Animal Político · 1 de octubre de 2026
Por *Geraldina González de la Vega H
La discriminación suele operar silenciosamente. Se oculta detrás de decisiones aparentemente neutrales, prácticas normalizadas y experiencias que, vistas de manera aislada, pueden parecer incidentes menores. Medirla permite reconocer patrones, identificar dónde se concentra y convertir lo que muchas personas viven individualmente en un problema público que exige respuestas institucionales.
La Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México 2026 (EDIS CDMX) ofrece una nueva radiografía del fenómeno. Sus resultados son contundentes: 87% de las personas considera que la discriminación es muy o algo frecuente en la ciudad; 46% reportó haber sido discriminada o menospreciada durante los últimos cuatro años por al menos uno de los motivos explorados, y 37% experimentó, tan sólo en el último año, alguna situación concreta, como miradas incómodas, insultos, desconfianza, detenciones policiales sin razón, agresiones o exclusión social.
La encuesta muestra también que a 22.5% de la población le fue negado injustificadamente algún derecho o servicio durante los últimos cuatro años. Sin embargo, apenas una de cada cuatro de esas personas acudió a alguna instancia para denunciarlo. Entre las principales razones aparecen pensar que no le harían caso o que sería una pérdida de tiempo, desconfiar de las instituciones y no saber que podía denunciar ni dónde hacerlo.
La discriminación no termina con el acto que niega un derecho o produce un trato desigual. Se profundiza cuando las personas consideran inútil reclamarlo.
La EDIS se levanta desde 2013. Sus ediciones de 2013, 2017 y 2021 permitieron obtener información sobre las percepciones y experiencias relacionadas con la discriminación y contribuyeron a visibilizar grupos y problemáticas relevantes para la agenda pública de la ciudad.
La edición 2026 representa la continuidad de ese esfuerzo, pero también una transformación importante de su metodología.
En 2024, el COPRED inició una revisión del instrumento para identificar sus alcances, limitaciones y posibilidades de mejora. Las ediciones anteriores otorgaban un peso importante a la percepción social: cuáles eran los grupos considerados más discriminados, qué causas se asociaban con la discriminación o qué tan extendido se percibía el problema.
Estas preguntas siguen siendo relevantes porque revelan prejuicios, jerarquías sociales y niveles de apertura hacia la diversidad. Sin embargo, no siempre permiten saber qué ocurrió en la vida cotidiana de las personas.
Por eso, la EDIS 2026 fortaleció la medición de experiencias concretas. El cuestionario busca identificar quiénes enfrentan discriminación, con qué características o motivos se relaciona, en qué ámbitos sucede y mediante qué prácticas se manifiesta.
No pregunta solamente si una persona considera que existe discriminación. También indaga si fue seguida por personal de seguridad en una tienda; si revisaron sus pertenencias sin justificación; si recibió un servicio de menor calidad en un restaurante; si enfrentó comentarios ofensivos en el trabajo; si la policía la interrogó sin razón, o si le negaron atención médica, empleo, vivienda, educación o algún servicio público.
La encuesta se aplicó a 4,410 personas de 15 años o más residentes en la Ciudad de México, mediante un diseño probabilístico y polietápico, con representatividad para el conjunto de la ciudad. El proceso incluyó etapas de diseño, revisión y prueba y mantuvo elementos de articulación con la Encuesta Nacional sobre Discriminación.
El nuevo diseño establece una línea base para distintos indicadores. Esto amplía las posibilidades de análisis, pero también exige cautela: no todos los resultados pueden compararse directamente con ediciones anteriores cuando cambió la formulación de las preguntas o la metodología utilizada.
Una de las innovaciones más relevantes de la EDIS 2026 es la incorporación de escalas de tonalidad de piel y de corporalidades.
Las categorías sociodemográficas generales no bastan para observar fenómenos como el racismo, el colorismo o la discriminación asociada al peso y a la apariencia corporal. Una persona puede no identificarse como indígena o afrodescendiente y, sin embargo, recibir un trato desigual debido al tono de su piel. De la misma manera, las categorías convencionales de sexo, edad o condición socioeconómica no permiten identificar cómo la forma o el tamaño de un cuerpo influyen en el trato que recibe.
La importancia de estas métricas no reside sólo en añadir nuevas variables, sino en relacionarlas con experiencias concretas.
En términos generales, 12% de las personas reportó haber sido discriminada o menospreciada por su tono de piel y 18% por su peso o estatura. Sin embargo, las experiencias no se distribuyen uniformemente. En el grupo A–E de la escala de tonalidad, 19% reportó discriminación por su tono de piel, frente a 8% en los grupos G y H–K.
Las diferencias también aparecen al observar prácticas específicas. En tiendas y centros comerciales, 19% de quienes se ubicaron en el grupo A–E señaló que el personal de seguridad le siguió o acosó dentro del establecimiento, frente a 15% en el grupo H–K. Asimismo, 18% del primer grupo reportó que revisaron sus bolsas sin justificación, mientras que en el grupo H–K lo hizo 11%.
