Duelo y realidad virtual

Redacción Animal Político · 7 de febrero de 2024

Duelo y realidad virtual

La inteligencia artificial y su aplicación en programas de realidad virtual han revolucionado nuestro modo de comprender el mundo, nuestras percepciones, emociones y sentimientos, incluso las experiencias más retadoras, como la pérdida de un ser querido.

Las imágenes de un programa de televisión coreano en las que una madre, mediante un programa de realidad virtual, es capaz de acariciar y dialogar con su hija fallecida a los siete años, comprueban que la tecnología, en sí misma, no es ni buena ni mala, sino que depende del uso y el enfoque que los seres humanos le demos. En las imágenes, la mamá usa gafas de realidad virtual y guantes táctiles; gracias a esto revive instantes con su hija y es capaz de acariciarla y de intercambiar algunas palabras con ella. Más allá de la lógica emoción del momento, este hecho levanta serios cuestionamientos sobre su funcionalidad real en los procesos de afrontamiento del duelo.

Revivir a un ser querido mediante un programa supervisado por psicólogos expertos puede ayudar a superar su pérdida, al encaminar a la persona viva a construir un diálogo con su ser querido para cerrar el círculo de su vida, ya sea dedicándole unas últimas palabras, abrazándolo una última vez, ofreciéndole una disculpa o preguntándole algo sobre lo que hay dudas. Pero hay que tener presentes dos cosas: 1) el propósito siempre deberá ser que la persona siga adelante con su duelo y acepte la pérdida de su ser querido y aprenda a vivir con ella, y 2) el avatar que se construye por medio de inteligencia artificial está basado en imágenes y relatos de sus familiares que reflejan su forma de pensar y de ser, sus gustos y preferencias, sus actividades cotidianas, su forma de vestir y de hablar, etcétera; estas descripciones sólo reflejan lo que las personas vivas narran del familiar fallecido; jamás podrán representarlo con autenticidad, siempre será una “copia” de él, pero no él mismo.

Es por esta última razón que los expertos y las intervenciones que se realicen con realidad virtual deberán ser debidamente supervisadas y acompañadas por expertos profesionales, que deriven la práctica y la recojan de manera adecuada para que no se genere la falsa creencia de que la persona fallecida siga viva; o de que siempre que se desee, bastará con ponerse las gafas de realidad virtual y entrar al programa para convivir con el ser querido que ha muerto. Ese no es ni debe ser nunca el propósito de la realidad virtual en procesos de duelo.

La tecnología avanza siempre más rápido que la reflexión ética; por esto hay que advertir que la primera, aunque a veces parezca lo contrario, no avanza por sí misma, sino por la inteligencia humana que la hace posible. Se ha definido la inteligencia artificial como aquella que emula procesos y actividades de la inteligencia humana y de ahí que se afirme que una máquina o un programa, aunque en rapidez supere a la mente humana, nunca podrá actuar por ella misma, sino por la programación y los algoritmos que una persona introdujo en ella y así siempre: detrás de una máquina estará una persona.

Esto es especialmente importante en aplicaciones como la que aquí mencionamos, que ayudan a las personas a superar las pérdidas de sus seres queridos, más no a mantenerlos vivos en un universo alterno donde se puede creer que siguen presentes.

La muerte es, quizá, uno de los acontecimientos más enigmáticos de la realidad humana y aunque existen distintas posturas frente a ella e intervienen corrientes espirituales diferentes en su entendimiento, en el plano espacio-temporal siempre representará el fin de una persona en su materialidad y en su biología. Por ello, es necesario que las prácticas que se realicen tengan claro el límite entre la realidad y la experiencia; es decir, entre el tiempo y el espacio en que la persona vive y se dispone a vivir una experiencia, y el que transcurre dentro de la experiencia de realidad virtual.

Una intervención antes de la preparación y fijación de objetivos y límites, y una posterior de recogimiento de experiencias, a la que se le ha llamado “debriefing”, son dinámicas que ayudan a dotar estas experiencias de un sentido positivo y constructivo de superación del duelo y no de perpetuación del dolor y de la pérdida.

Este modelo es usado en escenarios de simulación clínica, en entornos de aprendizaje, y ha dado excelentes resultados para manejar las emociones que se pueden vivir en escenarios y situaciones límite.

Este y muchos más son los usos que tiene la inteligencia artificial en nuestros días. Desde aplicaciones diseñadas para su fácil accesibilidad y uso en dispositivos móviles capaces de medir signos vitales, alertar a familiares y médicos de problemas médicos graves o urgencias, control de síntomas, administración de medicamentos, etcétera, hasta aplicaciones en la industria automotriz con automóviles que se manejan sin conductor, en la industria agropecuaria con sistemas de granjas y pastoreo inteligente, la inteligencia artificial brinda soluciones a problemas diversos y permite eficientizar resultados en un menor tiempo incrementando la productividad.

Sin embargo y a pesar de sus muchos beneficios, la inteligencia artificial comporta algunos desafíos éticos que, a pesar de contar ya con algunas regulaciones, siguen representando dilemas importantes como el que en este artículo se presenta acerca del duelo y otros tantos como el uso y gobernanza de datos personales y las políticas de confidencialidad que aún dejan lagunas en cuanto a su control, los posibles sesgos que  se presentan en los algoritmos con que los programas son diseñados y que pueden generar marginación o exclusión hacia determinados grupos sociales o individuos con ciertos rasgos físicos o étnicos, así como las fallas en sistemas de detección de objetivos militares en circunstancias de conflictos bélicos que terminan con la vida de cientos de inocentes.

Por lo anterior, no olvidemos que la tecnología siempre deberá estar al servicio de la persona y nunca creer que la supera o que es incontrolable. Si enfocamos los esfuerzos en que la ciencia avance para y por el bien de la persona y de la sociedad, siempre será un medio y nunca un fin en sí mismo.

Su aplicación en procesos de superación de duelos por pérdidas humanas, debidamente supervisadas por profesionales expertos, y llevadas a cabo mediante prácticas éticas y con objetivos específicos, es sólo una de las muchas maneras en que la inteligencia artificial y la realidad virtual pueden ayudarnos a superar los desafíos de estos tiempos.

* María Elizabeth de los Ríos Uriarte es profesora e investigadora del Instituto de Humanismo en Ciencias de la Salud, de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac, México. Es licenciada y doctora en Filosofía por la Universidad Iberoamericana y maestra en Bioética por la Universidad Anáhuac. Es Research scholar de la Cátedra Unesco en Bioética y Derechos Humanos.

 

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