Educación para Compartir

blogeditor · 23 de octubre de 2020

Educación para Compartir

En medio de un ambiente sobrecargado de malas noticias para la educación, de cierres que siguen agravando la desigualdad y restricciones presupuestales que afectan a niñas y niños, descuella una buena noticia, realmente inédita: Educación para Compartir, una iniciativa mexicana que ha llegado ya a varios países, acaba de ser reconocida como una de las ganadoras del Premio WISE 2020, tal vez el galardón más prestigioso del mundo para prácticas innovadoras en el campo educativo.

El Premio WISE (“Cumbre Mundial de Innovación para la Educación”, por sus siglas en inglés) es la forma en la cual la Fundación Qatar -que desde algunos años encabeza un intenso diálogo e intercambio de soluciones educativas entre especialistas y practicantes de todos los continentes- subraya la ejemplaridad de un esfuerzo. Un selecto y exigente Jurado internacional revisa diversos factores, especialmente los estudios sobre los efectos demostrados en niñas, niños y jóvenes de la intervención que se está examinando, su extensión a distintos ambientes, la evolución y sustentabilidad financiera de los programas.

Desde 2009 el Premio WISE ha sido concedido a iniciativas destacadas, y Educación para Compartir es la primera organización de nuestro país que recibe este reconocimiento. Mexicanas y mexicanos debemos estar muy orgullosos de este esfuerzo, que arrancó públicamente en 2007, y que se centra en la formación para la ciudadanía a través del aprendizaje articulado por juegos cooperativos.

Lo que hacen nuestros colegas de Educación para Compartir es acompañar a maestras, maestros y directivos escolares para que se familiaricen y recurran a una metodología sencilla pero muy poderosa: “juega-reflexiona-actúa”. A través de talleres, materiales escritos, diálogos y proyectos concretos, la propuesta es que retomemos lo que sabemos desde antes de poder hablar y que llevamos inscrito todas y todos en nuestro cuerpo y en nuestra psique: cuando juego estoy libre, puedo prever lo que viene, focalizar mi atención, tener empatía por mis pares, desarrollar autocontrol para esperar mi turno y seguir las reglas, desarrollar previsión para tener estrategias, prevenir y resolver conflictos sin violencia y en el respeto máximo a cada una y cada uno los involucrados todo en un clima de gran aceptación mutua en lo socioemocional, es decir, con gozo, con anticipación, con lo mejor del deseo y del propósito.

Así, jugar con propósito -como nos ha ayudado a ver y comprobar Educación para Compartir- no sólo contradice y supera la vieja y devastadora convicción patriarcal de que “la letra con sangre entra”, sino que demuestra que se aprende literalmente más y mejor a través del juego. Este enfoque ha sido adoptado en experiencias en Campeche y Zacatecas, en Estado de México y Nuevo León, en Nayarit y Sonora y Chihuahua, pero también en Argentina, Bolivia, Estados Unidos, Guatemala, Nueva Zelanda Panamá y República Dominicana; es un aporte realmente internacional hecho desde México, y por ello es más que lógico y justo que este esfuerzo que llega a varios continentes sea reconocido desde el Medio Oriente por su aporte al mundo y su condición inspiradora para todas las latitudes.

Conocí a Dina Buchbinder, fundadora y presidenta de la organización, no en México, sino en Harvard, donde desde hace ya varios años el Profesor Fernando Reimers convoca a grupos improbables de personas a que comuniquen, de todos los rincones del planeta, su pasión por la educación, y a buscar que se hagan cómplices unos de otros. Hemos después coincidido en los arduos y significativos diálogos del Laboratorio de Educación Básica, en los que interactuamos con senadores y profesores de la Coordinadora, defensores de derechos humanos y secretarios de educación estatales. La capacidad de articular alianzas de Dina y de los colaboradores de la iniciativa, que comienza por escuchar y valorar lo que también la otra persona tiene para aportar, explica también la magnífica extensión del programa a sistemas escolares muy diversos, y también a una variedad de contextos desde rural e indígena hasta el de ciudades en países de alto ingreso y tecnología.

Educación para Compartir (también los hallamos en @EparaCompartir y en @Education4S) favorece que la generación joven cobre seguridad, sepa dirimir sus diferencias, reconoce la dignidad propia y de los demás, y se vaya animando a que lo que vamos reflexionando nos lleve a reconocer lo que queremos y necesitamos cambiar nuestro entorno. Si compartimos los problemas, si ponemos en primer lugar nuestra común humanidad que es compartida, si compartimos el juego y desencadenamos luego la reflexión que viene de ese momento de descubrimiento, entonces podemos también compartir las soluciones a lo que nos aqueja.

Así, el efecto no es sólo tener “aprendizajes divertidos” y un mejor clima de grupo del profesor con las y los estudiantes y de ellas/ellos entre sí, lo que -por supuesto- no es en sí mismo poca cosa, sino que además va mucho más allá: se constituye a ciudadanos que se van apropiando de sus propias vidas, que se van entendiendo como agentes efectivos para el despegue de su comunidades, que se van ubicando como ciudadanos del mundo y vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sustentable.

En fin, todas y todos debemos sentirnos muy orgullosos de este premio logrado por Educación para Compartir; en esta etapa de la educación formal, en el que saltan tantas certezas previas y es una exigencia regresar a lo esencial, nos recuerdan que la tenacidad es premiada, que las limitaciones sólo se hacen barreras permanentes si no sabemos acordar y escucharnos unos a otros, y que aprender y jugar son dimensiones que se unen orgánicamente en el deseo profundo de cada ser humano. ¡Felicidades!

* David Calderón (@DavidResortera) es Presidente Ejecutivo y fundador de @Mexicanos1o