo, y dentro de él, la maravilla máxima: mi hija. La joven mujer inteligente, bondadosa, valiente, que ha estado a mi cargo en esta vida y en la que he puesto lo mejor de mí. Soy profundamente feliz de haber decidido tenerla y habérmelas arreglado para cuidarla bien, con ayuda de toda la gente amorosa que me ha tendido la mano a lo largo del camino. Mujeres y hombres.
No me imagino que alguien pueda asumir un compromiso más allá de la muerte, como es la maternidad, sin que esto sea producto de una decisión propia. Por eso creo en el derecho a decidir. Si vamos a invitar a un ser humano a existir en la tierra, es nuestro deber que sea amado, cuidado, y que tenga las condiciones para ser plenamente feliz. Que no pase un solo día de su vida sin saber que es valioso e importante, a pesar de los defectos o fallas que pueda tener. Aplica igual para niños y niñas. Nadie que se sienta valioso y amado se va a convertir jamás en acosador ni en víctima. Al contrario, va a ser alguien que pone límites o incluso defiende a los más débiles. Ese es mi caso. Soy la afortunada hija de una mujer que decidió ser mamá porque quiso y porque pudo y me ama y me cuida, aún después de su muerte. Mi mamá no abortó. Fue madre soltera y también por eso fue juzgada en su momento. Hagamos lo que hagamos las mujeres, nunca faltará un hipócrita, un verdadero pecador con doble moral, hombre o mujer machista, listo para arrojarnos una piedra. Han sido tantas, que ya tenemos suficientes para construir una fortaleza.
Los humanos somos gregarios y vivir en comunidad tiene muchos, muchísimos retos. Cada cabeza es un mundo, y a veces hay que cohabitar con unos mundos increíblemente retrógradas, ignorantes, que no conocen la autocrítica. A veces, para nuestra desgracia, esas mentes acceden al poder y deciden cosas que impactan directamente nuestras vidas. Históricamente la iglesia ha hecho cosas diabólicas en nombre de Dios, y lo siguen intentando, como quienes en pequeños grupos quisieron sabotear la marcha de mujeres en Guanajuato. Nos quieren mandar a la hoguera de la culpa. ¡Ya los quiero ver pagando la universidad o las medicinas de todos los hijos no deseados de las mujeres a las que quieren criminalizar! Mejor deberían rezar afuera de las fiscalías por las pobres madres que han perdido hijos vivos, a los que sí querían, hijas y nietas cuyos asesinos siguen impunes. No deben olvidar que más allá de las creencias o la educación que, según su criterio, les den a sus propias hijas, los derechos son derechos y los garantiza el Estado, mismo que se rige por la Constitución y no por ideas arcaicas, machistas y conservadoras que siempre responsabilizan a las mujeres de todo lo que les pasa, solo por ser mujeres.
¡Por suerte en México votamos para presidente por un candidato de izquierda..! (Ok.. No. Haré una pausa para llorar y seguir escribiendo…).
La marcha del 8 de marzo y el paro nacional del 9 son apenas el inicio de lo que tenemos que hacer para cambiar las reglas de un juego injusto, en el que las mujeres llevamos muchos siglos perdiendo. Hemos perdido oportunidades, la confianza en nosotras mismas, amistades valiosas, libertad, nuestro placer, nuestros ahorros, nuestra tranquilidad, nuestra alegría de vivir y muchos derechos humanos. Todo, hasta la vida. A cambio de que los hombres nos amen, hemos permitido cualquier cantidad de cosas inadmisibles, y ¿qué creen? De todos modos no nos aman. El machismo les ha hecho tanto daño a ellos como a nosotras. También se matan entre ellos para demostrar quién es “el más cabrón”. Entienden la masculinidad a partir del dominio del otro (o la otra) y solo se sienten hombres cuando reprimen sus sentimientos nobles, su vulnerabilidad, y cuando en mayor o menor grado son violentos. Desde los chistes o las pequeñas descalificaciones hacia las mujeres, hasta los golpes.
(Les pido a los hombres conscientes, aliados y a toda madre, que no se pongan este saco, sino el del cariño que se merecen. También los vemos y sentimos sus esfuerzos por apoyarnos).
Últimamente me enfurece cuando escucho “a todos los machos los educó una mujer”. ¡Ora resulta que hasta de eso tenemos la culpa! Encima de que “fuimos hechas a partir de una pinche costilla de un señor” y luego por tener curiosidad científica, “lo hicimos probar el fruto del bien y del mal”, y luego, como todas las réplicas de Adan hasta el día de hoy, consideraron que la crianza de los hijos solo les tocaba a las mujeres, ¿la responsabilidad es toda nuestra? ¿No educa un hombre a sus hijos con su ejemplo también? ¿Con su ausencia o presencia? ¿No les enseña a sus hijas cómo deben ser tratadas y a sus hijos cómo deben tratar a las mujeres? Somos corresponsables al 50 %
¡Tenemos que reeducarnos todos para ser simplemente personas iguales! Y esa tiene que ser una campaña permanente en cada casa, escuela y oficina de nuestro país. Si el gobierno no lo hace, porque tenemos de capitán del barco a un señor conservador y macho al que no le interesan en absoluto ni las mujeres ni la niñez, entonces ¡tenemos que hacerlo nosotros! Todas y todos los que tenemos conciencia y ganas de vivir en paz. Y sobre todo, las mujeres juntas, aunque pensemos diferente. Tenemos en común que nos gusta estar vivas. Cada quien puede transmitir a sus propias hijas e hijos su forma de ver la vida. De todos modos ellos irán eligiendo la suya cuando sean adultos. Pero el respeto tiene que ser un valor universal. Nunca más una mujer llamando “zorra” a otra mujer. Nunca más una mujer haciendo daño a otra por complacer a un tipo. Nunca más una mamá tratando distinto a sus hijos e hijas. Nunca más una mujer llamando “feminazi” a otra. Si les parece que una mujer es intolerante, agresiva o radical, vayamos usando el español con más destreza y de todos modos, antes de atacarla, imaginemos por qué algunas chicas están tan, tan enojadas. No es poca cosa lo que les ha pasado.
Ya lo demostramos esta semana. Somos distintas, pero somos muchas, somos poderosas, estamos hartas, ¡y estamos juntas!
Dicen que “el valiente vive hasta que el cobarde quiere”. Entendiendo en el refrán la “valentía” como el dominio machista y la cobardía como la resignación femenina ante éste, ya tocamos fondo y no vamos a tolerar más abusos en contra de mujeres y niñas. Así que, machos light o machos de los peores: edúquense… o ¡agárrense!