La educación intercultural: un enfoque para la enseñanza del español como segunda lengua

Redacción Animal Político · 19 de noviembre de 2025

“La interculturalidad no se enseña: se practica en el modo en que nos relacionamos, escuchamos y compartimos el aula”.
Catherine Walsh

 

En los últimos años, México ha dejado de ser un país de tránsito para convertirse en un país de refugio y destino. Entre las personas que cruzan las fronteras hay infancias, juventudes, personas adultas mayores que traen consigo no solo sus historias de vida, sino también sus lenguas, saberes, costumbres y formas de entender al mundo. Para las personas que hablan otro idioma que no es el español, su aprendizaje se puede tornar complicado por diferentes factores como el nivel educativo de origen, barreras de aprendizaje o incluso el analfabetismo. Sin embargo, en este contexto, la educación intercultural se vuelve más que un ideal: se transforma en una necesidad urgente y profundamente humana.

Tradicionalmente, la educación intercultural ha sido vista como un enfoque que diferencia las diversas culturas; sin embargo, hablar de educación intercultural no es solo enseñar a “tolerar” la diferencia, es reconocerla como una oportunidad de aprendizaje. En el espacio áulico donde conviven hablantes del árabe, del francés, del creole o del inglés, el proceso de enseñanza del idioma deja de ser una tarea técnica o meramente lingüística para convertirse en un puente de comunicación y comprensión entre pares. Se trata de converger culturas y formas de vislumbrar al mundo.

Cada clase de español es un espacio de encuentro. No se trata únicamente de aprender conjugaciones o vocabulario, sino de nombrar el mundo en otra lengua. En ese proceso de aprendizaje y de convivencia se reconstruyen identidades, se crean redes de apoyo y se resignifica el sentido de pertenencia. Enseñar una lengua en contextos de movilidad humana, implica también enseñar empatía, escucha y respeto.

La educación intercultural reconoce que cada persona cuenta con su propio bagaje cultural y lingüístico. Desde esta mirada, el aula se convierte en un espacio común donde el español no borra otras lenguas, sino que dialoga con ellas. Es importante permitir que lxs estudiantes compartan palabras, expresiones, costumbres, tradiciones, cultura. De esta manera, la clase no solo transmite un idioma, sino que promueve la diversidad que habita en él.

La práctica pedagógica intercultural requiere creatividad y sensibilidad. Para lxs docentes, no basta con adaptar materiales; es necesario repensar la enseñanza desde lo que conlleva la migración humana. Actividades como describir un platillo tradicional, hablar de la familia o recordar una celebración pueden abrir conversaciones profundas sobre identidad, cultura y cosmovisiones. La lengua deja de ser solo una herramienta de comunicación y se convierte en una forma respetuosa de intercambio de experiencias.

Aunque la interculturalidad puede ser un enfoque pedagógico que involucre otros aspectos en el proceso de aprendizaje de la lengua, lo cierto es que también en la praxis de esta puede implicar desafíos que suceden durante las clases. En la experiencia del Programa Clases de Español de Sin Fronteras, algunos de los retos que se han presentado ha sido la resistencia que pueden tener algunas personas hacia la cultura mexicana, materiales didácticos poco contextualizados a las necesidades de las personas migrantes, o empatar actividades laborales o de cuidado con la formación lingüística.

A pesar de estas situaciones, este enfoque ha permitido converger entre las experiencias y saberes de la comunidad de acogida y las personas migrantes. La educación intercultural no solo debe de ser un discurso académico; es una práctica cotidiana que se teje en la relación entre docentes y alumnxs, entre pares y en la comunidad que acoge. Frente a los muros y las fronteras, el aula se levanta como un espacio de resistencia y resiliencia. Educar desde la interculturalidad es recordar que todas las lenguas caben en el aula y que en cada persona hay un mundo diverso para compartir. Enseñar español a personas en movilidad no significa imponer una cultura, sino abrir un diálogo, construir una dialéctica entre todas las lenguas. En ese intercambio, aprendemos que las palabras pueden construir refugios y que la educación, cuando se nutre de la diversidad, no solo enseña a hablar: enseña a convivir.

* Daniel Sánchez Delfín es profesor titular del Programa Clases de Español en Sin Fronteras.