La escala de corporalidades revela patrones semejantes. En ciertas categorías, alrededor de 10% a 13% reportó haber sido seguido o acosado por personal de seguridad en tiendas; en otras, los porcentajes alcanzaron entre 19% y 21%.
Estas diferencias ayudan a entender por qué hablar de racismo, colorismo, gordofobia o gordoodio no consiste en imponer categorías teóricas sobre experiencias individuales. Significa identificar cómo determinadas características corporales influyen en quién genera sospecha, quién es vigilado, quién recibe un servicio de menor calidad y quién es tratado como si no perteneciera a un espacio.
Otra aportación central de la EDIS 2026 es su capacidad para cruzar variables.
Un porcentaje general puede indicar cuántas personas reportaron determinada experiencia, pero suele ocultar cómo se distribuye. El promedio no nos dice si una práctica afecta de manera distinta a mujeres y hombres, personas jóvenes y mayores, distintos tonos de piel o corporalidades, o personas indígenas, afrodescendientes, con discapacidad o pertenecientes a la diversidad sexual y de género.
El nuevo cuestionario permite relacionar cuatro dimensiones: quién experimenta la discriminación, cuál es el motivo asociado, en qué ámbito ocurre y mediante qué práctica se manifiesta.
Así, la EDIS no sólo informa que 29% de las personas experimentó alguna de las conductas exploradas en tiendas o centros comerciales durante el último año. Permite saber también que 20% de los hombres y 11% de las mujeres reportaron haber sido seguidos o acosados por personal de seguridad; que la misma experiencia fue reportada por 19% de las personas de 15 a 29 años y por 8% de quienes tienen 60 años o más; y que existen diferencias relacionadas con el tono de piel y la corporalidad.
No todos los subgrupos tienen un tamaño suficiente para realizar inferencias estadísticas. En esos casos, la información debe leerse como exploratoria, pero puede orientar futuras encuestas especializadas, investigaciones cualitativas y nuevas preguntas institucionales. Ése es precisamente el valor de este instrumento: no clausura la investigación, la abre.
Los resultados de la EDIS no fueron diseñados para evaluar la gestión del COPRED y no deben leerse como una calificación institucional. Sí permiten afirmar, sin embargo, que varias de las prioridades desarrolladas durante estos años respondían a problemas reales y extendidos en la vida de la ciudad.
Los datos sobre peso, estatura y corporalidad respaldan la necesidad de haber colocado el salutismo, la gordofobia y el gordoodio en la agenda pública. El Informe sobre discriminación por condición de salud y el trabajo posterior sobre corporalidades buscaron mostrar que el peso, la apariencia y el estado de salud pueden convertirse en criterios de exclusión en el empleo, los servicios y la atención médica.
Los resultados sobre tono de piel, vigilancia y revisión injustificada de pertenencias confirman también la importancia del trabajo realizado sobre racismo, colorismo y perfilamiento racial, incluida la Opinión Consultiva 01/2024. La encuesta muestra que el perfilamiento no es una discusión abstracta: se expresa en prácticas de sospecha, vigilancia y control distribuidas de manera desigual.
La información sobre tiendas, centros comerciales, restaurantes, bares y centros nocturnos respalda asimismo el trabajo preventivo con establecimientos mercantiles: diagnósticos, capacitación, vinculación con empresas y construcción de herramientas para evitar que la apariencia, el tono de piel, la discapacidad o la identidad de género determinen el acceso o la calidad de un servicio.
Durante estos años, el COPRED ha buscado conectar la atención de casos con la producción de conocimiento; el conocimiento con la construcción de criterios; y esos criterios con acciones de prevención, educación, incidencia y política pública. La EDIS fortalece ese proceso: permite contrastar lo que llega a los expedientes con lo que ocurre en una población más amplia y detectar experiencias que nunca llegan a convertirse en una denuncia.
La EDIS 2026 deja una nueva línea base y una capacidad analítica mucho mayor. Su valor, sin embargo, no se agotará en publicar resultados, elaborar gráficas o citar porcentajes.
La evidencia debe orientar el Programa para Prevenir y Eliminar la Discriminación, las estrategias educativas, la atención de casos, la incidencia legislativa, el trabajo con empresas y establecimientos y las futuras agendas de investigación.
También será indispensable garantizar las condiciones presupuestarias, técnicas y operativas para conservar la periodicidad y consistencia metodológica de la encuesta. La edición prevista originalmente para 2025 pudo concluirse en 2026 porque el COPRED distribuyó sus etapas de preparación y ejecución entre dos ejercicios presupuestales. Un instrumento estratégico para una ciudad de esta dimensión no debería depender de soluciones extraordinarias para realizarse.
La EDIS nos permite mirar la discriminación con mayor precisión. Nos dice cuánto ocurre, pero sobre todo comienza a mostrarnos a quién le ocurre, dónde y mediante qué prácticas.
Ésa es la diferencia entre acumular datos y producir conocimiento público. Y también es el punto de partida para transformar una experiencia individual de desigualdad en una responsabilidad colectiva e institucional.
Los resultados completos de la EDIS CDMX 2026 pueden consultarse aquí.
* Geraldina González de la Vega H. es presidenta del COPRED.