Dos videos dos

blogeditor · 28 de octubre de 2013

Dos videos dos

Acontecimientos nada triviales, dignos de los anales del Homo Twitterus. Los protagonistas de nuestra primera historia visitaban el majestuoso Goblin Valley State Park en el estado de Utah, parte del intrincado sistema de parques protegidos que se remontan al año 1864 con Yosemite en California, luego Parque Nacional 10 años después (a contrapelo de lo que sucede con los nuestros, como el Nevado de Toluca venido a menos y degradado por la codicia). Con sus hoodoo, pirámides de tierra o chimeneas de hadas, presentes en distintos rincones del mundo y sedimentadas por el tiempo geológico del cual la ignorancia de ciertos sectores fundamentalistas en los Estados Unidos prefiere no dar cuenta.

Wikimedia, Parque Nacional de los Arcos, Utah
Wikimedia, Parque Nacional de los Arcos, Utah

 

Wikimedia, Cañón Bryce, Utah
Wikimedia, Cañón Bryce, Utah

En ocasiones, los relatos se concatenan solos frente a nuestros ojos. Caen, digamos, por su propio peso. Si de algo ha servido Internet es para enterarnos casi de inmediato de los avatares de la grandeza o estupidez humanas en sus distintos órdenes y jerarquías.

Para desgracia de tod@s nosotr@s, Glenn Taylor se inmortalizó desprendiendo mediante un tosco empujón la cúspide de uno de los hoodos de su lugar original.

Destrucción demasiado humana, por el puro gusto de poder hacerlo, en un abrir y cerrar de ojos

 

El parque Goblin (Duende, Trasgo) presume formaciones geológicas que se remontan al Jurásico tardío. Columnas que el tiempo cercano a la eternidad y los elementos viene tallando acompasadamente, de manera ininterrumpida, desde hace ciento sesenta o setenta millones de años.

La formación rocosa, antes de ser intervenida. Foto Fox, screenshot YouTube
La formación rocosa, antes de ser intervenida. Foto Fox, screenshot YouTube
Celebración. Foto NY Daily News, screenshot YouTube
Celebración. Foto NY Daily News, screenshot YouTube

 

Scifi Now. Mutantes, circa 1954
Scifi Now. Mutantes, circa 1954

 

Como si Taylor fuera King Kong o Godzilla y el sitio un plató o set en miniatura,  borroneó en cuestión de segundos la labor –para nosotros, hoy inconcebible- de eones enteros. La pesada roca rodó hasta reposar en la parte baja de la estribación donde se encontraba. Según esto, y de acuerdo a declaraciones a la prensa después del singular performance, lo hizo para ‘evitar el riesgo’ de que la piedra lastimara a algún niño explorador despistado que pasara por ahí.

Después surgieron noticias que mencionaban reclamos para recibir indemnización por ‘lesiones debilitadoras’ (sic), sostenidas según Taylor en un accidente de 2009, y que casan poco con la imagen suya empujando la estructura de marras e intercambiando jubilosos, efusivos high fives con sus acompañantes después de la ‘proeza’.

Estaban haciendo algo así como un servicio social desinteresado, dice Taylor; removiendo un ‘inminente peligro’ para los pequeños exploradores que se aventuraran en la zona. Por si llegasen a apoyarse para que no les cayera encima.

En realidad, sus excusas proferidas remiten a versiones contemporáneas de los Luddites cuyo blanco de sus ataques no son ya las maquinarias de antaño, sino el delicado engranaje de la Naturaleza misma. Han obtenido su lugar en una especie de posteridad maldita, nutrida por la poco acertada decisión de filmar la hazaña y compartirla en redes.

Nihilismo en Utah; misoginia y otras cosas igualmente reprobables, aquí. En otro contexto, contamos con políticos que pretenden ser tan ‘exóticos’ en su discurso, como cualquier tribu recóndita. El protagonista de nuestra segunda historia es Francisco Moreno Merino, fallido precandidato del PRI para una Senaduría en Morelos, quien no se queda demasiado atrás en su intención por rehacer -de su biografía y sus actos- un constante borrón y cuenta nueva.

Faltaban algunos meses antes de las elecciones federales de 2012. Era el 15 de marzo de ese año. El entonces diputado morelense y ex secretario del fósil sindical y sucesor de Fidel Velásquez al frente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Leonardo Rodríguez Alcaine (a) La Güera, reclamaba airadamente al director del ISSSTE, durante una comparecencia de este último. Lo hizo en estos inolvidables términos, infiriendo que para encabezar la dependencia no bastaba ser ‘buena persona’. Palabras textuales.

“No hay caballo fino que no tire a mula, ni mujer bonita que no llegue a ser meretriz, ni hombre bueno que no tire a penco”.

 

Flickr. Moreno Merino, apparatchik de prosapia. Alumno aventajado del charrismo más rancio; presunto compadre de Enrique Peña Nieto, y creador de flatulencias mentales (vulgo mindfarts en su acepción inglesa)
Flickr. Moreno Merino, apparatchik de prosapia. Alumno aventajado del charrismo más rancio; presunto compadre de Enrique Peña Nieto, y creador de flatulencias mentales (vulgo mindfarts en su acepción inglesa)

 

Lo bajaron de la candidatura por su partido a la Cámara Alta. El Comité Ejecutivo Nacional del partido calificó de inaceptable su expresión y puntualizó que no toleraría “actitudes ofensivas ni discriminatorias en contra de ningún segmento de la sociedad”.

¿Cuál fue el destino final –hasta el momento, por ahora- del impresentable trepador burocrático ‘Paco’ Moreno Merino? El presidente lo incorporó a su gabinete, apenas unos días después de su toma de posesión. Hoy es titular de la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa). Puesto para el cual el funcionario boquiflojo y camaleónico (como casi todos los de su especie), definitivamente no está calificado. Pero México continúa siendo fábrica inagotable de milusos, siempre y cuando éstos muestren férrea lealtad, disposición al servilismo abyecto y aguante sin freno.

Somos testigos del advenimiento de algo nueviejo, con el PRI instalado en el Poder Ejecutivo y no pocas gubernaturas de México. Quién quita y hasta puede contender por el Senado otra vez, cuando a la gente se le olvide (según cálculos de los tatamandones nacionales) sus ocurrencias pasadas.

El retrógrado procurador federal del medio ambiente Francisco Alejandro Moreno Merino, y sus añejos disparates.  

 

Quizá existan elementos adicionales en común entre el estropicio épico y sin sentido de los ex-boy scouts en UTA (ya expulsados de la agrupación y enfrentando cargos por determinarse) y la trayectoria en ascenso de Moreno Merino, versión local del vándalo Glenn Taylor, encorbatado y más misógino pero con mucho mejor futuro laboral. Energúmenos que cada uno en su esfera particular cierran la puerta al futuro generoso y civilizado.

Quedan para el testimonio de la triste historia y las redes sociales, estos dos paradigmas manifiestos de estulticia sin fondo.