Dos Fotos

blogeditor · 5 de marzo de 2012

Dos Fotos


Al South Western Township, se le conoce como Soweto: inmenso asentamiento urbano aledaño a la ciudad de Johannesburgo en Sudáfrica. La fecha es miércoles 16 de junio de 1976. La imagen pinta de cuerpo entero una pesadilla atroz y perniciosa.

Son tres personas, todas jóvenes: niños. Uno es el que carga el cuerpo exánime del estudiante de 12 años al que la policía disparó durante la manifestación pacífica, convocada para protestar por el modelo educativo impuesto a la infancia y juventud negra por el gobierno para que la mitad de las clases se impartieran en Afrikáns, el idioma de los opresores.

Las fuerzas de seguridad empezaron a disparar cuando la marcha entonaba una canción: Nkosi Sikelel ‘iAfrica, que hoy es el himno nacional sudafricano.

La hermana de la víctima corre al lado del muchacho que lleva al niño que agoniza por la calle, con expresión desesperada y semblante descompuesto.  Se llama Antoinette, y tiene diecisiete años. Su hermano se llama Hector Pieterson. No llegará con vida al hospital al que lo llevan en un Volkswagen, porque las ambulancias sólo son para los blancos y estamos en tiempos canallas. Derechos elementales, se calibran de acuerdo a categorías raciales.

La segregación es la norma, y el voto exclusivo para ciudadanas boers e ingleses. La mayoría negra vive hacinada en miserables guetos como Soweto. No puede trabajar ni recorrer su propio país sin pases especiales expedidos por el gobierno. La discriminación es absoluta y sistemática: el entramado de leyes y normas excluyentes del Partido Nacional y el Estado sudafricano, que busca cancelar el futuro de la mayoría negra o reducirla a la subsistencia.

Es de suponerse que Mbuyisa Makhubu, de 18 años, acomoda como puede el cuerpo de Hector Pieterson en el auto con la esperanza de que reciba atención médica. De él sólo se sabrá que huye a Botswana y en 1978 se comunica desde Nigeria con su madre por última.

Cuando menos 600 personas mueren en distintas ciudades de Sudáfrica, después de la revuelta de Soweto. Será una batalla que perderá el antiguo régimen -en gran medida gracias al horror traducido por esa foto en todos los idiomas- aunque aún tengan que pasar catorce largos años para que Nelson Mandela abandone la cárcel y dieciocho para las primeras elecciones libres y democráticas en ese país.

La imagen icónica que le dará la vuelta al mundo fue tomada por un fotoperiodista llamado Sam Nzima, quien extrae el rollo incriminador de su cámara y lo esconde porque sabe que la policía le exigirá velar la secuencia que tomó de los niños huyendo de las balas.

Por amenazas directas en su contra después de su publicaciòn, deja de ejercer el oficio y tiene que inventarse una nueva vida con su familia, lejos de Johannesburgo.

Avanzan las tres figuras captadas por el lente de Nzima hacia una especie de inmortalidad. Hacia el eventual resquebrajamiento de un sistema en decadencia, que tardará en sobrevenir algo nuevo, pero no hay marcha atrás.

A unos cuantos metros de las calles de Moema y Vikalazi: el sitio exacto donde cayó Hector Pieterson, se ha construido un Memorial y Museo que lleva su nombre.


Una vez que obtiene el poder el Congreso Nacional Africano, cada 16 de junio se celebra en todo Sudáfrica el Día de la Juventud, como fecha oficial.

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Pasan casi 33 años para que esta foto sea tomada en Hermosillo, Sonora.

Estamos en México. Es el aciago viernes 5 de junio de 2009. Un infierno demasiado real, en el que se ha convertido el cruce de las calles Mecánicos y Ferrocarrileros, en la Colonia Y Griega de esa ciudad.

