Dos corazones en un hilo

blogeditor · 10 de junio de 2016

Dos corazones en un hilo

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“Va a llegar un día en que no va a quedar un solo mexicano o mexicana que no tenga una historia de terror que contar”, dijo Abraham Fraijo, papá de la Guardería ABC, de pie junto a uno de los padres de Ayotzinapa que vino a la Ciudad de México a marchar por los 49 bebés y a decirle: “Hermano Abraham, tu lucha es mi lucha”.

Se me hizo un nudo en la garganta. Recordé el nombre de una planta muy bonita que se llama “Dos corazones en un hilo”. Era eso lo que tenía ante mí. Pero no eran solo dos, éramos muchos los que sosteníamos las fotos de los nenes al pie del Ángel, bajo la lluvia… O pocos, según desde dónde se mire. Abraham lamentaba que fuéramos pocos. Que la sociedad aún no haya entendido que el apoyo a la causa ABC no es solamente un gesto humano, amoroso y solidario hacia ellos (lo cual, por sí solo valdría oro), sino una lucha por el bienestar de todas las niñas y niños que -por necesidades de los padres y madres trabajadores- deben hacer uso de guarderías. La tenacidad de padres, madres y activistas solidarios logró que se aprobara una ley –la ley 5 de junio- para la regulación y correcta supervisión de guarderías en el país, pero hay muchos estados que aún no la implementan. Niñas y niños siguen en riesgo. También ocurrió recientemente algo que ellos llaman “simulación de justicia”: La sentencia condenatoria contra ciertos eslabones débiles de la cadena de mando de la guardería pero, un vez más, dejando impunes a los negligentes, omisos y corruptos de alto nivel.

Han pasado siete años de que ocurrió el incendio. Siete años y muchas otras tragedias nacionales que nos han sacudido, aunque no lo suficiente para que estemos todas y todos en las calles, uniendo causas y fuerzas. ¿Se imaginan qué país seríamos si, por ejemplo, quienes defienden a los animales lucharan también por su propia raza, la humana?

Este es un buen inicio. Madres y padres de Ayotzinapa apoyando a madres y padres de la Guardería ABC y juntos levantando la voz por todas las personas desaparecidas y sus familias.

No dejo de preguntarme ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué fue lo que hicimos o dejamos de hacer nosotros -quienes nos creemos “los buenos”- que el mal ha podido propagarse así? ¿Dejamos de votar? ¿De ser solidarios? ¿Solo nos indignamos cuando nuestros intereses personales se ven afectados? ¿Estamos acaso esperando que llegue ese día, el que dice Abraham?”

Los Arieles

Hace un par de semanas fue la ceremonia de Los Arieles, nuestros premios para el cine nacional. Ese día también vi muchos corazones en un hilo y me alegró ser parte de esa comunidad contestataria, valiente, que no mira para otro lado cuando la realidad es dolorosa. Prácticamente todos los premiados hablaron con genuina preocupación por la situación actual del país y han hecho retratos y denuncias de los temas más sensibles a través de sus películas. Unos más afortunados que otros, pero todos están tratando de poner el dedo en la llaga, de generar conciencia, de propiciar una transformación profunda en el espectador. Lo mejor fue, sin duda, el discurso de Paul Leduc al recibir el Ariel de oro, por su trayectoria, en el que desenmascaró el discurso oficial sobre la “maravillosa” situación del cine mexicano en la actualidad. Cuestionó el proyecto de cinematografía por el que se está apostando y denunció que cuando logra hacerse cine de calidad y con un contenido social importante, triunfa en festivales internacionales pero, en México, no se ve.

Más corazones

Ojalá que el amor se propague, que la conciencia se expanda, que la alegría regrese a México, y que seamos muchos los corazones conectados y trabajando para ese fin.

 

@tiare_scanda