blogeditor · 27 de julio de 2015
Si autoridades electorales y l@s guatemaltec@s en edad y disposición de votar no disponen otra cosa, Manuel Antonio Baldizón Méndez será el próximo presidente de Guatemala a partir de 2016 y hasta 2020.





¿Sería un indigno punto final a las movilizaciones populares contra el actual presidente y ex militar violador de Derechos Humanos Otto Pérez (alias Mayor Tito Arias, comandante del destacamento de Nebaj en el departamento de Quiché en 1982 durante la Guerra contra la población, y la puesta en marcha de estrategias de tierra quemada implementadas por gobierno militares genocidas), o casos como la renuncia de su vicepresidenta?


Baldizón es un joven empresario, cultivador –bananero y asiduo- de su insigne (para él, principalmente) personalidad. El Petén es su vaca de ordeña y territorio personal (donde cunde el narcotráfico y se afrontan deficientemente problemas gravísimos económicos y de inseguridad). Tránsfuga político y exitosísimo hombre de negocios, tildado como bandido, marero con tacuche [sic] e invasor de tierras que a los 45 años practica una variación del culto a su ilustrísima personalidad con calles, centros sociales y deportivos a su nombre o estatuas que ensalzan sus ‘logros’ en la provincia o departamento del que es parcial dueño y patrón indiscutible -a juzgar por la información recabada en medios independientes de ese país. Puntea en todas las encuestas; se encuentra en posición de ganar la presidencia negada en los comicios de 2011.

‘El Boulevard de cuatro carriles que conduce al aeropuerto de Petén lleva su nombre; cuenta con esfinges que llevan su imagen a cuerpo completo, y los principales centros deportivos y culturales de Petén han sido consagrados en su honor’.


La tradición reciente dicta que aquellos candidatos que quedaron segundos en la boleta anterior, triunfan en las elecciones subsiguientes. Así ocurrió con Otto Pérez y con sus antecesores en el cargo.
Baldizón refuerza sus discursos con guiños hacia la Biblia y la Constitución, que para él representan valores equivalentes, y se refiere siempre a sí mismo en tercera persona. Manuel Barquín, su candidato inicial a vicepresidente de la fórmula de Libertad Democrática Renovada (LIDER, fundada por Baldizón apenas en 2013) muy probablemente no contenderá, a diferencia del cacique al frente de la fórmula en las próximas elecciones.
Baldizón busca dar lustre a sus credenciales reaccionarias, imponiendo la pena de muerte; garantiza (¿lo hará mediante promesa firmada, ante notario?) que la Selección de Futbol jugará en un Mundial.
[contextly_sidebar id=”acotnkXjxQjjd8FqF7fUmzx0rxUl0u5Q”]Si obtiene el premio mayor, tendrá contrapesos tales como el ex magistrado colombiano Iván Velázquez, que actualmente encabeza la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), instancia auspiciada por la ONU que surge en diciembre del 2006 con la aprobación previa de los Poderes Judicial y Legislativo, y que contempla entre sus diversas funciones: ‘ … apoyar al Ministerio Publico, la Policía Nacional Civil y a otras instituciones del Estado tanto en la investigación de los delitos cometidos por integrantes de los cuerpos ilegales de seguridad y aparatos clandestinos de seguridad, como en general en las acciones que tiendan al desmantelamiento de estos grupos’. Gracias a CICIG, se sabe con certeza que el baldizonista Barquín participó, desde su puesto como presidente del Banco Central de Guatemala, en transacciones ilegales que podrían ascender a más de treinta y tres millones de dólares. Otros candidatos de este partido, entre los que se encuentran cuatro diputados y un alcalde (y que incluye al hermano de Barquín), también enfrentan los caminos -bastante menos torcidos que en México- de la ley.
El escándalo entraña un eslabón adicional en la cadena de abusos que parecen ser la regla en Guatemala, y que involucran a personajes como Roxana Baldetti, ex vicepresidenta acusada de operar una muy redituable red de sobornos en las aduanas que se vio obligada a renunciar hace poco, o a los protagonistas de adjudicaciones ilícitas de medicinas en el Instituto Guatemalteco de Seguro Social (¿suena familiar?) perpetrada por adalides de una clase política y empresarial igual de pútrida que la nuestra.
Nada que no suceda, en obscena demasía y aderazada con mecanismos que blindan la impunidad, en México.
Guatemala: Guatepeor. Un tramposo oligarca baladronero, Manuel Baldizón, podría suceder en la presidencia a un violador consuetudinario de los Derechos Humanos: el mal reciclado Otto Pérez Molina.
Pero a estas alturas, no es todavía seguro que exista vía libre para que el bribón llegue a ocupar la titularidad del Ejecutivo.
Tampoco, que se castigue a uno de los grandes asesinos de la historia reciente.