Una estancia infantil llamada Guardería ABC arde, con decenas de niñas y niños adentro. Los dueños son parientes de políticos y miembros de la aristocracia  local, y que incluyen a Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, prima de Margarita Zavala: esposa de Felipe Calderón. Funcionarios de gobierno. Herederos del incesto que existe entre empresa y servicio público, y que constituye la anormal normalidad en ésa y otras entidades desde tiempos inmemoriales. Familias acaparadoras de riqueza, para las cuales las guarderías privatizadas por el Seguro Social y asignadas directamente por el Seguro Social de Juan Molinar y Daniel Karam son un negocio redituable.

También eran tres. Una mujer que podría ser la madre de los dos niños que milagrosamente salieron con vida. La pequeña no debe de alcanzar los tres años. El niño que solloza, con quemaduras en el cuerpo. Dos sobrevivientes de una trampa mortal.

Murieron 49 bebés, y hubo más de cien lesionados con heridas físicas y sicológicas. Nada: nunca, volverá a ser lo mismo en el país a partir de ese momento.

La imagen retrata con toda claridad la más absoluta desolación, y prefigura la negligencia e impunidad oficiales que acompañarán a la tragedia desde ese momento.
Las omisiones y complicidades de funcionarios y dueños.

La pesadilla mexicana no termina. El lunes 5 de marzo de 2012 se cumplen mil cuatro días: 33 meses de luto y lucha.
Gracias a la incesante labor y compromiso que imprimen a su causa el Movimiento por la Justicia 5 de Junio; al apoyo de aliados clave y redes sociales, la Guardería ABC se convertirá pronto en un Memorial.

Se busca que con el Reglamento que debe publicarse después de la reciente aprobación de la Ley 5 de Junio o de Estancias Infantiles, no haya desenlaces como el de Hermosillo. El problema es que gobierno federal no da muestras de incorporar a la  propuesta, los aportes de los padres y expertos en la materia.

La Justicia sigue ausente. Marcia Gómez del Campo ha sido exonerada de todos los cargos que se le imputaban. Bours, Murrieta, Molinar, Karam, Padrés y muchos otras figuras intocables se pasean por los vericuetos burocráticos con soltura, y en entera libertad.

Los principales responsables siguen trabajando en el gobierno, premiados por su labor y cercanía con el titular del Poder Ejecutivo. También, a nivel local y estatal.

El poder legislativo decretó que el 5 de Junio es y será día de luto nacional.

En México las cosas cambian, para seguir igual. El gatopardismo que también campea en nuestras casas y escuelas, y que se esconde en los discursos y las buenas intenciones. Simulandia.

Y se acercan las elecciones. Vientos de involución, después de dos sexenios de incompetencia panista: estercolero de ineptitud y corrupción.

Podría ocurrir que retorne, por la puerta grande, el PRI al poder: las encuestas así lo indican. Toda proporción guardada: si eso sucede, volverán los mandamases que nos dejaron en la ruina. Versiones autóctonas de John Vorster, o P. W. Botha. Los acompañan sus epígonos más telegénicos y aventajados, veteranos del singular autoritarismo que a principios de siglo parecían destinados (acaso por un momento) a la cárcel y basurero de la Historia.

El PAN se encuentra en abismal bancarrota. La sui generis y maltrecha retacería del izquierda -desarticulada, dividida- tarda lo que parecen siglos en modernizar y autocriticarse. Tiene un larguísimo tramo que avanzar.

Quizá la estremecedora foto de los niños y la mujer en la ambulancia: emblema de indecible sufrimiento y tragedia que no termina, sirva para acelerar cambios irreversibles. Como fue el caso con la de la agonía y muerte de Hector Pieterson, en Sudáfrica.

Aunque trato de ser realista y no hacerme grandes o pequeñas ilusiones, no quisiera creer que el Retorno al Pasado será nuestro fatal destino colectivo.

Algo sí es seguro: mientras se siga posponiendo la Justicia en el caso de la Guardería ABC, no dejaremos de navegar como nación a la deriva.

Y fallarles a los niños de la foto, y a sus demás compañeritos.