De la educación STEM al empleo: una transición pendiente

Animal Político · 21 de octubre de 2026

De la educación STEM al empleo: una transición pendiente

La formación en carreras STEM puede ampliar las posibilidades de las juventudes, pero entre adquirir conocimientos y encontrar un lugar dónde aplicarlos hay una distancia que requiere orientación, experiencia y responsabilidad institucional.

Una persona joven concluye su bachillerato técnico. Durante sus estudios aprendió a programar, reparar un circuito o desarrollar un proyecto. Al revisar una vacante, encuentra un requisito que no puede acreditar: experiencia laboral. Tiene conocimientos, pero no ha tenido la oportunidad aún, de utilizarlos fuera de la escuela.

La escena es hipotética; sin embargo, la contradicción que plantea merece una respuesta concreta: ¿dónde se adquiere la experiencia que se exige para acceder al primer empleo?

Buena parte de la conversación sobre empleabilidad se concentra en lo que cada persona debe hacer: prepararse, desarrollar habilidades, mejorar su currículum. Son tareas importantes, pero insuficientes si no examinamos también cómo se organizan las oportunidades de ingreso al trabajo. Un empleo no depende exclusivamente de las capacidades individuales; exige condiciones para que esas capacidades puedan ponerse en práctica.

Querer avanzar no basta

No es razonable interpretar las dificultades de las juventudes como una simple falta de interés por construir su futuro. El estudio Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?, publicado en 2018 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Espacio Público y el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, encontró que el 85% de las personas participantes aspiraba a completar la educación superior. La investigación incluyó a más de 15 mil personas de entre 15 y 24 años en nueve países, entre ellos México.

El hallazgo no constituye un panorama actual de las juventudes mexicanas ni permite explicar, por sí solo, sus trayectorias laborales. Lo que sí hace es cuestionar una idea persistente: que basta con tener grandes aspiraciones para superar los obstáculos que enfrentan. Las aspiraciones pueden existir sin que existan los medios para realizarlas.

Por lo anterior, es importante distinguir dos asuntos que suelen confundirse y confrontarse: prepararse para desempeñar un trabajo y tener acceso a una oportunidad para obtenerlo. Una formación de calidad puede contribuir a lo primero. Lo segundo requiere información, orientación y accesos.

Pedir más preparación sin atender esas condiciones, deja incompleta la respuesta.

Una preparación que no termina con el certificado

Al deseo de avanzar se suma la transformación de las capacidades que demanda el trabajo. En su Informe sobre el futuro del empleo 2025, el Foro Económico Mundial (WEF) recoge las perspectivas de más de mil organizaciones empleadoras de 55 economías. En promedio, se prevé que el 39% de las habilidades actuales de la fuerza laboral se transformará o quedará desactualizado entre 2025 y 2030. Además, el 63% identifica las brechas de habilidades como una barrera importante para la transformación de sus negocios.

Ciertamente se trata de expectativas globales, no de cambios ya ocurridos ni de una medición específica de México. Su relevancia para la educación está en la pregunta que plantean: ¿cómo preparar a una persona para un entorno cuyas exigencias seguirán cambiando?

La respuesta no puede limitarse a acumular cursos o dominar una herramienta. UNESCO plantea que la preparación para el trabajo debe combinar conocimientos técnicos con capacidades cómo resolver problemas, pensar críticamente, colaborar y comunicarse. Estas habilidades permiten utilizar lo aprendido en distintos contextos y responder a nuevas exigencias: una formación que no termina en el dominio de una especialidad.

Desde esta perspectiva, STEM —ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas— tiene un valor que excede la elección de una carrera. Permite formular preguntas, analizar información, contrastar explicaciones y desarrollar soluciones. Pero esas capacidades necesitan contextos donde ejercerse, recibir retroalimentación y adquirir profundidad.

El certificado acredita una etapa, pero no sustituye las experiencias necesarias para continuar aprendiendo.

La primera experiencia laboral debe ser formativa

Vincular la escuela con el trabajo no consiste sólo en facilitar el acceso a un puesto. Importa qué se aprende de él, cómo se relacionan las tareas con la formación y el tipo de acompañamiento que recibe.

La primera experiencia debe permitir a las personas aplicar sus conocimientos, fortalecer sus habilidades y recibir orientación, sin comprometer la continuidad de su trayectoria formativa.

Un documento del Banco Mundial publicado en agosto de 2026, Work-Study Programs Improve Young Women’s Long-Term Labor Market Outcomes, analiza el programa Uruguay “Yo Estudio y Trabajo”, dirigido a personas de entre 16 y 20 años que buscan una primera experiencia formal mientras continúan estudiando.

Entre sus recomendaciones, destaca que los puestos deben ofrecer aprendizajes significativos, habilidades transferibles y condiciones compatibles con la educación. Asimismo, sugiere que combinar estudio y trabajo implica un balance: la experiencia puede fortalecer las perspectivas laborales, pero también restar tiempo a la formación.

Esta evidencia se debe analizar con cautela, dado que las diferencias entre Uruguay y México son pronunciadas; no obstante, lo que sí ofrece es un criterio adicional para diseñar este tipo de iniciativas: reconocer que el valor de una primera experiencia depende de lo que permite aprender, no solamente de que exista.

La vinculación con trayectorias profesionales debe construirse con ese cuidado. Requiere tareas pertinentes, objetivos claros, acompañamiento y retroalimentación. También exige distinguir entre las capacidades necesarias desde el primer día y aquellas que pueden desarrollarse durante el trabajo. Si pedimos experiencia a quien apenas comienza, es necesario generar las condiciones para adquirirla.

La vinculación, parte esencial de la educación

Con base en lo anterior y con ese propósito, Educando impulsa ecosiSTEMa Educando en alianza con la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI). La iniciativa busca acercar referentes, espacios de exploración y conexiones con el mundo del trabajo desde la educación media superior técnica.

Su premisa es que el acceso a STEM no termina cuando una persona conoce una disciplina o aprende una especialidad. También necesita reconocer sus posibles aplicaciones, explorar trayectorias y comprender cómo se relaciona su formación con decisiones que deberá tomar fuera del aula. La alianza entre Educando y la DGETI busca contribuir a esa continuidad.

Este trabajo requiere responsabilidades compartidas. Las instituciones educativas pueden fortalecer la orientación y la vinculación; el sector empleador, ofrecer primeras experiencias con contenido formativo; las organizaciones de la sociedad civil, facilitar conexiones y acompañar procesos. Las juventudes deben participar en el diseño de esas oportunidades, con sus intereses y expectativas como punto de partida.

La colaboración tiene sentido cuando amplía las posibilidades de decisión de cada estudiante, no cuando reduce su formación a las necesidades inmediatas de contratación. La educación sirve para comprender el mundo, ejercer derechos y construir un proyecto de vida. El trabajo forma parte de ese proyecto, pero no lo agota. Conectar ambos ámbitos exige reconocer su relación sin confundir sus fines.

La primera oportunidad laboral no debería tratarse como una recompensa por haberse preparado. Es también una condición para completar esa preparación. Por eso, organizarla y acompañarla forma parte de la responsabilidad educativa de todas y todos.

* Mariana Cruz Murueta es directora ejecutiva de Educando y Yirari Villalobos García, directora del proyecto ecosiSTEMa Educando.