El Generalísimo José Efraín Ríos Montt fue y es, entre otras cosas, mandamás de facto durante dos de los peores años del conflicto armado en Guatemala. Genocida consumado, y ex presidente del Congreso. Padre de una candidata presidencial en los comicios de septiembre, que competirá contra Baldizón y un puñado de candidatos que incluyen a Silvia Torres, ex esposa del ex presidente Álvaro Colom, que obtuvo el divorcio de su cónyuge por así convenir a sus intereses electorales.





El fanático predicador Ríos Montt fue y es también exterminador de poblaciones enteras; destructor sistemático de sus viviendas, cosecha y animales, en un afán por borrar a lo que su casta verde olivo percibía como la insurgencia aniquilándolo todo; trasladando a la población campesina superviviente –según las ‘mejores practicas’ norteamericanas durante la Guerra de Vietnam (o británicas en la Guerra de los Boer, o españolas en Cuba 1898)- a aldeas modelo para extirpar, en vergonzosa jerga contemporánea, el virus de la subversión del cuerpo impoluto de la patria; multiplicando grupos paramilitares. Avalando el exterminio de civiles (niños, mujeres, ancianos) en pueblos mayas como Las Dos Erres, crímenes cuyos responsables –en algunos casos- ya fueron juzgados, aunque tarde, y condenados a purgar largas sentencias en la cárcel.

¿Finge demencia Ríos Montt, en un esfuerzo por eludir -en el ocaso de su vida- al Poder Judicial del que fue amo y señor durante su trágica gestión hace más de treinta años? El que se plantee abiertamente la cuestión, es un signo relativo de esperanza. Hay sectores críticos de Guatemala que exhiben signos de salud e independencia; no desmienten futuros complicados, pero sí perfilan tiempos mejores aunque prosperen baldizones infumables.
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Pasamos a Brasil, donde un sistema judicial en fase de franca autonomización parece estar cumpliendo (así sea parcialmente) sus funciones. Nos topamos allá con Doctrinador: justiciero peculiar. Veterano de fuerzas especiales que vio la luz y mudó de bando hacia los buenos. Emprende este sicópata vengador anónimo, con máscara antigas y uniforme indistinguible de los anarcos que pelearon en las calles contra fuerzas policiacas durante marchas, manifestaciones y disturbios recientes, una singular cruzada anticorrupción -sin boleto de regreso para sus víctimas- que abate irremisiblemente a cleptócratas venales a lo largo y ancho de Brasil.


Son fantasías de venganza colectiva reconcentradas con trazos de superhéroe de Marvel Comics, que abrevan del Caballero de la Noche y arquetipos góticos trasladados a la actualidad brasileña. Su creador se llama Luciano Cunha, ilustrador gráfico deseoso de compartir libremente su personaje, con quien quiera conocer sus desventuras.
El hartazgo de la ciudadanía brasileña ante una casta tan impresentable como la nuestra, pero con figuras de primera línea en prisión o esperando a ser procesadas, produce antihéroes que son juez, jurado y ejecutor en el imaginario colectivo, pero al mismo tiempo apuntan hacia cambios estructurales provechosos, renovaciones positivas, con visos de permanencia, que se antojan inconcebibles -cuando menos, hasta ahora– en nuestro país.
Aquí, en ese aspecto, sucede todo pero no pasa nada. Ni a aspirar a creíbles versiones autóctonas del Gatopardo (que cambia para dejar todo exactamente en su sitio, pero con maestría literaria y cinematográfica) nos alcanza. ¿Por qué habría de ser México igual que otros lados? ¿Seguiremos conformándonos con el errado Estado de Gracia diferente: La Gran Excepción Universal?